El Gobierno del Reino Unido ha presentado al mundo un documento que probablemente tendrá muchos seguidores, aunque ninguno de ellos lo admita públicamente. Su título oficial es Plan de Inversión en Defensa (DIP, por sus siglas en inglés) y establece el marco del gasto militar del país hasta el ejercicio fiscal de 2029, que concluye el 31 de marzo de 2030. En la práctica, son los fondos que financiarán el plan anunciado en junio del año pasado en la Revisión de la Defensa Estratégica , y que consiste en el mayor rearme del Reino Unido desde 1980, cuando Margaret Thatcher llegó al poder.
El Gobierno británico inyecta 17.400 millones de euros extra para transformar su ejército en una fuerza híbrida marcada por la inteligencia artificial y el fin de los tanques y destructores tradicionales
El Gobierno del Reino Unido ha presentado al mundo un documento que probablemente tendrá muchos seguidores, aunque ninguno de ellos lo admita públicamente. Su título oficial es Plan de Inversión en Defensa (DIP, por sus siglas en inglés) y establece el marco del gasto militar del país hasta el ejercicio fiscal de 2029, que concluye el 31 de marzo de 2030. En la práctica, son los fondos que financiarán el plan anunciado en junio del año pasado en la Revisión de la Defensa Estratégica , y que consiste en el mayor rearme del Reino Unido desde 1980, cuando Margaret Thatcher llegó al poder.
Pero la filosofía que sostiene al DIP recuerda, más bien, al castizo «hacer de la necesidad virtud» o al simple «Y esto, ¿quién lo paga?». Cuando se combinan nombre -lo oficial- y credo -lo filosófico- sale algo del estilo ‘seguir el ejemplo de la defensa de Ucrania e Irán porque es eficaz y es lo más que podemos permitirnos’.
El Gobierno del laborista Keir Starmer ha logrado arañar 15.000 millones de libras (17.400 millones de euros) extra para el DIP. Eso deja el gasto de Defensa británico para el periodo que va desde ahora hasta el 31 de marzo de 2030 en 298.000 millones de libras (346.000 millones de euros). El aumento, así pues, es del 5% en relación a los planes previos. Starmer lo ha hecho fundamentalmente recortando en un 1% anual la inversión de todos los Ministerios y, especialmente, de la ayuda al desarrollo. Todo ese ahorro irá a Defensa.
Con todo, los 15.000 millones son un 46% menos de lo que habían solicitado las Fuerzas Armadas. Y eso solo se ha conseguido tras una pelea monumental entre los ministerios del Tesoro, que decía que no había más dinero, y de Defensa, y que culminó con la dimisión, hace tres semanas, del titular de este último, John Healey. Aparte, las Fuerzas Armadas deberán recortar sus gastos en 10.700 millones de libras (12.400 millones de euros). Como ha dicho el propio Starmer al hacer público el DIP, su Gobierno ha tenido que tomar decisiones «duras pero necesarias». Entre ellas, suspender planes de construcción de autovías, según informaba el diario Financial Times.
Aun así, los números no cuadran. Reino Unido, que es después de EEUU y Polonia el país de gran tamaño que más gasta en Defensa de la Alianza, destina en la actualidad el 2,6% del PIB a Defensa. Con los nuevos 15.000 millones de libras, solo llegará al 2,7% al año fiscal de 2029. Eso significa que para Londres – al igual que para la práctica totalidad de los países de la OTAN – va a ser muy difícil llegar al 3,5% del PIB de gasto militar en 2035, tal y como se pactó el año pasado en la cumbre de la OTAN de la Haya.
El resultado es unas Fuerzas Armadas más flexibles, basadas en drones e Inteligencia Artificial (IA), y el abandono explícito -o relegación a un segundo plano- de las clásicas plataformas de combate, como los tanques o los destructores, mientras la ‘parte del león’ (la que se hace con la mayor proporción) se la lleva la disuasión nuclear británica, ahora en submarinos y, en unos siete u ocho años, también en aviones. No fue por casualidad que Starmer haya anunciado el plan, que aún no está totalmente cerrado y puede ser objeto de ajustes de última hora, especialmente cuando llegue el sucesor de Starmer, Andy Burnham, en tres semanas, en la planta de fabricación de drones de la empresa Malloy Aeronautics
El giro a la tecnología se refleja en el aumento de la inversión en integración de drones y otros vehículos no tripulados en las Fuerzas Armadas, que se llevará 5.000 millones de libras (5.800 millones de euros) en los próximos cuatro años. De hecho, los ejércitos británicos pasarán a ser híbridos, o sea, una combinación entre nuevas tecnologías que no necesitan a seres humanos y las más tradicionales. Eso revela que la transformación no solo ha sido dura para el Gobierno, como ha dicho Starmer, sino también para los generales que ven cómo pierden importancia las armas tradicionales, con las que han hecho sus carreras, como tanques o destructores.
Acaso el caso de esos navíos sea el mejor ejemplo. En 1894, con la entrada en servicio del Havock, la Armada británica fue la segunda del mundo en contar con destructores, después de la Marina de Guerra de España (aunque ellos dicen lo contrario). Ahora, cuenta con seis. Pero el DIP decide que cuando el último de ellos sea jubilado en 2038, no habrá una nueva generación de barcos de ese tipo que los reemplace.
En su lugar, este programa ha presentado un concepto: la Nave de Combate Común (CCV, por sus siglas en inglés). Será un barco más pequeño, con menos tripulación y, sobre todo, más barato que un destructor, que incorporará todas las señas de identidad de las armas de la próxima década, como drones, IA, sensores, integración con otras naves (tripuladas o no) y estructura modular.
En teoría, ese es el futuro. Los módulos significan que los CCV podrán ser readaptados para diferentes misiones simplemente a base de quitarles unas piezas y ponerles otras. En la práctica, sin embargo, los únicos barcos de guerra modulares que navegan por el mundo son los Littoral estadounidenses que han sido más bien un desastre absoluto, porque una cosa es cambiar los módulos y otra que éstos se integren entre sí, o que las tripulaciones sepan cómo manejarlos.
En otros casos, la defensa híbrida es carísima. Es el ejemplo del cazabombardero Tempest, desarrollado conjuntamente con Italia y Japón, para el que van 8.600 millones de libras, y que operará con drones autónomos. Aunque lo que se lleva la ‘parte del león’ es la disuasión nuclear. De los 298.000 millones de libras, casi la cuarta parte van a esas armas.
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