<p>La carrera contrarreloj la ganó Estados Unidos. En una operación audaz y arriesgada, más allá de las líneas enemigas, varios cuerpos de las fuerzas especiales consiguieron llegar antes al segundo tripulante del cazabombardero F15. Además, lograron <strong>sacarlo de una zona montañosa de Irán</strong>, a unos kilómetros de donde cayó después de eyectarse junto a su piloto el pasado viernes, y hacerlo con seguridad pese a sus heridas. Sin duda, alguien convertirá su peripecia en una película de acción. Altos mandos militares estadounidenses describieron esta operación de rescate como <strong>»una de las más complejas y difíciles en la historia de las operaciones especiales»</strong>.</p>
El tripulante, un coronel oficial de armamento, estuvo escapando de sus perseguidores iraníes durante dos días a pesar de estaba herido
La carrera contrarreloj la ganó Estados Unidos. En una operación audaz y arriesgada, más allá de las líneas enemigas, varios cuerpos de las fuerzas especiales consiguieron llegar antes al segundo tripulante del cazabombardero F15. Además, lograron sacarlo de una zona montañosa de Irán, a unos kilómetros de donde cayó después de eyectarse junto a su piloto el pasado viernes, y hacerlo con seguridad pese a sus heridas. Sin duda, alguien convertirá su peripecia en una película de acción. Altos mandos militares estadounidenses describieron esta operación de rescate como «una de las más complejas y difíciles en la historia de las operaciones especiales».
La comunicación oficial llegó cuando este segundo tripulante del F15 ya estaba a salvo en una base de EEUU. Cientos de efectivos de fuerzas especiales, decenas de aviones de guerra y helicópteros estadounidenses, así como miembros de Inteligencia cibernética y espacial manejando drones espía y de ataque, fueron capaces de localizar al miembro de la tripulación desaparecido. Este ejemplar de F15, que hizo su primer vuelo en 1986, no es ni mucho menos el más moderno del arsenal estadounidense, ni posee características furtivas como sí tiene el F35.
El diario The Wall Street Journal asegura que la CIA lanzó horas antes una campaña de engaño difundiendo dentro de Irán la idea de que las fuerzas estadounidenses ya lo habían encontrado y lo estaban trasladando por tierra para su extracción del país. El objetivo era desmotivar a sus perseguidores. Entonces procedieron con la misión real. Según varios analistas OSINT (Open Source Intelligence, es decir, inteligencia obtenida a partir de fuentes abiertas), la localización del lugar está a unos 50 kilómetros de la ciudad iraní de Isfahan, un importante nodo militar iraní.
El tripulante, un coronel oficial de armamento, había estado evadiéndose de sus perseguidores iraníes como marca su entrenamiento durante dos días a pesar de estaba herido, sin que haya trascendido qué tipo de heridas tenía. El militar ascendió un total de 2.700 metros y, cuando estuvo en lo alto de la cresta, contactó mediante un sistema de radio con sus rescatadores. Fue entonces cuando al fin pudieron localizarle, ya que la baliza que lleva por defecto en su traje de vuelo no debió emitir su posición por GPS codificado, algo que sí sucedió con su compañero. La aviación estadounidense creó entonces un perímetro de seguridad y llevó a cabo ataques contra columnas iraníes para impedir que se acercaran a la ubicación del tripulante, que se refugió en una grieta de la montaña.
Durante 48 horas estuvo buscado por estos milicianos iraníes de la Guardia Revolucionaria por los caminos de montañas hasta que fueron eliminados por drones MQ-9 Reaper, con visión nocturna y termal, una ventaja tecnológica importante sobre las fuerzas iraníes, por eso Estados Unidos puso en marcha las dos operaciones de rescate en horas nocturas, ya que es muy superior tecnológicamente a sus enemigos de Irán.
Las fuerzas estadounidenses convergieron sobre el aviador derribado en un helicóptero. Era un equipo Seal de la marina de EEUU, especializado en infiltraciones más allá de las líneas enemigas, célebres por haber liquidado en 2011 al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, en su escondite de Abbottabad, en Paquistán. Entonces lanzaron una intensa lluvia de fuego de cobertura hacia las posiciones de los iraníes. Según fuentes locales, tres miembros de la Guardia Revolucionaria murieron en ese momento.
Este helicóptero los llevó a todos de inmediato a una vieja instalación militar iraní con pistas de aterrizaje a unos ocho kilómetros de distancia de allí, el lugar perfecto para la extracción. Dos aviones de transporte HC-130J Combat King II aterrizaron en esas pistas para sacar de Irán al tripulante, pero ambos aparatos quedaron con las ruedas hundidas en una zona arenosa, lo que indica que hacía tiempo que esa instalación estaba abandonada. Los jefes de misión decidieron volarlos para que no cayeran en manos del enemigo y solicitaron otros tres nuevos aviones más ligeros para poder aterrizar en el mismo lugar y completar la misión con cero bajas.
La operación ha costado más de 300 millones de dólares porque los estadounidenses tuvieron que abandonar los dos aviones C-130 atascados y cuatro helicópteros MH-6 Little Bird. La Fuerza Aérea de EEUU tuvo que usar varias bombas para destruir todas las aeronaves que habían abandonado en esa pista de aterrizaje. Además, los iraníes derribaron dos drones MQ-9 Reaper. Pero el coste de perder a los dos tripulantes del F15 hubiera sido mucho mayor. Sobre el lugar quedaron, desparramados, los restos de todas las aeronaves abandonadas y calcinadas.
El presidente Donald Trump escribió entonces en su red social Truth: «LO CONSEGUIMOS! Lo tenemos, compatriotas. En las últimas horas, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos llevaron a cabo una de las operaciones de búsqueda y rescate más audaces de la historia de EEUU, para rescatar a uno de nuestros increíbles oficiales de la tripulación, quien además es un coronel muy respetado, y me complace informarles que se encuentra SANO Y SALVO». Trump también añadió más detalles sobre el rescate, describiendo al miembro de la tripulación del F-15 como «gravemente herido y valiente». El oficial había sido rescatado en un «ejemplo de incursión que rara vez se intenta debido al peligro que supone para el personal y el equipo».
Con esta operación, Estados Unidos se apunta un tanto considerable, ya que en 48 horas ha conseguido rescatar con vida a tres tripulantes abatidos por fuego enemigo, dos en el F15 y otro en un A-10 derribado también el viernes. Además, ha evitado su captura y el uso propagandístico y negociador de estos tripulantes como rehenes en manos del régimen de Irán.
Sin embargo, las fuerzas iraníes cuestionan el éxito de la operación y aseguran que fueron alcanzadas cuatro aeronaves estadounidenses. «En evaluaciones complementarias realizadas por expertos en el lugar se determinó que dos aviones de transporte militar C-130 y dos helicópteros Black Hawk del Ejército estadounidense fueron destruidos», aseguró el portavoz del Cuartel General Central Jatam al-Anbiya, el coronel Ebrahim Zolfagari, quien dijo que la operación estadounidense para rescatar a su piloto terminó en un «fracaso total», según informó la agencia Tasnim.
El portavoz describió la operación como «planificada como una misión (…) de exfiltración en un aeropuerto abandonado en el sur de Isfahán» e indicó que fue repelida mediante una acción conjunta de la Guardia Revolucionaria, el Ejército, la milicia Basij y las fuerzas de seguridad.
Por su parte, la Guardia Revolucionaria dijo en un comunicado que las aeronaves fueron destruidas durante la operación y calificó el episodio como una «nueva derrota humillante» para Estados Unidos. Donald Trump tiene prevista una rueda de prensa y es posible que hable en presencia de estos dos militares estadounidenses rescatados, lo que terminaría de tumbar la versión ofrecida por los iraníes.
Esta operación, exitosa a pesar de la pérdida de aviones y helicópteros, resulta también una venganza de EEUU sobre la derrota durante la misión Eagle Claw durante la crisis de los rehenes de 1979. Aquel plan también era complejo: los helicópteros debían despegar desde un portaaviones en el Golfo de Omán, encontrarse con aviones de transporte en un punto secreto del desierto iraní conocido como Desert One, repostar, avanzar hacia Teherán y, tras una operación nocturna de fuerzas especiales, evacuar a los rehenes.
La misión fracasó antes siquiera de llegar a la capital. Varios helicópteros sufrieron averías mecánicas y otros quedaron inutilizados por una tormenta de arena, lo que redujo el número de aparatos por debajo del mínimo necesario para continuar. Cuando se decidió abortar la operación, el caos logístico provocó una colisión entre un helicóptero y un avión cisterna C-130 durante la retirada, causando la muerte de ocho militares estadounidenses. Esta operación pone el cierre a aquella humillación.
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