<p>En la cuenta atrás para el histórico y comprometedor <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2026/03/31/69cbb80ee9cf4afe2d8b45bc.html» target=»_blank»>viaje de Estado de Carlos III a EEUU</a>, otro monarca europeo tiene previsto adelantarse y tratar de cortejar a <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2026/04/02/69ce8061e4d4d8935a8b4589.html» target=»_blank»>Donald Trump </a>en sus dominios. Y es que entre el 13 y el 15 de abril, el <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2022/12/17/639c82acfc6c83ae3a8b45c7.html» target=»_blank»>rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos</a>, junto a su esposa, la <a href=»https://www.elmundo.es/loc/famosos/2023/05/01/644ba2ca21efa007388b4593.html» target=»_blank»>reina Máxima</a>, va a cruzar también el charco para protagonizar una importante visita de carácter sobre todo económico, que llevará a la pareja real hasta Filadelfia, Washington D.C. y Miami. El objetivo es el relanzamiento de las relaciones bilaterales fundamentalmente en materia empresarial. La visita a Florida también se centra en los sólidos lazos con la parte caribeña del Reino de los Países Bajos. Estados Unidos es el socio comercial más importante de<strong> Aruba</strong>, <strong>Curazao </strong>y Sint Maarten, y Florida (en particular Miami) funciona como el principal centro de tránsito y comercio hacia Estados Unidos y Latinoamérica.</p>
Los monarcas pernoctarán en la residencia del presidente de EEUU durante su viaje de mediados de abril, una ocasión única que refuerza a Ámsterdam como socio privilegiado de Washington
En la cuenta atrás para el histórico y comprometedor viaje de Estado de Carlos III a EEUU, otro monarca europeo tiene previsto adelantarse y tratar de cortejar a Donald Trump en sus dominios. Y es que entre el 13 y el 15 de abril, el rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos, junto a su esposa, la reina Máxima, va a cruzar también el charco para protagonizar una importante visita de carácter sobre todo económico, que llevará a la pareja real hasta Filadelfia, Washington D.C. y Miami. El objetivo es el relanzamiento de las relaciones bilaterales fundamentalmente en materia empresarial. La visita a Florida también se centra en los sólidos lazos con la parte caribeña del Reino de los Países Bajos. Estados Unidos es el socio comercial más importante de Aruba, Curazao y Sint Maarten, y Florida (en particular Miami) funciona como el principal centro de tránsito y comercio hacia Estados Unidos y Latinoamérica.
Sin embargo, el viaje se ha tornado de pronto en uno de los más relevantes desde que Guillermo Alejandro asumió el trono en 2013, ya que se ha anunciado un gesto de cortesía más que significativo por parte de Trump hacia los monarcas neerlandeses, que supone una oportunidad de oro para los Países Bajos de afianzarse como uno de los socios de Europa más estrechos de la actual Administración estadounidense. Guillermo Alejandro y Máxima no sólo serán recibidos por Trump y mantendrán con él una cena oficial, sino que pernoctarán en la misma Casa Blanca. La invitación es del todo inusual y más llamativa aún si se tiene en cuenta que los soberanos neerlandeses no acuden a EEUU en visita de Estado -sino que lo hacen en una «de trabajo»-, que es el máximo nivel de los viajes que pueden realizar los mandatarios conforme a los usos y costumbres de la alta diplomacia global.
Los medios de Países Bajos no han dudado en calificar de «fiesta de pijamas» la excepcional velada que van a compartir los Orange y los Trump en Washington D.C. Y, junto a la ironía, igual que le está sucediendo a Carlos III en el Reino Unido, crecen las críticas al desplazamiento de los reyes en el actual contexto, marcado por la guerra en Irán y con un Trump entregado en cuerpo y alma a lanzar críticas furibundas contra la OTAN y contra la decadente Europa. De ahí que los analistas políticos de Países Bajos subrayen que «la visita de trabajo más comentada de la historia», como la ha denominado la televisión pública nacional, obligue a los reyes a hilar muy fino y a extender todas sus dotes diplomáticas a la máxima potencia. Pero, a la vez, se destaca que el privilegio de dormir en la Casa Blanca al alcance de contadísimos mandatarios internacionales es un verdadero puntazo para la política exterior de Ámsterdam.
El debate está servido. Una campaña ciudadana lleva recabando firmas desde mediados de marzo con la petición de «detener el viaje a EEUU de los reyes», que se quiere remitir a la Cámara Baja del Parlamento. Pero los partidos que conforman la actual coalición gobernante en Países Bajos han defendido la visita, con el argumento de que «es costumbre y buena educación aceptar cualquier invitación de un país aliado» y de que es una gran ocasión para fortalecer los lazos históricos entre el reino y los Estados Unidos, en el 250º aniversario de su independencia. El profesor de Derecho Constitucional Wim Coermans afirmaba días atrás en el medio NOS que la cancelación de la visita sería un desastre: «La Casa Blanca se pondría furiosa y tanto los Países Bajos como la Unión Europea podrían sufrir las consecuencias».
Hay otro motivo más para la enorme expectación ante este viaje. Y es que Guillermo Alejandro y Máxima van a estar acompañados en Washington D.C. por el primer ministro, el recién elegido Rob Jetten. El dirigente, del que se sigue destacando su condición de homosexual dado que por desgracia aún llama la atención que un gay o una lesbiana encabecen un Gobierno, es un mandatario progresista y profundamente europeo. Sus políticas y convicciones están, desde luego, en las antípodas de lo que predica Donald Trump.
Claro que los ojos del mandatario norteamericano en este caso no estarán puestos en él, sino en sus huéspedes reales. Y es que Trump tiene una gran sintonía con Guillermo Alejandro y se podría decir que incluso más con la reina Máxima, quien, con su carisma y sus dotes diplomáticas, se ha metido al republicano en el bolsillo.
Así se comprobó el pasado junio, durante la Cumbre de la OTAN que se celebró en La Haya, con los monarcas neerlandeses como anfitriones. La recepción oficial tuvo lugar en el Palacio Huis ten Bosch, residencia oficial de los soberanos. Y se hicieron virales las imágenes del recibimiento de Guillermo Alejandro y Máxima a Trump, junto al resto de líderes de los países que integran la Alianza Atlántica, porque en un vídeo parecía que la reina imitaba, campanuda, al norteamericano y que se burlaba de él. En realidad, lo que hizo Máxima, como es su costumbre, fue exhibir su campechanía, naturalidad y magnetismo, que dejó completamente cautivado a Trump, quien tras la Cumbre se deshizo en elogios hacia los monarcas neerlandeses. Estos jugaron muy bien sus cartas. E instaron al rey de reyes a hospedarse aquella noche en el mismo Palacio Huis ten Bosch, cosa que él hizo encantado, en vez de irse a dormir a un hotel de la ciudad de Noordwijk, tal y como estaba previsto.
Donald Trump disfrutó enormemente de su desayuno con los reyes. El presidente estadounidense describió a la pareja real como «personas bellas y espectaculares», en su cuenta en la red Truth Social.
Ahora Trump les devuelve a los reyes la deferencia. «Con una cena y una noche de alojamiento, el ambiente se vuelve más íntimo y, precisamente por eso, más tenso. Cuanto más cerca se sientan, menos espacio habrá para la diplomacia a distancia. Ahí reside precisamente el riesgo de esta visita«, destacaba ayer en un artículo de prensa la experta en realeza neerlandesa Justine Marcella.
Pero, como dijo el mismo Guillermo Alejandro tirando de pragmatismo, «no podemos limitar las visitas sólo a aquellos países que mantienen relaciones perfectas con Países Bajos. De lo contrario, no visitaríamos muchos».
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