Histórica reunión en Pekín entre Xi Jinping y la líder de la oposición de Taiwan

<p>Los nacionalistas del <strong>Kuomintang (KMT)</strong> gobernaron <strong>China</strong> hasta su huida a <strong>Taiwan</strong> tras perder la guerra civil contra los revolucionarios del <strong>Partido Comunista</strong> en 1949. La enemistad perduró durante décadas. Tras la democratización taiwanesa, la formación exiliada renunció en 1991 a la reconquista del continente por la fuerza. Con el paso de los años, la explosión económica de China y el estancamiento de <strong>Taipei</strong>, ambos lados del estrecho fueron acercándose, con <strong>Pekín</strong> expandiendo el comercio, turismo y transporte durante el último mandato del KMT, de 2008 a 2016. Ahora, ironías del destino, el régimen de <strong>Xi Jinping</strong> entiende que este partido, líder de la oposición en una isla que de facto funciona como un país independiente, es la única vía hacia la ansiada «reunificación» pacífica.</p>

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 China explora en la oposición taiwanesa una vía pacífica para su ansiada «reunificación» mientras el estrecho de Taiwan mantiene la alerta por la amenaza militar  

Los nacionalistas del Kuomintang (KMT) gobernaron China hasta su huida a Taiwan tras perder la guerra civil contra los revolucionarios del Partido Comunista en 1949. La enemistad perduró durante décadas. Tras la democratización taiwanesa, la formación exiliada renunció en 1991 a la reconquista del continente por la fuerza. Con el paso de los años, la explosión económica de China y el estancamiento de Taipei, ambos lados del estrecho fueron acercándose, con Pekín expandiendo el comercio, turismo y transporte durante el último mandato del KMT, de 2008 a 2016. Ahora, ironías del destino, el régimen de Xi Jinping entiende que este partido, líder de la oposición en una isla que de facto funciona como un país independiente, es la única vía hacia la ansiada «reunificación» pacífica.

Es en ese contexto donde cobra sentido la visita a Pekín de Cheng Li-wun, nueva presidenta del KMT, y la reunión celebrada este viernes con Xi Jinping. Más que un gesto protocolario, el encuentro tiene un profundo valor simbólico y estratégico. Desde 2016, ningún dirigente de peso del partido había pisado la capital china, y su viaje se produce con las tensiones en el estrecho de fondo, con maniobras militares chinas y un endurecimiento del discurso soberanista en Taiwan.

«Los compatriotas de ambos bandos son chinos, y necesitamos paz, necesitamos desarrollo, necesitamos comunicación y necesitamos cooperación. Este es un deseo común», le dijo Xi a Cheng al comienzo de la reunión. «La tendencia histórica de que los compatriotas se acerquen y se unan no cambiará; es una certeza de la historia, y tenemos plena confianza en ello», dijo Xi al comienzo.

Cheng presentó la visita como un intento de «sembrar las semillas de la paz», una formulación que refleja el delicado equilibrio que intenta sostener: acercarse a Pekín sin alienar a una sociedad taiwanesa cada vez más recelosa de la influencia china.

A sus 56 años, la dirigente encarna la evolución pragmática del KMT, que ha pasado de reivindicar una identidad china compartida a defender el statu quo: ni independencia formal ni unificación inmediata, sino estabilidad, comercio y canales de diálogo abiertos.

Xi Jinping, por su parte, volvió a desplegar lo que algunos expertos llaman «su narrativa histórica de inevitabilidad». En su encuentro con Cheng, insistió en que «la gran tendencia del rejuvenecimiento de la nación china no cambiará», una frase cargada de significado político.

Para Pekín, Taiwan no es solo una cuestión territorial, sino una pieza central en el relato del ascenso nacional y la superación del «siglo de humillación». Sin embargo, el líder chino también dejó espacio para la ambigüedad táctica al hablar de «reforzar los intercambios y el diálogo» con todos los partidos taiwaneses, señalando implícitamente al KMT como interlocutor preferente.

Ese cálculo no es casual. Ante un gobierno en Taipei liderado por Lai Ching-te, del Partido Democrático Popular (PDP), al que Pekín califica de «separatista», el KMT se presenta como la única fuerza política con la que China puede mantener un canal político viable. Para el régimen, apoyar indirectamente a este partido no solo sirve para aislar al PDP, sino también para proyectar la imagen de que la «reunificación» puede lograrse sin recurrir a la fuerza.

En una rueda de prensa posterior a la reunión, Cheng declaró que si el KMT llegara al poder en Taiwan, le gustaría «invitar a Xi». Las próximas elecciones generales en la isla se celebrarán en 2028.

Durante su viaje, que incluyó paradas en las ciudades de Shanghai y Nanjing—esta última, antigua capital nacionalista—, Cheng insistió en que Taiwan no debe convertirse en un «peón geopolítico». La frase apunta tanto a Pekín como a Washington. Estados Unidos sigue siendo el principal garante de la seguridad de la isla, pero su creciente implicación también alimenta el temor a que Taiwan quede atrapada en la rivalidad entre grandes potencias.

En Taiwan, donde las encuestas muestran un aumento sostenido de la identidad propia y un apoyo significativo a una eventual independencia, el viaje ha sido percibido por muchos como una concesión peligrosa. En Washington, el movimiento se observa con cautela, especialmente en un momento en que el KMT bloquea incrementos del gasto militar destinados a reforzar la capacidad defensiva de la isla.

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