Los países del Golfo endurecen el tono con Irán: «Jamás nos dejaremos chantajear por terroristas»

<p><a href=»https://www.elmundo.es/internacional/guerra-iran.html» target=»_blank»>La guerra en Oriente Próximo</a> entra en su cuarta semana y lo hace bajo grandes tormentas eléctricas en el Golfo Pérsico. Después de sufrir los bombardeos de Estados Unidos e Israel, <strong>quizá al régimen de Irán no le quede ni un avión que vuele ni un barco que flote, pero su ejército sigue en pie</strong>, con capacidad para lanzar cientos de drones y misiles cada día y condicionar la economía global. Los ayatolás han lanzado a Emiratos Árabes Unidos más de 1.500 drones y casi 400 misiles balísticos desde que comenzó este desastre. El 90% de ellos, una tasa altísima que habla muy bien de sus defensas antiaéreas, han sido derribados.</p>

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 Las monarquías cambian su neutralidad por un alineamiento con Estados Unidos, al que piden que termine con la amenaza del régimen de Teherán  

La guerra en Oriente Próximo entra en su cuarta semana y lo hace bajo grandes tormentas eléctricas en el Golfo Pérsico. Después de sufrir los bombardeos de Estados Unidos e Israel, quizá al régimen de Irán no le quede ni un avión que vuele ni un barco que flote, pero su ejército sigue en pie, con capacidad para lanzar cientos de drones y misiles cada día y condicionar la economía global. Los ayatolás han lanzado a Emiratos Árabes Unidos más de 1.500 drones y casi 400 misiles balísticos desde que comenzó este desastre. El 90% de ellos, una tasa altísima que habla muy bien de sus defensas antiaéreas, han sido derribados.

Las monarquías del Golfo han pasado en pocos días de una neutralidad incómoda a una posición de alineamiento tácito con Estados Unidos, empujadas por una realidad nueva: los ataques iraníes han dejado de ser indirectos para convertirse en amenazas directas sobre su territorio, sus infraestructuras y su modelo económico. Cada vez que Trump ha amenazado a Irán, después Teherán ha devuelto las amenazas, precisamente a los países del Golfo Pérsico, ya sea señalando sus instalaciones petrolíferas o sus vitales desaladoras.

Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí o Qatar han endurecido el tono, denunciando una violación de su soberanía y reforzando sus sistemas de defensa, al tiempo que intensifican la coordinación con Washington, aunque oficialmente no se han unido a ninguna coalición para romper el bloque iraní del Estrecho de Ormuz. El mensaje de fondo ha cambiado: ya no se trata sólo de evitar la guerra, sino también de reducir la capacidad de Irán para proyectar esa amenaza en el futuro.

Sin embargo, ese endurecimiento tiene límites muy claros. Ninguno de estos países quiere cruzar la línea hacia una confrontación abierta que podría convertirlos en el principal campo de batalla del conflicto. Es lógico: todos ellos tienen miedo de que el régimen de Irán sobreviva y extienda sus ataques sobre ellos, lo que puede suponer un enorme problema para su economía. Su estrategia sigue siendo la misma en esencia, aunque más tensa: apoyar indirectamente la presión sobre Irán mientras intentan contener la escalada en su propio territorio. Es un equilibrio frágil entre disuasión y prudencia, en el que el Golfo busca ganar seguridad sin asumir el coste total de la guerra, consciente de que una implicación directa pondría en riesgo no sólo su estabilidad, sino el corazón de su prosperidad económica.

Irán lanza una nueva oleada de misiles contra Israel y los estados árabes del GolfoE.M

La guerra está cambiando toda la arquitectura diplomática del Golfo Pérsico, especialmente por los ataques iraníes contra países que no los habían atacado a ellos antes, como Emiratos, Qatar, Bahrein o Kuwait. En una declaración sorprendente, el ministro de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, Abdullah bin Zayed, aseguró: «Jamás nos dejaremos chantajear por terroristas».

El ministro de Exteriores de Arabia Saudí, Faisal bin Farhan al Saud, ha denunciado los ataques iraníes como una «agresión inaceptable que amenaza la estabilidad de toda la región», insistiendo en que Riad se reserva el derecho a defender su territorio, pero subrayando al mismo tiempo la necesidad de evitar una escalada total. En una línea similar, el rey de Bahrein, Hamad bin Isa al Khalifa, ha advertido de que su país «no tolerará ataques contra su soberanía ni contra la seguridad de sus ciudadanos», reforzando la cooperación militar con aliados occidentales.

Desde Qatar, el Ministerio de Exteriores -bajo la dirección de Mohamed al Thani- ha calificado los ataques como «una grave violación del derecho internacional», aunque Doha mantiene su tradicional papel de mediador y ha pedido simultáneamente contención a todas las partes. Más significativo aún es el caso de Kuwait, que ha recibido numerosos ataques en su infraestructura petrolífera y cuyo Gobierno ha condenado los ataques como «una escalada peligrosa que pone en riesgo la seguridad colectiva del Golfo», al tiempo que ha elevado su nivel de alerta defensiva.

Michael Knights, analista del Washington Institute for Near East Policy, asegura que estos países «están ahora más dispuestos a apoyar la presión sobre Irán, pero siguen siendo reacios a implicarse directamente en el conflicto». Farea al Muslimi, del think tank Chatham House, cree que «los países del Golfo intentan caminar por una línea muy fina entre enfrentarse a Irán y evitar una guerra total en su propio territorio«.

Mientras, Trump asegura que mantiene conversaciones que Irán niega. Cada actor está negociando y escalando simultáneamente. Cada declaración tiene algo de verdad y algo de mentira. Esas supuestas «conversaciones productivas» son indirectas y se produjeron a través de intermediarios turcos, egipcios y pakistaníes que mantuvieron conversaciones separadas con el enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, según Axios. Irán debe negarlas para sobrevivir internamente.

Los países del Golfo tampoco han cortado su comunicación con Irán y, con ella, tratan de rebajar tensiones, mientras que, por otro lado, se preparan para defender sus instalaciones más preciadas y a su población. También es cierto que no todos los países del Golfo hablan con la misma voz: Bahrein (con presencia de la Quinta Flota estadounidense) es el más alineado. Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí lo apoyan, pero con cautela. Qatar y Omán mantienen una línea más mediadora.

De momento, su sistema defensivo se está comportando como una auténtica cúpula de hierro, según el conocido modelo israelí de capas defensivas. Tanto es así que en los últimos días los Emiratos están comenzando a recibir a algunos de los residentes que decidieron irse durante los primeros tres días del conflicto. Ahora los aviones ya no aterrizan vacíos en Dubai.

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