Merz consolida su liderazgo en la CDU con un Gobierno en mínimos históricos en sólo 10 meses en el poder

<p>El canciller alemán, <strong>Friedrich Merz</strong>, ha sido reelegido al frente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) durante el congreso federal celebrado en Stuttgart, con el <strong>91,10%</strong> de los votos de los delegados. Cuando accedió por primera vez a la presidencia del partido en 2022, en pleno proceso de reconstrucción tras la salida de la CDU del Gobierno, logró el 94,6% del respaldo interno.</p>

Seguir leyendo

 El nivel de desaprobación es muy superior al que registró el anterior Ejecutivo de Olaf Scholz, que ya se contaba entre los más cuestionados  

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha sido reelegido al frente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) durante el congreso federal celebrado en Stuttgart, con el 91,10% de los votos de los delegados. Cuando accedió por primera vez a la presidencia del partido en 2022, en pleno proceso de reconstrucción tras la salida de la CDU del Gobierno, logró el 94,6% del respaldo interno.

Ese respaldo mayoritario dentro del partido contrasta con la percepción de Merz y de la CDU en la calle.El partido se mantiene como primera fuerza política en las encuestas, con Alternativa para Alemania (AfD) en segunda posición a muy escasa distancia, pero estos momentos, solo el 22% de los ciudadanos se muestra satisfecho con la gestión del Gobierno. Teniendo en cuenta que el Ejecutivo lleva apenas 10 meses en el poder, este nivel de insatisfacción masiva con los gobernantes es prácticamente inédito en Alemania. El nivel de desaprobación es, además, muy superior al que registró el anterior Ejecutivo de Olaf Scholz, la coalición tripartita formada por socialdemócratas, verdes y liberales, que ya se contaba entre los ejecutivos más cuestionados del país.

La comparación con su predecesora al frente de la CDU y última canciller democristiana, Angela Merkel, también ha sido inevitable, entre otras cosas porque ha asistido al congreso de Stuttgart tras una prolongada ausencia de la vida interna del partido. La ex canciller dejó la presidencia con un respaldo del 89,5%. Su liderazgo definió el marco político en el que la CDU ejerció el poder durante cuatro legislaturas y que Merz, más conservador y rival político se comprometió a redefinir.

Merz construyó su ascenso político sobre una crítica directa a esa etapa final. Señaló la falta de reformas estructurales, el retraso en la modernización de las infraestructuras y la pérdida de dinamismo económico. Su llegada a la presidencia del partido marcó el inicio de un proceso de reposicionamiento interno que culminó con la victoria electoral que permitió el regreso de la CDU al Gobierno.

Merz habla con la ex canciller Angela Merkel, y la ex ministra de Defensa Annegret Kramp-Karrenbauer.
Merz habla con la ex canciller Angela Merkel, y la ex ministra de Defensa Annegret Kramp-Karrenbauer.KAY NIETFELDEFE

Sin embargo, el paso de líder de partido a jefe de Gobierno introdujo nuevas restricciones. La CDU gobierna junto al Partido Socialdemócrata (SPD), una alianza que permitió su retorno al poder, pero que también condicionó el ritmo y el alcance de las reformas. El propio Merz lo reconoció ante los delegados: «También yo querría avanzar más rápido y con mayor determinación», afirmó. Pero añadió el elemento que definió su margen real de acción: «Este sistema nos obliga a ir, junto a nuestro socio de Gobierno, hasta el límite de nuestras posibilidades».

En su discurso de apertura del congreso, en el que participan 1001 delegados, Merz ha pedido explícitamente «solidaridad y paciencia» a su partido, una apelación directa para sostener el proceso de transformación en curso. La intervención fue recibida con una larga ovación, un gesto de respaldo que contrastó con el tono sobrio de un discurso marcado más por la reflexión que por el entusiasmo.

La insistencia de Merz en la necesidad de mantener la cohesión interna responde también al calendario político inmediato. Alemania afronta un superaño electoral en 2026 que comenzará en marzo con las elecciones en Baden-Württemberg y Rheinland-Pfalz, continuará en verano con Sachsen-Anhalt y culminará en septiembre con Berlín y Mecklenburg-Vorpommern.

Estas citas representan una prueba crítica para la CDU, que busca consolidar su regreso al poder y frenar el avance de Alternativa para Alemania (AfD), que se ha consolidado como segunda fuerza política a nivel nacional y aspira a ampliar su presencia institucional en el este del país. La dirección del partido es consciente de que estos comicios no solo medirán su fortaleza territorial, sino que definirán la estabilidad del liderazgo de Merz y su capacidad para mantener el control político en un entorno cada vez más fragmentado.

Muchas de las transformaciones anunciadas siguen en fase de planificación o negociación. Dentro del propio partido, el balance refleja esa dualidad. Sectores de la CDU valoran positivamente su perfil en política exterior, pero expresan una mayor frustración con el ritmo de las reformas internas y económicas.

Ese desfase se percibe también en el congreso de Stuttgart, que no fue solo una confirmación formal de su liderazgo, sino también un espacio de debate entre las distintas corrientes que conviven dentro de la Unión, desde el ala económica liberal, una de las más influyentes, hasta el sector más centrista heredero de la etapa de Merkel, además de las organizaciones territoriales que conforman la estructura del partido. El documento de propuestas debatido por los delegados superó las 400 páginas y reflejó la amplitud de los desafíos que el partido identificó como prioritarios.

Uno de los debates más sensibles fue el del sistema de pensiones. La organización juvenil del partido presionó para introducir reformas estructurales que garantizaran su sostenibilidad a largo plazo, incluida la vinculación de la edad de jubilación a la esperanza de vida. En el ámbito de la defensa, sectores del partido plantearon la posibilidad de reintroducir el servicio militar obligatorio si el modelo voluntario no cubre las necesidades de la Bundeswehr (el ejército). Estos debates reflejan la presión interna para acelerar el proceso de reformas.

Merz llegó al poder con la promesa de reactivar el crecimiento, modernizar la economía y emprender profundas reformas en el sistema social. Pero hasta ahora ninguna de esas promesas se ha traducido en medidas concretas. Pese a la duración de su intervención, de 75 minutos, evitó anunciar reformas específicas o fijar calendarios. Algunos medios alemanes, entre ellos la revista Der Spiegel, resumieron el discurso con el titular «75 minutos de los que no queda nada».

 Internacional

De interes