Múnich, el cuadrilátero bávaro de europeos y estadounidenses

<p>Día sí y día también, escuchamos, leemos, afirmamos que el mundo ha cambiado. De ahí que se acogiera con expectación esta edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich, con <strong>Marco Rubio</strong>, secretario de Estado y ‘poli bueno’ de Donald Trump, instando a «restaurar» el mundo, con el mediático presidente <strong>Volodimir Zelenski</strong> mostrando en una pantalla a modo de vídeo-juego (pero nada divertido, sino muy serio) los «rusos eliminados por drones ucranianos», y con el mandatario <strong>Emmanuel Macron</strong> (sin gafas de sol) hablando del paraguas nuclear galo. Presentadas así las cosas, las declaraciones y posicionamientos políticos en Múnich de este fin de semana parecen históricos, junto a la relevante realidad de la brecha transatlántica que se agranda o se estrecha según quién tome la palabra en la Administración Trump.</p>

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 Día sí y día también, escuchamos, leemos, afirmamos que el mundo ha cambiado. De ahí que se acogiera con expectación esta edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich, con  

Día sí y día también, escuchamos, leemos, afirmamos que el mundo ha cambiado. De ahí que se acogiera con expectación esta edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich, con Marco Rubio, secretario de Estado y ‘poli bueno’ de Donald Trump, instando a «restaurar» el mundo, con el mediático presidente Volodimir Zelenski mostrando en una pantalla a modo de vídeo-juego (pero nada divertido, sino muy serio) los «rusos eliminados por drones ucranianos», y con el mandatario Emmanuel Macron (sin gafas de sol) hablando del paraguas nuclear galo. Presentadas así las cosas, las declaraciones y posicionamientos políticos en Múnich de este fin de semana parecen históricos, junto a la relevante realidad de la brecha transatlántica que se agranda o se estrecha según quién tome la palabra en la Administración Trump.

Pero este pulso entre ambas orillas del Atlántico viene ya de lejos, y más en el mencionado foro de Seguridad de la capital bávara. Eso sí, con la novedad de que ahora todo es grandilocuente. Se puede empezar por un sencillo ejemplo: la sala de prensa de la Conferencia. Hace 20 años (cuando, como bien apuntaba Carmen Valero en una de sus crónicas, el jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, era el más esperado en territorio bávaro) los periodistas cabíamos en un puñado de mesas y sillas. En 2026, el ingente espacio que acoge a los informadores es ya más acorde al interés que suscita en la actualidad la geopolítica a nivel general.

Ya en aquellas Conferencias de principios de 2000 se libró un interesante duelo europeo-estadounidense y al igual que un alemán (el canciller Friedrich Merz) ha sobresalido este fin de semana, otro germano (el ministro de Exteriores Joschka Fischer) fue el que captó la atención en la cita concreta de 2003. En un frío febrero, el titular teutón eco-pacifista plantó cara a Donald Rumsfeld, entonces secretario de Defensa de EEUU, que había acudido a la 39ª Conferencia para instar al mundo a unirse junto a Washington con el fin de aumentar la presión y preparar una operación militar contra Irak.

«Creo que es una excelente oportunidad para abordar esta cuestión entre amigos, entre viejos amigos», dijo Fischer a Rumsfeld, sentado a escasos metros de él en la misma sala. «Tras lo ocurrido el 11 de Septiembre, comprendemos y compartimos las emociones, las preocupaciones e incluso la ira de nuestros amigos estadounidenses. Pero permítame aclarar una cosa en este punto. Hoy me encuentro en la situación de tener que participar en dos debates: uno interno y otro transatlántico», prosiguió el alemán, en relación directa al llamamiento de EEUU a sumarse a la inminente invasión de Irak. Y a continuación, mirando a través de sus gafas caídas sobre la nariz a los ojos del ‘halcón’ republicano, Fischer pasó del alemán al inglés para pronunciar de manera rotunda seis palabras: «‘Excuse me, I am not convinced'» («Disculpe, pero no me convence»).

El planeta ha dado muchas vueltas desde entonces y en verdad la relación entre EEUU y Europa no había llegado a ponerse tan al filo como hasta ahora, pero Múnich sigue siendo el tablero favorito de europeos y estadounidenses donde poner sus respectivas cartas boca arriba. No hay siquiera que irse al lejano «disculpe, pero no me convence» de Fischer, sino al reciente y tristemente célebre «la amenaza viene de dentro» del vicepresidente JD Vance. Los mensajes y los tonos van variando ligeramente, pero el cuadrilátero se mantiene. Habrá que volver a Múnich en 2027.

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