Robert Aramayo, el emerger imparable del elfo británico que aprendió a insultar: «Mi abuelo era vasco y me avergüenza un poco no hablar español»

<p>En poco menos de un contundente <i>¡Fuck the Queen!</i>, Robert Aramayo (Hull, Reino Unido, 1992) ha pasado de ser un actor cuya cara -complicada y llena de ángulos- suena de algo a un tipo casi inolvidable. Su papel en <i><strong>Incontrolable (I Swear)</strong></i>, donde delante de la mismísima reina de Inglaterra suelta el improperio de arriba, no solo <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2026/02/23/699c0db5fdddff2b408b4571.html» target=»_blank»>le ha valido el Bafta</a> en la última ceremonia de los premios del cine británico celebrada en febrero, sino que ha puesto a la cinefilia (o seriefilia) de medio planeta a darse golpes en la frente: <strong>«¡Ah, es el elfo!»</strong>. En efecto, él es el atormentado Elrond en <i>El Señor de los Anillos: los anillos de poder</i> y también es John Davidson en <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2026/04/10/69d72d32fdddffce258b4571.html» target=»_blank»>la cinta de Kirk Jones que devuelve al celuloide de las islas a sus mejores tiempos</a> de <strong>cine social, realista, inspirador, algo didáctico y obligadamente popula</strong>r.</p>

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 Quien se diera a conocer como el atormentado Elrond en El señor de los anillos: los anillos de poder es hoy el niño mimado del cine británico tras arrebatar el Bafta a Leonardo DiCaprio y Timothée Chalamet con Incontrolable (I Swear), donde interpreta a un hombre aquejado por el síndrome de Tourette  

En poco menos de un contundente ¡Fuck the Queen!, Robert Aramayo (Hull, Reino Unido, 1992) ha pasado de ser un actor cuya cara -complicada y llena de ángulos- suena de algo a un tipo casi inolvidable. Su papel en Incontrolable (I Swear), donde delante de la mismísima reina de Inglaterra suelta el improperio de arriba, no solo le ha valido el Bafta en la última ceremonia de los premios del cine británico celebrada en febrero, sino que ha puesto a la cinefilia (o seriefilia) de medio planeta a darse golpes en la frente: «¡Ah, es el elfo!». En efecto, él es el atormentado Elrond en El Señor de los Anillos: los anillos de poder y también es John Davidson en la cinta de Kirk Jones que devuelve al celuloide de las islas a sus mejores tiempos de cine social, realista, inspirador, algo didáctico y obligadamente popular.

«En verdad, más allá del reconocimiento y los premios, lo que me enorgullece de la película es el recibimiento que tiene entre la gente y que haya servido para dar a conocer una enfermedad de la que poco o nada se sabía hasta hace muy poco. El hecho de generar la conversación que está provocando devuelve al cine un sentido de servicio quizá perdido», dice Aramayo en referencia tanto a su último y aclamado trabajo como al propio síndrome de Tourette que padece su personaje.

A su lado, el director da cuenta del minucioso trabajo que le ha perseguido durante años. «Recuerdo haber visto un documental sobre Davidson en 1989. Me impresionó. Él tenía entonces 14 años y su padecimiento acababa de empezar. Posteriormente, unos diez años después, vi otro en el que el mismo Davidson hacía recuento de su existencia imposible. «¿Cómo voy a salir con una chica si en cualquier momento le puedo escupir a la cara?», decía. Era conmovedor, sin duda. Y, por último, ya con 30 años, él mismo hizo un tercer documental donde aparecía casi como un activista y divulgador de su enfermedad. Se puede decir que la película que hemos hecho es casi la consecuencia necesaria de la relación con el cine tan estrecha que Davidson ha mantenido a lo largo de su vida».

«La preparación para el papel», habla ahora Aramayo, «ha consistido básicamente en comprender una enfermedad del todo incomprensible. No se trataba de imitar sino de acercarse a ese sufrimiento. Es como vivir con una voz separada de ti, casi con otra persona; otra persona que es rencorosa y siempre busca hacer daño y molestar a los demás con lo que dice. A veces puede ser gracioso u ocurrente, pero la mayor parte de las veces solo busca molestar, herir, enfadar y avergonzar».

El resultado es, de momento, un Bafta, una polémica en la gala de entrega de estos mismos premios (John Davidson, presente entre el público, soltó un sonoro nigger -negrata- delante de los actores Michael B. Jordan y Delroy Lindo y la BBC, que prometió suprimirlo de la emisión en diferido, no lo hizo) y el honor de ser un actor con nombre, apellidos y hasta un pasado. Se acabó ser el elfo orgulloso de la serie de televisión.

«Es interesante ver cómo, de repente, generan interés mi carrera y mis opiniones. En lo que llevo de promoción de la película no sé cuántas veces he hablado ya de mi abuelo». ¿Su abuelo? «Sí, es español, vasco, de San Sebastián. Emigró y acabó en Gales con mi abuela. Trabajó en Hull, donde nací, que por aquel entonces era un puerto pesquero enorme. Quería ser capitán de uno de esos arrastreros enormes. Llegó a ser un hombre importante en Hull. Tenía fama de estricto y algo intimidante. Yo le quería mucho. Murió en Hull, pese a que siempre que podía iba a San Sebastián… Mi padre habla español y me da un poco de vergüenza no haberlo aprendido». Y ahí, de momento, lo deja Aramayo, que ya no el elfo.

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