<p>El creador de la primera biblioteca de la humanidad fue también un Rey.<strong> Un Rey, en mayúsculas</strong>. Tirano para algunos, complaciente con la violencia y ávido cazador de leones, Asurbanipal gobernó Asiria entre el 669 y 631 a. C., cuando su imperio era el mayor del mundo y tenía su capital en la ciudad de Nínive. Su reinado -que se extendía desde las costas del Mediterráneo oriental hasta las montañas del Irán occidental- se convirtió en <strong>el icono del apogeo cultural y territorial del Imperio asirio</strong>.</p>
El espacio madrileño recupera el legado del gran rey asirio, creador de la primera biblioteca de la humanidad, uno de los gobernantes más poderosos y complejos del mundo antiguo
El creador de la primera biblioteca de la humanidad fue también un Rey. Un Rey, en mayúsculas. Tirano para algunos, complaciente con la violencia y ávido cazador de leones, Asurbanipal gobernó Asiria entre el 669 y 631 a. C., cuando su imperio era el mayor del mundo y tenía su capital en la ciudad de Nínive. Su reinado -que se extendía desde las costas del Mediterráneo oriental hasta las montañas del Irán occidental- se convirtió en el icono del apogeo cultural y territorial del Imperio asirio.
Desde el British Museum londinense llega a CaixaForum Madrid la exposición Soy Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria. La muestra, que ya se puede visitar de este mismo momento hasta el 4 de octubre, reúne 158 piezas procedentes del museo inglés que recorren la vida y el legado del último gran soberano del Imperio asirio, considerado uno de los gobernantes más poderosos y complejos del mundo antiguo. «En muchos sentidos, esta es una exposición sobre el rey que, al ascender al trono en el 669 a.C, se convirtió, posiblemente, en el hombre más poderoso del planeta», comenta el director del museo británico, Nicholas Cullinan.
La exposición propone un recorrido por la figura de Asurbanipal a través de relieves monumentales, esculturas, marfiles y objetos de lujo que permiten comprender tanto el poder militar que acumuló como el perfil intelectual del gobernante. Entre las piezas más destacadas figuran escenas de caza de leones -símbolo del orden frente al caos-, objetos procedentes de palacios asirios y materiales relacionados con su famosa biblioteca de tablillas cuneiformes. El comisario de la exposición, Sébastien Rey, describe el mundo de Asurbanipal como uno de contrastes impactantes: «Es una historia de brillantez y brutalidad que coexisten en el mismo instante».
La muestra se organiza en distintos ámbitos temáticos que exploran los claroscuros del monarca: guerrero, erudito, gobernante, coleccionista de conocimiento y también propagandista del poder. A diferencia de otros reyes asirios, Asurbanipal se definía a sí mismo como un soberano culto y políglota. Según las inscripciones de la época que aún se conservan, afirmaba que podía leer perfectamente en sumerio y acadio, que estudiaba matemáticas y que, además, dominaba textos complejos de adivinación y astronomía.
Su mayor legado fue la fundación de la biblioteca de Nínive, donde ordenó reunir miles de tablillas de arcilla procedentes de toda Mesopotamia -se calcula que consiguió acumular entre unas 10.000 y unas 30.000- con conocimientos de medicina, religión, historia y magia. Entre ellas se encuentra la copia más completa del Poema de Gilgamesh, considerada la obra narrativa más antigua de la historia de la humanidad. La exposición subraya esta faceta del rey como impulsor de la primera gran biblioteca universal de la historia, que más que una simple acumulación de textos, subraya Isabel Fuentes, directora de CaixaForum Madrid, fue «un instrumento de gobierno, un medio para controlar el saber del pasado y, con él, el presente y el futuro».
Bajo su reinado, el Imperio asirio alcanzó su máxima extensión: desde Mesopotamia y Siria hasta Fenicia y Egipto. Pese a ese perfil culto, su poder se sostuvo también en una violencia implacable. Este aspecto se refleja en relieves que muestran castigos extremos a sus enemigos y en la sangrienta guerra civil que libró contra su hermano, Shamash-shum-ukin, que culminó con la devastación de Babilonia. Al mismo tiempo, el Rey se representaba como un cazador de leones en composiciones de gran naturalismo, algunas de las cuales forman parte central de la exposición que acoge Madrid.
Esa muestra concluye con una reflexión sobre la destrucción y la conservación del patrimonio mesopotámico, desde las primeras excavaciones del siglo XIX hasta los actuales desafíos arqueológicos en Irak, afectados por los conflictos recientes, y la destrucción de yacimientos históricos que se ha sucedido en toda la zona. De este modo, la exposición conecta el legado de Asurbanipal con el presente y subraya la importancia de preservar la memoria de las civilizaciones antiguas como punto de unión con el presente.
Tras la muerte de Asurbanipal, hacia el 631 a. C., el imperio que había levantado, agotado por las guerras, se derrumbó rápidamente y la biblioteca de Nínive fue destruida en el 612 a. C., apenas dos décadas después de su fallecimiento, poniendo fin a la hegemonía asiria. Sin embargo, el legado intelectual del Rey sí que sobrevivió en las tablillas de su biblioteca, convertidas hoy en uno de los testimonios más valiosos del nacimiento del conocimiento organizado.
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