El primer ministro británico Andy Burnham ha lanzado una arriesgada apuesta en la Conferencia Anual del Partido Laborista: un acercamiento a la Unión Europea; una expansión del Estado del Bienestar para los jubilados y personas con discapacidad laboral; y una moderación de la subida de las pensiones.
Entre promesas de acercamiento a la UE y un ambicioso Estado del Bienestar, el laborismo adopta tácticas para revitalizar sus expectativas en Downing Street sin concretar aún el coste para las finanzas públicas
El primer ministro británico Andy Burnham lanzó ayer una arriesgada apuesta en la Conferencia Anual del Partido Laborista: un acercamiento a la UE, una expansión del Estado del Bienestar para los jubilados y personas con discapacidad, y una moderación de la subida de las pensiones.
Es un cóctel políticamente complicado que, sin embargo, los asistentes a la Conferencia compraron. También ayudó que la partes más arriesgadas del proyecto, que son el recorte de la subida de las pensiones y la expansión de la atención a ancianos y discapacitados, quedan para 2030 o después, lo que significa que, para que sean llevadas a cabo, primero los votantes tendrán que reelegirle. Lo único que sí va ser ahora -concretamente, en noviembre- es la presentación de las opciones para estrechar la relación entre el Reino Unido y la UE.
El plan de Burnham podría resumirse en «promesas para después de la reelección». La clave es cuánto se va a poder comprar en los tres primeros años, y cómo van a reaccionar los mercados de deuda en los que financia el Reino Unido ante esos números. Pero, como por ahora no números claros, la deuda no se ha movido. El mensaje fue especialmente claro para los pensionistas: menor subida de las pensiones pero, a cambio, un sistema nacional de atención personalizada que será pagado con el menor gasto en jubilaciones.
Así, Burnham transmite que es un político con ideas e iniciativa, algo que hasta ahora era patrimonio del ultranacionalista e ideólogo del Brexit, Nigel Farage, cuyo partido, Reform, está en segunda posición en las encuestas, por detrás del laborismo. Es el establishment copiando al populismo. Y eso está funcionando en el Reino Unido, donde el primer ministro ha resucitado las expectativas electorales de su partido en dos meses y medio en Downing Street.
En su discurso -largo y emocional-, el primer ministro demostró que sabe cómo mantener entregada a una audiencia que, eso sí, ya le era favorable desde el primer momento. Se ciñó a la política interna y a la economía, como es habitual en él. En política exterior lanzó una «relación a largo plazo» con «nuestros socios europeos» que «cambie» la actual situación y la estabilice. Eso implica un mayor vínculo con la UE. Los detalles quedan, en principio, para la cumbre de Burnham con la presidenta de la Comisión Europa, Ursula von der Leyen, en noviembre.
Lo que sí queda para su reelección es la promesa del cambio del sistema electoral británico, mayoritario hasta un extremo tal que un partido puede ganar el 33,7% de los votos unas elecciones y conseguir el 63,2% de los escaños en la Cámara de los Comunes. Eso no es un ejercicio teórico: son los resultados de las elecciones de 2024, gracias a las cuales Burnham está hoy en el poder. Como referencia, el PSOE obtuvo en 2023 el 34,6% de los escaños en el Congreso con el 31,7% del voto.
Lo mismo pasa con el National Care Service, que podría traducirse, más o menos, como Servicio Nacional de Atención o de Cuidados. Es algo de lo que Burnham ya ha hablado en otras ocasiones: la creación de una estructura estatal para prestar atención a personas de edad avanzada, con discapacidades, o con invalidez laboral. El Reino Unido ya tiene sistemas así, pero dispersos a través de diferentes unidades administrativas del Estado.
Así que, de nuevo, la cuestión es saber cómo se van a unificar y a expandir. El coste de un sistema de atención pública podría ir desde los 6.500 hasta los 18.000 millones de libras (de 4.600 a 21.600 millones de euros) anuales, aunque Burnham ha rechazado la última cifra. El déficit público británico fue el último ejercicio fiscal de 129.000 millones de libras.
Con una deuda pública del 94% del PIB, Londres no puede pagar eso. Y ahí llegó el elemento decisivo del discurso de Burnham: una menor subida de las pensiones. Eso sí, a partir de 2030. Considerando que las próximas elecciones generales deberán realizarse a más tardar el 15 de agosto de 2029, la promesa pasa por la reelección de Burnham. De nuevo, el primer ministro no entró en detalles. En los primeros años, el ahorro será mínimo, aunque luego crecerá hasta llegar en 2040 a 17.500 millones de euros.
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