Alicia (64 años), residente en España desde hace 25 años, se encuentra en Cali pasando parte de sus vacaciones en la casa de su madre, situada en la sexta planta de una unidad residencial al sur de la ciudad colombiana. Eran cerca de las ocho de la mañana, estaba a punto de salir a la calle para hacer unos recados cuando, de repente, el suelo comenzó a temblar. «Yo pensé: ‘Me estoy mareando'». Después, según relata en una conversación con EL MUNDO, todo empezó a moverse y el sonido de las lámparas se escuchaba con más intensidad. «Cuando el temblor fue más fuerte, dijimos: ‘hasta aquí hemos llegado’, porque se movían todos los cuadros, los cajones de los armarios se salían y las paredes se agrietaban. De hecho, se cayó un pedazo de una esquina. Mi madre estaba en el baño».
Una colombiana residente en España y de vacaciones en su ciudad natal relata los difíciles momentos vividos tras el terremoto
Alicia (64 años), residente en España desde hace 25 años, se encuentra en Cali pasando parte de sus vacaciones en la casa de su madre, situada en la sexta planta de una unidad residencial al sur de la ciudad colombiana. Eran cerca de las ocho de la mañana, estaba a punto de salir a la calle para hacer unos recados cuando, de repente, el suelo comenzó a temblar. «Yo pensé: ‘Me estoy mareando'». Después, según relata en una conversación con EL MUNDO, todo empezó a moverse y el sonido de las lámparas se escuchaba con más intensidad. «Cuando el temblor fue más fuerte, dijimos: ‘hasta aquí hemos llegado’, porque se movían todos los cuadros, los cajones de los armarios se salían y las paredes se agrietaban. De hecho, se cayó un pedazo de una esquina. Mi madre estaba en el baño».
Por el momento, se han registrado 95 muertos en Cali, «Desafortunadamente tenemos para reportar 95 muertes, ese es el conteo de esta mañana. Tenemos 949 personas heridas y 86 personas rescatadas», dijo este martes el alcalde de Cali, Alejandro Eder, quien agregó que además hay bajo los escombros «239 personas atrapadas, 56 edificios colapsados».
«Cuando todo paró, se fue la energía. Tampoco funcionaba internet. Subieron los vigilantes para ayudar a las personas mayores porque todo el mundo tenía que estar en la calle ante el riesgo de cualquier réplica», explica Alicia. «Solo hicieron funcionar momentáneamente el ascensor para ayudarles a bajar», añade. «Ya en la calle estuvimos sentadas, con sillas, toda la mañana. Allí nos dieron café, porque mi madre no había desayunado y también prepararon una infusión. A mucha gente le había pillado durmiendo«.
«Por la tarde, al no haber agua ni energía, nos fuimos a casa de una amiga, que está muy cerca, porque mi madre no podía subir a su piso de nuevo. Allí no había pasado nada. Todo ha ido por zonas, pero muchos edificios cercanos al mío se vinieron a abajo. Uno de ellos tenía una piscina en la parte de arriba». Los guardias de tráfico cortaron varias calles donde había habido derrumbes y no todos los semáforos funcionaban.
«Ayer por la mañana [por el lunes] yo estaba muy nerviosa y no nos dimos cuenta de que en nuestra zona se cortó el agua. Y cuando fuimos a comprar, se había agotado. Mi vecina me llevó en su coche a comprar gaseosa porque yo no quería conducir. Sin embargo, por la tarde, ya estaba todo más tranquilo. Había supermercados que no podían abrir, porque se había caído alguna viga, pero los que pudieron hacerlo estaban atendiendo sin problema. La gente estaba comprando comida», cuenta Alicia.
Sin poder dormir durante toda la noche por el temor a una posible réplica, la máxima preocupación está ahora en conocer si hay alguna persona viva debajo de los escombros. «La gente está buscando dónde ir», añade.
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