El hambre, fuera del foco de la campaña para las elecciones presidenciales del domingo en Perú

La década de inestabilidad política que sufre Perú no sólo se ha saldado con presidentes en la cárcel, sino que la ciudadanía padece los estragos consecuencia de la falta de un plan de Gobierno. El hambre está en el centro de los sufrimientos de la población, pero no así entre las prioridades de las agendas de los partidos ni en campañas como la que acaba de terminar ante la segunda vuelta a las elecciones presidenciales de este domingo, con el izquierdista Roberto Sánchez y la populista Keiko Fujimori disputándose la Jefatura del Estado.

 Esta lacra, sepultada junto a otros problemas por la crisis política de la última década en la nación andina, no es abordada por los candidatos a la jefatura del Estado  

La década de inestabilidad política que sufre Perú no sólo se ha saldado con presidentes en la cárcel, sino que la ciudadanía padece los estragos consecuencia de la falta de un plan de Gobierno. El hambre está en el centro de los sufrimientos de la población, pero no así entre las prioridades de las agendas de los partidos ni en campañas como la que acaba de terminar ante la segunda vuelta a las elecciones presidenciales de este domingo, con el izquierdista Roberto Sánchez y la populista Keiko Fujimori disputándose la Jefatura del Estado.

Las cifras de los organismos internacionales hablan por sí solas. Según el Índice Global del Hambre (IGH) de 2025, el país andino se encuentra en el puesto 39 de 123 países analizados y se alcanzan datos de hace 15 años. Como publica el diario peruano ‘La República’, las brechas territoriales son enormes y ocho regiones están en una situación crítica: Pasco, Huancavelica, Loreto, Arequipa, La Libertad, Cajamarca, Puno y Huánuco. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertan en sus informes que en la nación andina 17,5 millones de personas (51,7 % de la población) y 894.000 migrantes y refugiados padecen inseguridad alimentaria (un concepto multidimensional que valora la disponibilidad y acceso a la comida, además de que sea saludable y nutritiva, y cuya consecuencia más severa es el hambre). Los niños son los más vulnerables ante esta situación. La anemia afecta al 43,7 % de los menores de 3 años y la malnutrición crónica al 12,1 % de los menores de 5 años.

En una entrevista en el medio peruano, Carolina Trivelli, ex ministra de Desarrollo e Inclusión Social, explicó así el origen de este actual desafío: «No es un problema de oferta en Perú, es un problema de la capacidad de las familias para adquirir alimentos». Y como solución advirtió que se necesitan políticas nuevas: «Perú tendría que decir: vamos a hacer algo urgente contra el hambre».

«Tanto el reporte del IGH como los informes del PMA y FAO muestran que el hambre en Perú no se debe a la falta de alimentos, sino más bien al desigual acceso a los mismos para gran parte de la población en condiciones de vulnerabilidad y exclusión social, que no les permite alcanzar una canasta alimentaria básica y nutritiva», insiste Luis Sonzini, director nacional en Perú de Acción contra el Hambre. «Desde el punto de vista de la producción de alimentos en Perú, a pesar de manejarse volúmenes suficientes, existen también desigualdades que afectan la sostenibilidad de los pequeños productores, una gran vulnerabilidad ante las variaciones climáticas y fallas en la distribución, lo que genera importantes pérdidas de disponibilidad«, añade Sonzini.

¿Pero cómo aplicar políticas nuevas si no hay un Gobierno estable? «Hay que remarcar que esta crisis alimentaria aumentó durante los últimos años por la anarquía política que padece Perú», explica Pedro Cateriano, que fue primer ministro con Ollanta Humala y Martín Vizcarra.

«Hay factores externos que han condicionado la lucha contra el hambre de los planes de gobiernos del Perú. Entre ellos las fuertes presiones inflacionarias de 2022, la recesión económica de 2023 y los fenómenos climatológicos extremos y la variabilidad del clima han abonado a una crisis alimentaria en del país», puntualiza el director nacional en Perú de Acción contra el Hambre, quien también remarca que la inestabilidad política es un escollo y «ha limitado la ejecución de políticas públicas orientadas a proteger a las poblaciones más vulnerables, implicando un factor determinante en el aumento del hambre y la inseguridad alimentaria».

«A pesar de que Perú actualmente tiene un grave nivel de hambre, que es comparable al que tuvo hace 15 años, y la anemia infantil ha subido, el tema no ha sido abordado en la campaña electoral con la importancia debida«, subraya Cateriano. «Por ejemplo, en el último debate de los técnicos de Fuerza Popular y Juntos por el Perú [los dos partidos que se enfrentan en la segunda vuelta], el hambre no fue tratado con profundidad. Siendo la gastronomía peruana un caso de éxito, la lucha contra el hambre debe ser una tarea primordial del próximo Gobierno«, apunta el ex ‘premier’. Según Cateriano, los temas que han dominado el discurso han sido «la lucha contra la delincuencia y la acción delictiva de la minería ilegal».

El experto Sonzini puntualiza que el hambre y la desnutrición sí han sido abordados tanto en las campañas como en los debates entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Sin embargo, «se presentan solo de manera superficial, y no se abordan las causas sino el cómo paliar los efectos».

«Para superar el hambre se requiere el fortalecimiento de la agricultura familiar y los sistemas alimentarios locales, e instituciones públicas capaces de brindar servicios básicos de manera plena y eficaz, particularmente para el acceso a la salud y la vigilancia y control nutricional. También se deben incluir las políticas de protección del ingreso de los pequeños productores frente al aumento de precios de insumos, la variabilidad climática y las crisis externas. Por otro lado, se requiere que los programas de Gobierno prioricen el consumo interno, facilitando infraestructura de caminos para el acceso de los pequeños productores locales a los mercados urbanos, la asistencia técnica sostenida y la disponibilidad de créditos productivos», propone Sonzini.

La revista peruana Caretas se hizo eco de unas imágenes en las que presuntamente una camioneta repartía leche con propaganda de Alianza para el Progreso, de César Acuña. Algo que está prohibido. «La ley electoral prohíbe terminantemente regalar alimentos o cualquier otro bien de naturaleza económica durante una campaña proselitista para captar votos. Esta infracción es sancionada por el Jurado Nacional de Elecciones con multas severas o la exclusión definitiva del candidato del proceso electoral», detalla Sonzini.

«Con relación a elecciones generales anteriores, las denuncias sobre dádivas en la campaña electoral han disminuido. No obstante ha habido algunas denuncias periodísticas. Una de ellas por ejemplo contra el partido Alianza para el Progreso, liderado por César Acuña, que en una elección presidencial anterior fue sancionado por realizar esta clase de prácticas», recuerda Cateriano.

 Internacional. Noticias internacionales. Última hora

De interes