El tifón Dolphin no estropea una buena foto en Shanghái

El domingo por la tarde, Wukang Road se convirtió en un pequeño canal veneciano. El agua bajaba por una de las calles más fotografiadas de la antigua Concesión Francesa de Shanghái y cubría los tobillos de quienes se aventuraban a cruzarla. Llovía con mucha fuerza. El viento sacudía las ramas de los plátanos que forman el característico túnel verde de esta avenida centenaria. Y los paraguas, puestos a prueba por las ráfagas, se doblaban de vez en cuando con ese crujido que anuncia que su vida útil está llegando a su fin.

 El tifón más fuerte del año golpea el este de China con vientos de 150 km/h, obliga a evacuar a más de un millón de personas y deja en la metrópolis las mayores lluvias registradas en más de 150 años  

El domingo por la tarde, Wukang Road se convirtió en un pequeño canal veneciano. El agua bajaba por una de las calles más fotografiadas de la antigua Concesión Francesa de Shanghái y cubría los tobillos de quienes se aventuraban a cruzarla. Llovía con mucha fuerza. El viento sacudía las ramas de los plátanos que forman el característico túnel verde de esta avenida centenaria. Y los paraguas, puestos a prueba por las ráfagas, se doblaban de vez en cuando con ese crujido que anuncia que su vida útil está llegando a su fin.

No parecía precisamente la mejor tarde para salir a pasear. Tampoco lo fue el lunes. El temporal no dio tregua, con la lluvia cayendo sin descanso y fuertes ráfagas de viento barriendo las calles. Pero esto es China y aquí un tifón no va a estropear una buena fotografía para las redes sociales.

Un tifón se lleva todo a su paso en ChinaEL MUNDO

Había decenas de turistas chapoteando por Wukang Road. Algunos habían acudido expresamente para inmortalizar la inundación. Jóvenes con chubasqueros transparentes, parejas compartiendo paraguas y chicas cuidadosamente maquilladas levantaban los pies sobre el agua marrón para posar delante de la Wukang Mansion, el emblemático edificio de ladrillo rojo con forma de proa que preside el cruce con Huaihai Road.

El mismo escenario que cualquier fin de semana reúne a una multitud de fotógrafos aficionados tenía ahora un elemento añadido: varios centímetros de agua.

Unos se remangaban los pantalones. Otros buscaban el ángulo perfecto mientras el agua les cubría las zapatillas. Había quien sonreía a la cámara justo antes de salir corriendo cuando llegaba un coche y levantaba una ola sobre la acera.

La calle Wukang Road de Shanghai.
La calle Wukang Road de Shanghai.Lucas de la Cal

El tifón Dolphin, el ciclón tropical más potente que ha golpeado China este año, tocó tierra el domingo en la vecina provincia de Zhejiang, al este del gigante asiático, arrastrando vientos de alrededor de 150 kilómetros por hora. La capital financiera, hogar de casi 30 millones de personas, activó la alerta roja, el nivel máximo de emergencia.

Las autoridades cerraron atracciones turísticas, suspendieron actividades al aire libre y comenzaron a cancelar vuelos y trenes. En el puerto de Yangshan, uno de los grandes engranajes del comercio mundial, los barcos fueron desalojados de los muelles y más de 500 embarcaciones pequeñas y medianas buscaron refugio.

En toda la región, más de un millón de personas tuvieron que ser evacuadas de sus hogares. Trabajadores de plataformas marítimas fueron trasladados a tierra y los barcos pesqueros recibieron la orden de regresar a puerto. Equipos de emergencia se desplegaron alrededor de embalses, arroyos de montaña y zonas especialmente vulnerables a corrimientos de tierra.

Shanghái se fue apagando poco a poco. Partes de Disneyland y Legoland cerraron sus puertas. Más de 1.400 vuelos fueron cancelados. En las redes sociales chinas se hicieron virales los vídeos grabados en la Torre de Shanghái, el rascacielos más alto de China y uno de los más altos del mundo, con 632 metros de altura. Las imágenes mostraban cómo se balanceaba de manera notable el gigantesco amortiguador de masa instalado en la parte superior del edificio, una suerte de enorme contrapeso diseñado precisamente para reducir las oscilaciones del rascacielos provocadas por fuertes vientos o terremotos.

La calle Wukang Road de Shanghai
La calle Wukang Road de ShanghaiLucas de la Cal

En la mañana del lunes, las bandas exteriores de Dolphin descargaron sobre la ciudad una cantidad extraordinaria de agua. La estación meteorológica de Xujiahui registró 312,9 milímetros de precipitación en 24 horas, pulverizando el récord desde que comenzaron las observaciones meteorológicas en Shanghái hace más de siglo y medio.

En los barrios, cada vez más calles se convirtieron en ríos improvisados. El agua anegó cruces, cubrió ruedas de coches y obligó a los servicios municipales a desplegar bombas para aliviar una red de drenaje incapaz de tragarse tanta lluvia en tan poco tiempo. En una ciudad acostumbrada a los tifones del verano, Dolphin volvió a demostrar que incluso una de las metrópolis más modernas de Asia sigue siendo vulnerable cuando el cielo decide abrir el grifo de golpe.

Antes de llegar a China, Dolphin ya había dejado su tarjeta de visita en Okinawa, al sur de Japón: seis heridos y más de 50.000 edificios sin electricidad. Los científicos llevan años advirtiendo de que este tipo de episodios pueden convertirse en una postal cada vez más habitual en una Asia que se calienta rápidamente. El cambio climático no crea por sí solo los tifones, fenómenos naturales que siempre han formado parte de la meteorología del Pacífico occidental, pero unas aguas oceánicas más cálidas proporcionan más energía y humedad a los ciclones tropicales y pueden favorecer tormentas más intensas y precipitaciones extremas.

China lo sabe especialmente bien. En los últimos veranos, distintas regiones del país han encadenado récords de temperatura, lluvias torrenciales e inundaciones devastadoras. Las gigantescas ciudades levantadas junto a la costa y a los grandes ríos concentran además millones de personas, infraestructuras y viviendas en lugares particularmente expuestos a estos fenómenos.

En Shanghái, una ciudad prácticamente al nivel del mar y atravesada por una inmensa red de canales y afluentes del Yangtsé, cada tifón supone un nuevo examen para las defensas contra inundaciones y el sistema de drenaje urbano.

Pero estas reflexiones quedan bastante lejos de puntos turísticos como Wukang Road. Allí, mientras las autoridades enviaban a los móviles alertas de que se debía evitar cualquier actividad innecesaria en el exterior, los turistas continuaban llegando.

La tormenta podía paralizar aeropuertos, vaciar puertos y obligar a evacuar a más de un millón de personas. Pero todavía tenía que competir contra una fuerza formidable en la China contemporánea: las ganas de conseguir una buena foto para las redes sociales.

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