La IV Cumbre en Defensa de la Democracia, encabezada hace un par de semanas por Pedro Sánchez y que contó con la presencia de los tres principales líderes izquierdistas de las Américas, firmó su propia contradicción con el apoyo a la dictadura cubana. La «alternativa» política ante el «avance de la derecha en el mundo», como certificó el jefe de Gobierno español, no dudó en dar su espaldarazo al régimen autoritario que se niega a jubilarse pese a su fracaso evidente, transcurridos 67 años de la gesta de Fidel Castro.
«Estas redes permiten movilizar apoyo político, generar legitimidad y canalizar recursos. En el contexto de creciente presión por parte de EEUU, estas dinámicas adquieren relevancia estratégica», dice el informe de Gobierno y Análisis Político
La IV Cumbre en Defensa de la Democracia, encabezada hace un par de semanas por Pedro Sánchez y que contó con la presencia de los tres principales líderes izquierdistas de las Américas, firmó su propia contradicción con el apoyo a la dictadura cubana. La «alternativa» política ante el «avance de la derecha en el mundo», como certificó el jefe de Gobierno español, no dudó en dar su espaldarazo al régimen autoritario que se niega a jubilarse pese a su fracaso evidente, transcurridos 67 años de la gesta de Fidel Castro.
Un apoyo internacional que La Habana considera crucial en medio del pulso que han forzado Washington y su secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, y que el señalado presidente, Miguel Díaz-Canel, aireó con su respuesta a la última andanada de Donald Trump. El inquilino de la Casa Blanca ha adelantado que enviará el portaaviones Abraham Lincoln a las costas cubanas, como ya hiciera con el Gerald Ford semanas antes de la captura de Nicolás Maduro.
«Gracias a la solidaridad, la fuerza de Cuba se multiplica», reconocía ayer el diario Granma, boletín oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC). «La comunidad internacional ha de tomar nota y, junto al pueblo de EEUU, determinar si se permitirá un acto criminal tan drástico para satisfacer los intereses de un grupo pequeño pero adinerado e influyente, con ansias de revancha y dominación», subrayó de forma atrevida Díaz-Canel en sus redes sociales, por aquello de las semejanzas que tiene la élite castrista con «un grupo pequeño adinerado e influyente».
Díaz-Canel sabe que también se la juega en el tablero geopolítico mundial, de ahí la defensa a ultranza que mantienen la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum; el brasileño Lula da Silva y el colombiano Gustavo Petro. «No estoy de acuerdo con una agresión militar a Cuba porque eso es una agresión militar a Latinoamérica. Son los cubanos y cubanas los únicos dueños de su país», se contradijo Petro en su primera reacción a la embestida estadounidense.
La realidad es que el apoyo de los dirigentes que se autodenominan progresistas forman parte de un plan de mayor alcance. Según la investigación llevada a cabo por la organización Gobierno y Análisis Político (GAPAC), a la que ha accedido EL MUNDO, el Gobierno cubano se beneficia de una red transnacional en la que además de estos presidentes americanos también participan partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, comunidades académicas y asociaciones de cubanos en el exterior.
«Estas redes permiten movilizar apoyo político, generar legitimidad simbólica y, en algunos casos, canalizar recursos materiales. En el actual contexto de creciente presión por parte de EEUU, estas dinámicas adquieren una relevancia estratégica central: la capacidad del régimen para sostener su posición internacional depende, en buena medida, de la persistencia y activación de estas redes», concluye el informe.
Gracias al monitoreo de 71 eventos internacionales durante marzo y abril, GAPAC ha identificado la activación simultánea de redes estatales, partidistas, sindicales y académicas que operan de forma coordinada para reforzar la legitimidad externa del gobierno cubano y que amortiguan el impacto político del aislamiento promovido por Washington. Lo más destacado es que México se ha consolidado, en ausencia de Caracas, en el principal articulador en defensa de la dictadura, uno de los «legados» del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
«Hay actores como la Internacional Progresista que en vez de relanzar una izquierda renovada contra los problemas del capitalismo y la globalización ha recuperado los viejos dogmas de la izquierda populista y marxista y uno de esos dogmas es la defensa del régimen cubano. El monitoreo de GAPAC demuestra que actores, narrativas y objetivos que se cocinan en La Habana se replican en Madrid, México y en las redes de activismo y académicas de las izquierdas occidentales», precisó para EL MUNDO el historiador Armando Chaguaceda, principal experto en revoluciones del continente.
El Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, creado gracias al empuje de José Luis Rodríguez Zapatero en su empeño por blanquear a Nicolás Maduro, unieron sus fuerzas con la Internacional Progresista e incluso viajaron a La Habana para reconfortar su apoyo. El famoso Convoy Nuestra América y Pablo Iglesias, fundador de Podemos, fueron trascendentales en marzo en defensa de la dictadura.
El monitoreo ha registrado múltiples acciones de apoyo no sólo en España, también en Francia e Italia, donde La Habana consiguió que la Alcaldía de Roma aprobara una condena contra Washington por su política hacia la isla. Desde protestas en Madrid, organizadas por el Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba y 69 organizaciones, hasta Murcia, «acciones que contribuyen a proyectar una imagen de respaldo internacional amplio», según el informe.
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