Lavrov ofrece a China energía rusa para sortear la crisis del Estrecho de Ormuz y Xi Jinping presenta su plan para estabilizar Oriente Próximo

En apenas 48 horas, el Gran Salón del Pueblo de Pekín se ha convertido en una pasarela diplomática de alto voltaje. Tras recibir al jeque Mohamed bin Zayed, príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos, y al presidente español, Pedro Sánchez, el líder chino, Xi Jinping, ha continuado su maratón de encuentros con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. En la agenda inmediata asoma también To Lam, recién entronizado como líder supremo de Vietnam.

 El presidente chino lanza una propuesta de cuatro puntos para «salvaguardar la estabilidad de Oriente Próximo»  

En apenas 48 horas, el Gran Salón del Pueblo de Pekín se ha convertido en una pasarela diplomática de alto voltaje. Tras recibir al jeque Mohamed bin Zayed, príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos, y al presidente español, Pedro Sánchez, el líder chino, Xi Jinping, ha continuado su maratón de encuentros con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. En la agenda inmediata asoma también To Lam, recién entronizado como líder supremo de Vietnam.

Desde la capital china trasladan que, mientras el orden internacional cruje por múltiples costuras, la superpotencia asiática quiere proyectarse como nodo imprescindible de estabilidad y, llegado el caso, como árbitro.

En un momento en que Pekín intensifica su diplomacia en torno a la guerra de Irán, Lavrov ha dicho a Xi que Moscú podría ayudar a paliar la escasez de energía en China en medio del bloqueo estadounidense del Estrecho de Ormuz, amortiguando un eventual shock energético en el gigante asiático.

La oferta no es menor: Rusia se ha consolidado desde la invasión de Ucrania como uno de los principales proveedores energéticos de China, en una relación que combina pragmatismo económico y alineamiento estratégico frente a Occidente.

China compra cerca del 90% del petróleo que exporta Irán -gran parte de él sorteando sanciones- y es, además, el mayor cliente de Arabia Saudí y de otros productores del Golfo. Aproximadamente el 40% del crudo mundial y una parte relevante del gas natural licuado atraviesan Ormuz. Cualquier disrupción sostenida tensiona precios, encarece seguros marítimos y obliga a rediseñar rutas.

«Rusia y China se mantienen inquebrantables ante cualquier adversidad y estos lazos contribuyen al alto grado de resiliencia de sus países frente a las conmociones que han sacudido al mundo», afirmó el ministro ruso. El encuentro con Lavrov llega un día después de que Xi, por primera vez desde que Estados Unidos e Israel atacaran Irán el pasado 28 de febrero, se pronunciara directamente sobre la guerra en Oriente Próximo.

«La autoridad del estado de derecho internacional debe respetarse y no puede utilizarse cuando conviene y descartarse cuando no. No debemos permitir que el mundo vuelva a la ley de la selva», dijo Xi en su encuentro con bin Zayed.

La frase «ley de la selva» la volvió a usar después en la reunión con Sánchez, en lo que se entiende como una crítica implícita a EEUU y a su guerra contra Irán, que ha estrangulado las cadenas de suministro de petróleo y ha sumido a los mercados energéticos mundiales en el caos.

Más allá de la retórica, Xi puso sobre la mesa una propuesta de cuatro puntos para «salvaguardar la estabilidad de Oriente Próximo». El esquema -difuso pero reconocible- insiste en la soberanía nacional, el papel central de Naciones Unidas y la construcción de una «arquitectura de seguridad común» en el Golfo. La idea no es nueva: China la ha defendido en distintos formatos, intentando trasladar a la región un modelo de seguridad cooperativa que limite la dependencia de alianzas militares tradicionales y abra espacio a su propia mediación.

«La seguridad es un requisito indispensable para el desarrollo, y el desarrollo es la garantía de la seguridad», afirmó el líder de la segunda economía mundial. «China está dispuesta a compartir las oportunidades que ofrece la modernización china para fortalecer los cimientos del desarrollo y la estabilidad regionales».

El Elpis, un buque cisterna con vínculos con China, fue el primero en transitar el Ormuz tras el inicio del bloqueo de Trump esta semana. Se cree que transportaba un cargamento de metanol y ya fue sancionado por EEUU bajo su nombre anterior, Chamtang, por formar parte de la llamada «flota fantasma» de buques utilizados para transportar petróleo, gas y productos derivados del crudo iraníes.

Muchos observadores plantean estos días que la mayor incógnita del bloqueo de Trump sigue siendo si Washington se arriesgaría a deteriorar su relación con Pekín -el líder estadounidense tiene previsto viajar a Pekín en mayo- interceptando un buque chino o algún navío que transporte productos comprados por China.

«Estados Unidos ha intensificado aún más su despliegue militar y ha emprendido acciones de bloqueo selectivas, lo que solo exacerbará las contradicciones, aumentará las tensiones, socavará el ya frágil alto el fuego y perturbará aún más la seguridad del tránsito por el estrecho», criticó el martes Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino. «Este comportamiento es peligroso e irresponsable», añadió.

La diplomacia de Xi busca tejer una red de interlocutores que le permita presentarse como alternativa a la gestión occidental de la crisis. El acercamiento a los países del Golfo, la interlocución con Europa -encarnada esta semana en la visita de Sánchez- y la coordinación con Rusia forman parte de una estrategia para diversificar apoyos y reforzar la imagen de China como potencia capaz de hablar con todos.

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