Los ucranianos desafían a Zelenski y exigen recuperar a Fedorov como ministro de Defensa

La mayor crisis política interna de Ucrania desde el comienzo de la invasión rusa ha entrado este viernes en una nueva fase. Tras una breve pausa para dar margen al presidente Volodimir Zelenski, los manifestantes han vuelto a concentrarse en Kiev y en otras ciudades con una advertencia: mantendrán las protestas de forma indefinida hasta que el Gobierno responda a sus principales reivindicaciones.

 Las protestas se reanudan en varias ciudades tras la destitución de Syrskyi, pero los manifestantes mantienen la presión para que el presidente restituya al ministro que impulsó la revolución tecnológica del Ejército  

La mayor crisis política interna de Ucrania desde el comienzo de la invasión rusa entra este viernes en una nueva fase. Tras una breve pausa para dar margen al presidente Volodimir Zelenski, los manifestantes vuelven a concentrarse en Kiev y en otras ciudades con una advertencia: mantendrán las protestas de forma indefinida hasta que el Gobierno responda a sus principales reivindicaciones.

Ha transcurrido un año desde que los ucranianos protestaron por primera vez tras el inicio de la invasión rusa a gran escala de Ucrania. En aquel entonces, la indignación generalizada se debió al intento de debilitar la independencia de los organismos anticorrupción. Zelenski se vio obligado a dar marcha atrás.

Ahora de nuevo se exige a gritos en varias ciudades una rectificación al presidente. Esta vez la movilización nació como una reacción contra la destitución del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, considerado por muchos militares y por una parte creciente de la sociedad como el símbolo de la modernización tecnológica del Ejército. Los manifestantes exigían también la salida del comandante en jefe Oleksandr Syrskyi, al que responsabilizaban de un modelo de guerra excesivamente centralizado, heredero de la tradición soviética y demasiado exigente en vidas humanas. Una de esas dos demandas ya ha sido satisfecha: Zelenski destituyó a Syrskyi y lo sustituyó por el general Mykhailo Drapatyi, un relevo interpretado como un intento de rebajar la tensión sin dar marcha atrás en la destitución de Fedorov. Pero para los organizadores de las protestas no basta.

Más de 500 personas se congregaron en Kiev pocas horas después de que un misil balístico ruso causara la muerte de diez personas. Las protestas se reprodujeron también en Ivano-Frankivsk, en el oeste de Ucrania, donde decenas de manifestantes desafiaron una tormenta de verano; en Lviv, la principal ciudad del oeste del país, y en Cherkasy, situada en el centro de Ucrania, a orillas del río Dniéper. Las movilizaciones pidiendo el regreso de Fedorov se han prolongado durante nueve días. En la capital la gente se congregó en el centro de la ciudad con carteles de cartón con las inscripciones «Intercambien prisioneros, no a Fedorov», «La fuente del poder es el pueblo» y «Recuperen un Ministerio de Defensa eficaz». También gritaron «que luchen los drones, no la infantería».

El veterano Dmytro Koziatynskyi, una de las caras visibles de la protesta, ha pedido mantener las concentraciones «todos los días, durante el tiempo que haga falta» hasta lograr el regreso del ex ministro. «Debemos hacer todo lo posible para que las autoridades escuchen y cumplan las demandas de la sociedad», escribió al convocar la nueva jornada de movilizaciones.

El movimiento reúne a veteranos, militares, voluntarios, activistas y jóvenes urbanos que durante la guerra han respaldado mayoritariamente a Zelenski pero que ahora cuestionan una de sus decisiones más delicadas.

En las concentraciones se jalean consignas como «Fedorov, Fedorov», «El poder pertenece al pueblo» o «Cambiamos o perecemos». En las últimas horas incluso han aparecido nuevas exigencias relacionadas con el Ministerio de Veteranos, señal de que el malestar empieza a extenderse más allá del conflicto inicial. Detrás de la protesta no existe una oposición política organizada sino una red de militares de prestigio, voluntarios y representantes de la sociedad civil que consideran que la destitución amenaza las reformas emprendidas en Defensa. Temen que la salida de Fedorov devuelva protagonismo a estructuras burocráticas y militares que él había intentado limitar mediante auditorías, digitalización de contratos, mayor transparencia y una apuesta decidida por la innovación tecnológica.

El propio Fedorov ha endurecido su posición, rechazando la oferta de Zelenski para ocupar otro puesto: «Hoy, en el país, solo hay tres cargos, además de los militares en el campo de batalla, que realmente determinan el curso de la guerra: el presidente de Ucrania, el ministro de Defensa y el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Por eso, no acepto ningún otro cargo que no sea el de ministro de Defensa». Asegura que únicamente desde esa cartera puede culminar las reformas iniciadas y seguir impulsando programas clave como el desarrollo de drones, la defensa aérea o las operaciones de largo alcance. Precisamente en la tarde del viernes se supo que Ucrania planea adquirir drones con un alcance de hasta 10.000 kilómetros para 2027.

El desenlace de este pulso al presidente afectará igualmente al equilibrio entre el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor, el SBU y la propia Presidencia. La innovación militar probablemente sobrevivirá aunque Fedorov no regrese. Los drones, los ataques de largo alcance y las operaciones especiales ya forman parte estructural de la estrategia ucraniana y cuentan con un amplio respaldo político y militar.

Mucho más incierto resulta el futuro de la reforma institucional. Auditorías, controles sobre la contratación pública, redistribución de competencias y mecanismos de supervisión chocan con intereses administrativos y militares consolidados durante décadas. Zelenski puede preservar las capacidades tecnológicas y trasladarlas a estructuras que dependan directamente de la Presidencia, pero eso significaría mantener prácticamente intacto el sistema que Fedorov intentó transformar desde dentro. Un escenario de ese tipo, con la innovación renovando el armamento desde fuera del ministerio, reforzaría todavía más al servicio de seguridad SBU y a los organismos estrechamente vinculados al entorno presidencial. Los servicios de seguridad han acumulado un enorme prestigio gracias a sus operaciones en territorio ocupado y dentro de Rusia.

El presidente sigue intentando ganar tiempo. La pausa que los manifestantes aceptaron durante unos días le permitió negociar discretamente, medir la reacción del Ejército y explorar fórmulas que evitaran abrir una fractura en plena guerra. Pero ese margen empieza a agotarse. El regreso de las protestas aumenta la presión y reduce el espacio para soluciones intermedias. La propaganda rusa celebra estas polémicas ucranianas, pero aplaudió todavía más el fin de Fedorov, cuyas iniciativas han hecho mucho daño al ejército ruso.

La crisis cambia de naturaleza con cada jornada. El regreso de Fedorov podría calmar la calle, pero supondría una rectificación política de gran alcance para Zelenski. La destitución de Syrskyi ya ha renovado el mando militar, aunque abre ahora un periodo de adaptación en el frente. Mantener a Fedorov fuera del Gobierno prolongaría el conflicto con una parte del Ejército y de la sociedad civil. Y cualquier solución de compromiso corre el riesgo de no satisfacer ya a ninguno de los actores implicados.

Zelenski afronta así una de las decisiones más delicadas de toda la guerra. La destitución de Fedorov pretendía resolver un conflicto en la cúpula militar y ha terminado trasladándolo a la calle, al Ejército y al propio entorno presidencial. Mientras continúan las consultas y siguen circulando nombres para ocupar definitivamente el Ministerio de Defensa, Kiev espera un movimiento que puede llegar en cualquier momento.

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