Javier Milei está siendo víctima de un fenómeno reiterado en la política argentina: la maldición del tercer año. Si en octubre ganaba con sorprendente contundencia las elecciones legislativas, seis meses después su imagen se deteriora aceleradamente y ya es superado en diversas encuestas por su aliada Patricia Bullrich, e incluso por la ex presidenta Cristina Kirchner, presa por defraudar al Estado.
La inflación y los escándalos erosionan el apoyo al presidente argentino, víctima de la llamada «maldición del tercer año»
Javier Milei está siendo víctima de un fenómeno reiterado en la política argentina: la maldición del tercer año. Si en octubre ganaba con sorprendente contundencia las elecciones legislativas, seis meses después su imagen se deteriora aceleradamente y ya es superado en diversas encuestas por su aliada Patricia Bullrich, e incluso por la ex presidenta Cristina Kirchner, presa por defraudar al Estado.
Ocho años atrás, lo mismo le sucedió a Mauricio Macri tras arrasar en las legislativas de 2017: se prometía un largo ciclo de hegemonía, pero 2019 marcó el regreso del kirchnerismo al poder.
La situación está comenzando a impactar en el ánimo de Milei, que durante los días de descanso de Semana Santa difundió cerca de mil posteos en sus redes sociales en los que atacaba al periodismo, argumentando que se trata de forma injusta a su Gobierno y que todo se debe a oscuros intereses: «El 95% de los periodistas son delincuentes».
Más revelador fue, sin embargo, el cierre de su discurso el martes ante la Cámara de Comercio Argentino-Estadounidense (AmCham): «Vamos a escribir la mejor página de la historia argentina. Nos acompañen o no nos acompañen. Si no nos acompañan, nos volvemos a casa, no pasa nada. Todos podemos volver a trabajar en el sector privado. Pero si sale bien, Argentina habrá dado un paso para ser grande nuevamente».
El «si sale bien» alarmó a muchos, porque es la primera grieta pública en la hasta ahora blindada confianza del líder ultraliberal. Milei les dijo a los empresarios que las cosas van a salir bien, pero pueden también salir mal y que, si fracasan en el Gobierno, ni a él ni a los integrantes de su gabinete les faltará trabajo en la actividad privada. La frase tiene una lógica impecable para alguien que cree que el Estado es «una organización mafiosa que le roba a los argentinos», pero es demoledora para la ciudadanía en general. Si las cosas salen mal, Milei tendrá trabajo, pero ¿qué pasará con los argentinos?
Y las cosas no están saliendo todo lo bien que preveía el presidente: la inflación lleva 10 meses en continuo ascenso, muy lejos de la promesa de que se iba a «derrumbar» ya a mediados de este año. La baja de la pobreza que marcan las estadísticas no cambia el humor social, porque el empleo se precariza y el dinero no alcanza en un país de precios disparatados en los supermercados. En paralelo, el Gobierno está envuelto en dos escándalos de proporciones: el de la cripto estafa $LIBRA, que involucra al presidente y a su hermana Karina, y la investigación por presunto enriquecimiento ilícito del jefe del gabinete de ministros, Manuel Adorni.
Los nervios en el Ejecutivo son evidentes en frases sobreactuadas como las recientes del ministro de Economía, Luis Caputo, entrevistado por Horacio Riggi, jefe de Economía de Clarín. «Hoy, el presidente es uno de los tres líderes mundiales más importantes, el caso argentino genera admiración en el mundo», afirmó Caputo, tras prometer que «los próximos 18 o 20 meses van a ser probablemente los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas. Argentina va a ser el país que más va a crecer en los próximos 30 años«.
¿Por qué entonces una serie de encuestas conocidas en los últimos días marcan entre un 60 y 70% de imagen negativa de Milei? ¿Cómo es posible que ante la pregunta de la encuestadora Opina Argentina acerca de a quién se votaría si las elecciones fueran mañana, un 32% opte por el peronismo y un 31% por las huestes de Milei? ¿Cómo es posible que Kirchner tenga más imagen positiva (39% contra 35%) y menos negativa que Milei (59% contra 63%)?
Es cierto que falta tiempo aún para las elecciones de octubre de 2027 y que una cosa es responder a una encuesta y otra decidir cuando llega el momento. Pero es cierto también que el Gobierno parece haber perdido cierta conexión con la realidad, esa cercanía con los votantes no fanatizados que en 2023 le dieron una oportunidad en la segunda vuelta para expulsar al peronismo de la Casa Rosada. Ningún argentino duda de que la industria textil del país es cara y mala, pero en un contexto en el que 22.000 empresas cerraron en dos años en medio de la apertura masiva de importaciones, los manuales de empatía no recomendarían precisamente la siguiente frase de hace unas semanas pronunciada por Caputo: «Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo. Entonces, los que teníamos posibilidad de viajar comprábamos afuera».
La idea de que llegaba al poder para expulsar a una «casta» que se enriquecía a costa de los ciudadanos está dejando de funcionar para Milei por culpa de frases como esa, pero sobre todo de Adorni y del empecinamiento de Karina, la secretaria general de la Presidencia, en sostenerlo en el cargo. Las inexplicables compras de pisos gracias a préstamos de los propios vendedores y los viajes a destinos turísticos de alto standing en aviones privados o pagados con dólares en efectivo han demolido la imagen de Adorni, del que los ministros comienzan a alejarse porque se ha convertido en un activo tóxico. Pero los Milei lo sostienen, y con cada semana que pasa, más se desgastan.
Mientras todo esto sucede, una mujer habla mucho menos de lo habitual: Bullrich, la rival de Milei en 2023 que, con sus votos, fue decisiva para que el libertario llegara a la Presidencia, fue luego una exitosa ministra de Seguridad y hoy es la portavoz del grupo del Gobierno en el Senado. ¿Qué pasaría si, dentro de un año, Milei decidiera no luchar por la reelección? No hay figuras de envergadura en La Libertad Avanza (LLA) para sustituirlo. El plan era que Bullrich buscara ser alcaldesa de Buenos Aires, pero si Milei decidiera volver a la actividad privada, la ex peronista y ex ministra de Fernando de la Rúa, Macri y Milei no podría ser ignorada.
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