Patti Smith: «Si quiero escuchar a alguien inteligente y compasivo, escucho a Pedro Sánchez o al Papa»

Atravesamos la oscuridad, andamos unos pasos en el negro total. Apartamos un pesado telón de terciopelo y entre sonidos subacuáticos y electrónicos emerge la voz de Patti Smith, áspera, profunda, chamánica. Más que recitar, susurra versos misteriosos e historias antiguas guiándonos a través de un jardín con garzas azules entre los juncos, flores de tomillo y romero: la misma vegetación mediterránea del exterior, la de la Camarga, que a ella le recuerda a los humedales de New Jersey. «La gente cree que está cerca de Nueva York, pero son dos horas y es otro mundo. Me siento muy en casa aquí, el terreno es parecido: los campos, la arena arcillosa, los grillos, los mosquitos… Cuando era niña, vivíamos en casitas construidas sobre pantanos para soldados pobres y sus familias. Era tierra india, habitada por nativos americanos y cuáqueros. Todo era un poco atrasado pero mágico, extraño y místico a la vez», cuenta Smith, dándonos la llave -el paisaje y la espiritualidad- para adentrarnos en su obra plástica, Correspondences, que lleva 10 años desarrollando junto al colectivo Soundwalk.

 La estrella del rock desata su faceta artística en la instalación ‘Correspondences’ que presenta en el museo LUMA de Arlés. «Sé que en España me queréis mucho, yo también a vosotros», dice  

Atravesamos la oscuridad, andamos unos pasos en el negro total. Apartamos un pesado telón de terciopelo y entre sonidos subacuáticos y electrónicos emerge la voz de Patti Smith, áspera, profunda, chamánica. Más que recitar, susurra versos misteriosos e historias antiguas guiándonos a través de un jardín con garzas azules entre los juncos, flores de tomillo y romero: la misma vegetación mediterránea del exterior, la de la Camarga, que a ella le recuerda a los humedales de New Jersey. «La gente cree que está cerca de Nueva York, pero son dos horas y es otro mundo. Me siento muy en casa aquí, el terreno es parecido: los campos, la arena arcillosa, los grillos, los mosquitos… Cuando era niña, vivíamos en casitas construidas sobre pantanos para soldados pobres y sus familias. Era tierra india, habitada por nativos americanos y cuáqueros. Todo era un poco atrasado pero mágico, extraño y místico a la vez», cuenta Smith, dándonos la llave -el paisaje y la espiritualidad- para adentrarnos en su obra plástica, Correspondences, que lleva 10 años desarrollando junto al colectivo Soundwalk.

Para encontrar a Smith hay que dirigirse hacia la luz de cinco inmensas pantallas colocadas como una cruz, más otra que actúa de frontal o altar mayor. En el centro de la nave está ella, sentada cual sacerdotisa moderna, con su pelo gris-plateado que cae caprichosamente desordenado, botas marrones, tejanos tipo pescador y una fina americana negra sobre su blusa blanca. Lleva un colgante plateado que brilla en la penumbra de esta catedral industrial, una antigua fundición de hierro que se construyó sobre una necrópolis romana, hoy transformada en un modernísimo centro de arte contemporáneo. El museo LUMA de Arlés, coronado por una alta torre de Frank Gehry -como un Guggenheim retorcido en vertical- inaugura la gran presentación en Europa de Correspondences, un proyecto que ha ido revelando a cuentagotas, con exposiciones en Tokio y Medellín, con performances en Chile y Buenos Aires. Por primera vez presenta todo su corpus artístico: 10 vídeos (dos nuevos para la ocasión) que duran cerca de dos horas.

Poeta de espíritu beat y afrancesado (Rimbaud y Baudelaire se entremezclan irremisiblemente con Kerouac y Reed), madrina del punk y estrella del rock, escritora de sí misma y de toda una época, Patti Smith no acaba ahí. Aunque su faceta de artista plástica sea la menos conocida, en ella resuena todo: su flamante Premio Princesa de Asturias en la categoría de Artes le cae como anillo al dedo. «En EEUU no me darían un premio así. Estoy muy ilusionada», confiesa. Realmente se le ilumina el rostro.

Tras varios días de montaje, descansa en un banco junto a su colega Stéphan Crasneanscki, el artista sonoro fundador del colectivo Soundwalk. Se conocieron en un avión y ya llevan más de una década creando un collage artístico que nunca termina. Simplificando mucho: él graba un sonido (de los glaciares que se derriten, del fondo del mar, del desierto, de la zona de exclusión de Chernóbil…), ella le pone letra y voz. Después vienen las imágenes.

«¿Sabes? Esta mañana mientras tomábamos el café estábamos hablando de España», dice Smith. Y relata su mañana del viernes: «Escuché al Papa León XIV [se refiere a su discurso en Filadelfia al recibir la Liberty Medal] y también a Pedro Sánchez. ¡Y vi que España había ganado el partido [contra Austria]! Así que le escribí un mensaje a Rosalía. Hoy es mi día español», sonríe divertida. Pero enseguida se pone seria. «Actualmente, me parece el lugar más interesante de Europa, políticamente hablando», admite en vísperas del 4 de julio, el día nacional que conmemora los 250º años de Estados Unidos y que Donald Trump ha convertido en una celebración de sí mismo. «La atmósfera que vivimos en EEUU es terrible. Me avergüenza, me da más rabia y tristeza de lo que puedo expresar. No soy nacionalista, soy una persona global. Si quiero escuchar a alguien inteligente y compasivo, escucho al presidente de España o al Papa León». Ni siquiera quiere pronunciar el nombre de Trump. «Al menos Pedro Sánchez es valiente y se planta frente a países con tanto poder, dinero y fanatismo. Eso me da esperanza», resalta.

Por seguir con el día español: cuando Smith tenía unos 12 años su padre la llevó con sus hermanos al Museo de Arte de Filadelfia, una de sus raras excursiones en familia. «Los arlequines y el cubismo de Picasso me dejaron sin aliento», confiesa. Lo que compone junto a Soundwalk vendría a ser un cubismo sónico, un collage de melodías, ruidos, frases y retazos difíciles de descifrar, en el que laten ecos de la naturaleza fundidos con la Medea de Pasolini (la inmortal Maria Callas) o la mismísima María Magdalena. «Siempre me ha fascinado María Magdalena. Jesús la eleva como la decimotercera apóstol. He estudiado mucho el Nuevo Testamento y cuando escribí Dancing Barefoot (1979), la canción empieza diciendo: «She is benediction / She is addicted to thee» (Ella es una bendición / Es adicta a ti). Era un guiño a su relación. Ella está bendecida y su gran adicción no son las drogas ni el sexo: es él, el Mesías».

A poco más de un centenar de kilómetros de Arlés, en la cripta de la iglesia de la Sainte-Baume se conserva la calavera de María Magdalena dentro de un suntuoso relicario de oro y cristal, como si fuera una estatua-momia. Aunque Smith no ha peregrinado hasta allí, Crasneanscki sí lo ha hecho: «Lo más interesante es que María Magdalena acabó llegando a Francia huyendo de la persecución en Palestina, en tiempos del imperio Romano. Se instaló en una cueva al borde de un acantilado y vivió el resto de su vida retirada. El Vaticano sacó el cráneo de la vitrina por primera vez en mil años para escanearlo y estudiarlo. Y nos dio acceso a sus investigaciones», explica él. En su nuevo vídeo Le Mistral, reconstruyen en 3D el cráneo y el rostro de María Magdalena, con datos cedidos por el Vaticano a los que Smith añade una oda que suena a plegaria.

En paralelo, ha ido estampando una frase que se repite cual mantra por distintos lugares de la exposición: The earth is a skull that refuses to explain itself (La Tierra es una calavera que se niega a explicarse). Cuando lo escribe en toscas mayúsculas, con dibujito de una calavera incluido, parece una pintada en la puerta del baño de un garito punk, pero cuando lo plasma en su letra en diagonal, realmente esbelta, como si el mistral soplara sus letras, se diría caligrafía árabe. En un papel de un metro ha escrito una y otra vez la frase, cual filigrana que forma un óvalo creando una especie de portal. «Las obras maestras no se explican, no necesitan hacerlo. Existen y por tanto su poder es innegable. Una película como Roma de Federico Fellini o Andréi Rubliov de Andréi Tarkovski. ¡O un cuadro de Caravaggio! La Tierra existe. No tiene que explicar por qué erupciona un volcán o por qué hay ciertos cambios atmosféricos», compara Patti Smith.

Esa calavera-verso se convierte casi en la metáfora de la exposición de Arlés. «Es la magia de la poesía o de las letras de canciones, como I am the walrus, you are the eggman [Yo soy la morsa, tú eres el hombre huevo, de una canción de los Beatles]. ¿Qué significa? Da igual, de alguna manera conecta puntos de luz… Necesitamos misterio en la vida». Unos puntos de luz que ella y Soundwalk diseminan en dos largas mesas casi de forense o de investigación policial (tienen algo de eso): sobre ellas despliegan imágenes de esculturas griegas, poemas y textos de la propia Smith, fotogramas descartados de Tarkovski o Jean-Luc Godard (además de algunas notas de sus cuadernos), una foto sepia del cadáver de Pasolini, una estatuilla romana del siglo I, miniaturas de cráneos de animales…

'Correspondences'  de Soundwalk Collective y Patti Smith.
‘Correspondences’ de Soundwalk Collective y Patti Smith.Victor&Simon-Joana Luz

Alrededor, el azul del Mediterráneo inunda las cinco pantallas: ánforas romanas sumergidas en el fondo marino, rocas brutales que casi parecen meteoritos, travellings de vértigo sobre las olas… Al cabo de unos minutos las pantallas arden con incendios incontrolados: árboles devorados por las llamas, un infierno dantesco que arrasa montañas y campos. «Nací en Chicago en 1946. Stéphan ha buscado material de archivo de los incendios forestales que han ocurrido a lo largo de mi vida. En 80 años, que cumpliré este diciembre, millones y millones de hectáreas se han quemado. Casi todos los fuegos han sido provocados por el ser humano, por pirómanos o descuido. También hacemos un repaso de todas las especies animales extinguidas en este tiempo…», suspira Smith por los bosques de Las Landas y las sequoyas de California, por el guepardo asiático o el cormorán de Pallas. Y enseguida añade: «Pero en cada pieza hay, espero, un elemento espiritual. No somos documentalistas. Y la naturaleza, en esencia, es espiritual. Cuando eres pequeño te dicen: Dios está en todas partes. La naturaleza es eso también».

Para terminar su día español, Smith promete viajar a Oviedo en el mes de octubre para recoger el Premio Princesa Asturias, incluso anda pensando en un proyecto artístico en Madrid para 2027, pero considera que todavía es pronto para adelantar detalles. Y se despide así, con una cálida sonrisa y un mensaje genérico a los españoles: «Sé que en España me queréis mucho, yo también a vosotros».

 Noticias de Cultura 

De interes