«Les tocó en suerte una época extraña», reza el primero de los versos del poema Juan López y John Ward de, quién si no, Borges. Un poco más abajo se lee: «Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel». No es difícil deducir que se habla de la guerra de las Malvinas, que se habla de dos desconocidos condenados de manera absurda a odiarse y matarse incluso, que se habla «de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos». Lo que probablemente nunca imaginó el propio autor (escéptico como pocos del fútbol y sus rituales histéricos) es que su poema acabaría con el paso del tiempo hablando también de, precisamente, un partido de fútbol. Pero no de uno cualquiera, sino, con toda probabilidad, del más célebre de todos ellos. De hecho, el documental The Match, de Juan Cabral y Santiago Franco, termina con la lectura detenida del texto de Borges. Y, de repente, todo cobra sentido. Nada es lo que parece. Ni un simple partido es solo un partido. Ni un poema habla solo de lo que se supone que habla.
El documental de Juan Cabral y Santiago Franco irrumpe en Cannes para relatar la intrahistoria del mítico partido entre Argentina e Inglaterra del Mundial de 1986 y, de paso, componer un bellísimo relato, que también es metáfora, sobre los infinitos azares del destino
«Les tocó en suerte una época extraña«, reza el primero de los versos del poema Juan López y John Ward de, quién si no, Borges. Un poco más abajo se lee: «Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel». No es difícil deducir que se habla de la guerra de las Malvinas, que se habla de dos desconocidos condenados de manera absurda a odiarse y matarse incluso, que se habla «de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos». Lo que probablemente nunca imaginó el propio autor (escéptico como pocos del fútbol y sus rituales histéricos) es que su poema acabaría con el paso del tiempo hablando también de, precisamente, un partido de fútbol. Pero no de uno cualquiera, sino, con toda probabilidad, del más célebre de todos ellos. De hecho, el documental The Match, de Juan Cabral y Santiago Franco, termina con la lectura detenida del texto de Borges. Y, de repente, todo cobra sentido. Nada es lo que parece. Ni un simple partido es solo un partido. Ni un poema habla solo de lo que se supone que habla.
The Match, presentado hoy en el Festival de Cannes, cuenta con detalle, gusto, precisión y mucha emoción todo lo relativo a los cuartos de final del Mundial de México de 1986 que enfrentó a Inglaterra contra Argentina cuatro después de, precisamente, la guerra de Las Malvinas. Que si la mano de dios, que si el mejor gol de la historia del fútbol de campo a campo, que si Maradona por encima de todo, que si una afrenta histórica curada… Se diría que todo lo relativo a este encuentro es ya de sobra conocido sea en forma de relato histórico, de entrada en la wikipedia, de mito o de oración incluso. Y, sin embargo, lo que hacen los directores se antoja a la vez tan ortodoxo y claro como, contra todo pronóstico y contra la cansina omnipresencia del deporte de marras, extraordinariamente revelador. No se trata de una crónica ni de la consabida metáfora ni de un baño de nostalgia. Aunque algo de todo lo anterior hay, hay más: hay la puntual descripción de los infinitos azares de eso que el tiempo y el cansancio han dado en llamar destino. Suena tremendo y lo es.
De manera protocolaria, la película junta a algunos de los protagonistas del partido. Del lado argentino, Jorge Valdano, Óscar Ruggeri, Julio Olarticoechea y Jorge Burruchaga. Del inglés, Gary Lineker, Peter Shilton y el eléctrico John Barnes. Y desde ahí, en lo que quiere ser más güija que siempre conversación, los siete protagonistas del partido, aquél, y de The Match, éste, se las arreglan para confeccionar un tapiz apretado de casualidades, leyendas, recuerdos, mentiras también, misterios y secretos que a los avisados sorprenderá al verlas de golpe trenzadas con sentido, y a los legos (como el que firma) sencillamente dejará sin palabras.
Así, se cuenta la historia de la camiseta que se cambió a última hora por su excesivo peso en el rigor de un calor insoportable y que se sustituyó por una elástica improvisada a la que se cosieron los escudos de cualquier manera y se pegaron los números directamente extraídos del otro fútbol, el americano. Sotheby’s acabó subastando esa malleta custodiada por el defensa Terry Fenwick por más de siete millones de libras. Se cuenta eso y cada una de las liturgias (como la del caramelo enterrado en el campo) de un Bilardo, el entrenador, metódicamente supersticioso hasta la enfermedad. Eso y el modo en el que Olarticoechea fue fichado a última hora (no quería ir a la selección) en un peaje de una autopista por el irrendento y maniático entrenador. Se habla mucho de la mano de dios, pero poco del cabezazo in extremis de Olarticoechea que evitó el rematé de Lineker en el último suspiro del partido. La nuca de dios. Se cuenta todo eso y la historia de la fotografía delatora, y de cómo una simple tarjeta amarilla pudo ser el cómplice necesario del gol del siglo, y de la falta que no se pitó y del linier que no dijo nada y de… un milagro detrás de otro.
El resultado es un documental enfebrecido en su más estricta regularidad, bello por inaudito. «Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen./ El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender«, termina el poema de Borges. The Match hace que lo incompresible siga exactamente igual de ininteligible, pero mucho más claro.
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