Una noche accidentada en Washington

El comediante Stephen Colbert debió enterarse de la noticia de última hora por los periodistas que informaban con sus teléfonos móviles desde la cena de gala que se celebraba en un hotel de Washington. El famoso presentador de la cadena CBS, quien en sus monólogos ha criticado abiertamente al presidente Trump, había publicado en las redes sociales que no asistiría a la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca porque, para él, era hacerle el juego a un mandatario que sistemáticamente ataca y demoniza a los medios. Lo que no podía imaginar es que el evento iba a ser interrumpido por disparos que se produjeron en la recepción del hotel mientras los comensales probaban el primer plato antes de que, de acuerdo a la tradición, el presidente en ejercicio pronunciara unas palabras frente a los periodistas que a diario informan desde la capital política del país.

 El comediante Stephen Colbert debió enterarse de la noticia de última hora por los periodistas que informaban con sus teléfonos móviles desde la cena de gala que se celebraba en  

El comediante Stephen Colbert debió enterarse de la noticia de última hora por los periodistas que informaban con sus teléfonos móviles desde la cena de gala que se celebraba en un hotel de Washington. El famoso presentador de la cadena CBS, quien en sus monólogos ha criticado abiertamente al presidente Trump, había publicado en las redes sociales que no asistiría a la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca porque, para él, era hacerle el juego a un mandatario que sistemáticamente ataca y demoniza a los medios. Lo que no podía imaginar es que el evento iba a ser interrumpido por disparos que se produjeron en la recepción del hotel mientras los comensales probaban el primer plato antes de que, de acuerdo a la tradición, el presidente en ejercicio pronunciara unas palabras frente a los periodistas que a diario informan desde la capital política del país.

En medio del pánico y la confusión, los reporteros intentaban hacer directos a pesar de tener escasa información de lo que había sucedido. Lo poco que se sabía es que el servicio de seguridad había reducido al tirador y que tanto el presidente como los miembros de su gabinete, que también estaban en el salón junto a la primera dama, fueron evacuados del edificio y estaban a salvo. Ni Trump ni sus asesores llegaron a estar cerca de donde tuvo lugar el incidente, cuando irrumpió un hombre armado a pesar del fuerte dispositivo de seguridad que se había activado en el recinto.

Como en la película de Bob Fosse, All that jazz (Empieza el espectáculo), cuyo protagonista lleva por bandera el lema de que «El show debe seguir», en un primer momento la presidenta de corresponsales de la Casa Blanca, Wijia Jiang, comunicó a los periodistas retenidos en el salón que el acto iba a continuar. Pasado el susto, hasta el presidente quería regresar y no perderse un acontecimiento anual que en el pasado ha boicoteado, acusando a los medios de ser fabricantes de «fake news» y denostando a periodistas por hacerle preguntas que no son de su agrado. Para todos fue una sorpresa que en su segundo mandato accediera a asistir, pero en sus redes sociales Trump explicó su cambio de opinión: «…el hecho de que estos «corresponsales» ahora admiten que soy uno de los más grandes presidentes en la historia de nuestro país…». En su escrito también prometió que con su presencia la cena iba a ser «la más espectacular de todas»

Desde luego, tan accidentada velada pasará a la historia por otro supuesto intento de magnicidio en una nación donde este trauma colectivo no es una rareza, sino que forma parte de una pulsión violenta que se ha cobrado la vida de cuatro presidentes (Abraham Lincoln, James A. Garfield, William McKinley y John F. Kennedy), sin contar intentos de asesinatos como los que había sufrido Trump en otras dos ocasiones. Este último percance pone en evidencia la polarización en un país donde los más radicales, exaltados o con problemas mentales obtienen armas con tanta facilidad como el resto de la población.

Finalmente, el presidente compareció desde la Casa Blanca después de que, con buen juicio, se cancelara la gala. Y lo hizo en un tono conciliatorio y apelando a la unión. A fin de cuentas, en el salón de fiestas en el que cundió el pánico se habían reunido republicanos, demócratas, progresistas y periodistas de los más diversos medios. Además, anunció que

dentro de 30 días volverá a celebrarse la gala de corresponsales y que será incluso «más grande y superior». Nadie sabe mejor que Trump que «el show debe seguir».

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