Una semana de Grandes Ligas en Nueva York

Jeanc Rodríguez
X: @SBSPORTSMEDIA

NUEVA YORK – Hay viajes que se recuerdan por los lugares visitados y otros por las experiencias vividas. En mi caso, regresar a Nueva York el pasado fin de semana tuvo como protagonista el béisbol de Grandes Ligas y me permitió vivir cuatro partidos en dos de los escenarios deportivos más reconocidos de la ciudad: Yankee Stadium y Citi Field.

Fueron cuatro juegos en cinco días. Primero, la serie de tres encuentros entre los Toronto Blue Jays y los New York Yankees, del 21 al 23 de agosto en el Bronx. Luego, el martes 25, el viaje continuó hacia Queens para presenciar el primero de la serie entre los Milwaukee Brewers y los New York Mets.

(Foto/Suministrada)

Más allá de resultados, estadísticas y posiciones, la experiencia tuvo un componente especial: observar de cerca la presencia puertorriqueña en las Grandes Ligas. Heliot Ramos y Fernando Cruz con los Yankees, y Francisco Lindor con los Mets, fueron parte de una travesía que volvió a demostrar que, aun estando a más de 1,600 millas de Puerto Rico, nuestra isla continúa teniendo representación en los principales escenarios del béisbol.

Tres días de béisbol en el Bronx 

La primera parada fue el Yankee Stadium. Entrar a ese parque continúa teniendo un significado particular para cualquier persona que conozca la historia del béisbol. Las imágenes de las leyendas, los campeonatos y el peso de una franquicia que ha convertido su uniforme de rayas en uno de los símbolos deportivos más reconocidos del mundo forman parte de la experiencia mucho antes del primer lanzamiento.

El viernes, 21 de agosto, los Yankees abrieron la serie derrotando 3-1 a Toronto. Cam Schlittler limitó a los Blue Jays a una carrera durante seis entradas y Spencer Jones produjo el batazo grande de la noche con un cuadrangular de dos carreras en el segundo episodio. David Bednar completó el trabajo en el noveno para apuntarse su salvamento número 30 de la temporada.

Para Puerto Rico, uno de los atractivos estaba en el jardín de los Yankees. Heliot Ramos, quien llegó a Nueva York procedente de los San Francisco Giants a principios de agosto, conectó uno de los cuatro imparables de los Yankees en el encuentro. El puertorriqueño terminó de 3-1, continuando su proceso de adaptación a una organización donde cada turno al bate recibe una atención diferente.

Precisamente, observar a Ramos, natural de Maunabo, en uniforme de los Yankees fue uno de los elementos particulares de este viaje. Apenas un día antes del comienzo de la serie había conectado su primer doble productor con Nueva York en Baltimore. Su llegada al Bronx representa un nuevo capítulo para un jugador que todavía busca establecerse de manera consistente en las Grandes Ligas.

El sábado 22 cambió completamente el libreto. Toronto salió agresivo y terminó conectando 15 imparables para imponerse 4-3. Dylan Cease llevó un juego sin hits hasta la séptima entrada, cuando Jazz Chisholm Jr. finalmente rompió el intento. Los Yankees reaccionaron tarde y un cuadrangular de dos carreras de Luis García Jr. en el octavo redujo la diferencia a una carrera, pero Toronto consiguió preservar la victoria.

Fue una noche complicada ofensivamente para Ramos, quien terminó de 4-0 con tres ponches, pero incluso uno de sus turnos produjo una de esas situaciones particulares del béisbol moderno: un tercer strike cantado fue revertido mediante el sistema de reto de bolas y strikes.

Puerto Rico también estuvo representado desde el montículo. El derecho bayamonés Fernando Cruz trabajó 1.1 entradas de relevo por los Yankees, permitió apenas un imparable, no concedió carreras ni bases por bolas y ponchó a dos bateadores. Fue una actuación efectiva en medio de un partido en el que Nueva York necesitaba mantener el marcador al alcance de su ofensiva.

Ver a Cruz lanzar en Yankee Stadium tiene también un significado particular cuando se conoce su historia. Su camino hasta establecerse como relevista de Grandes Ligas estuvo lejos de ser convencional. Por eso, cada aparición suya en un escenario de esa magnitud representa mucho más que los números que finalmente aparecen en una hoja estadística.

El domingo 23 llegó el desenlace de la serie. Los Yankees rompieron un empate 2-2 con tres carreras en la sexta entrada y terminaron imponiéndose 8-3 ante 41,802 aficionados. Ben Rice remolcó dos carreras en ese episodio, Jazz Chisholm Jr. conectó un cuadrangular de dos anotaciones en el séptimo y Trent Grisham añadió otro vuelacercas en el octavo.

Nueva York ganó así dos de los tres partidos que pude presenciar en el Bronx. Pero mi experiencia con el béisbol neoyorquino todavía no había terminado.

Del Bronx a Queens

Después de tres días consecutivos en Yankee Stadium, el martes 25 de agosto tocó cambiar de tren, de uniforme, de liga y de escenario. El destino fue Citi Field.

(Foto/Suministrada)

Milwaukee llegaba a Nueva York con uno de los mejores récords de las Grandes Ligas y como líder de la División Central de la Liga Nacional. Los Mets, en cambio, atravesaban una temporada mucho más complicada. Sobre el terreno, sin embargo, las posiciones quedaron en segundo plano.

Y para un puertorriqueño presente en las gradas, la noche terminó teniendo un protagonista muy conocido: Francisco Lindor. El campocorto cagüeño ofreció una de esas actuaciones que permiten comprender por qué se ha convertido durante años en una de las principales figuras puertorriqueñas de las Grandes Ligas.

Milwaukee tomó ventaja 1-0, pero Lindor empató el partido en la quinta entrada con un cuadrangular. Luis Robert Jr. puso posteriormente a los Mets al frente, 2-1, antes de que Christian Yelich empatara el desafío en la novena entrada y obligara a jugar entradas extras.

Sin embargo, el aporte de Lindor no estuvo limitado al bate. En la novena entrada realizó una espectacular atrapada lanzándose de cabeza para evitar lo que podía convertirse en el batazo que colocara a Milwaukee al frente. Fue una de las jugadas más importantes del partido y otra muestra de la dimensión defensiva de su juego.

Entonces llegó la décima. Lindor comenzó el episodio como corredor fantasma en segunda base y terminó cruzando el plato con la carrera que decidió el partido. Un error defensivo de Milwaukee permitió que el boricua anotara y Citi Field explotó mientras los Mets celebraban una victoria 3-2.

Su línea final resumió la noche: dos hits, un cuadrangular, una carrera impulsada, dos anotadas y una base por bolas. Pero los números cuentan solamente una parte de lo sucedido. Lindor impactó el juego ofensivo, defensivo y, finalmente, anotando la carrera de la victoria.

Para cerrar cuatro juegos de Grandes Ligas durante el viaje, difícilmente podía existir un desenlace con mayor sabor puertorriqueño.

Una experiencia más allá del terreno 

Cubrir y presenciar el béisbol desde esta perspectiva permite apreciar elementos que muchas veces no transmite una pantalla.

Yankee Stadium y Citi Field ofrecen experiencias distintas. El primero carga inevitablemente con el peso de la historia. El segundo tiene una personalidad más moderna y una conexión muy particular con su fanaticada. Pero en ambos existe ese elemento que convierte al béisbol en mucho más que nueve entradas.

Para alguien vinculado profesionalmente al deporte y a las comunicaciones, observar también cómo se produce un espectáculo de Grandes Ligas resulta tan interesante como lo que sucede entre las líneas. Cada detalle, desde la presentación de los jugadores hasta el contenido en las pantallas, la música, las activaciones comerciales y la interacción con los aficionados, forma parte de una maquinaria diseñada para que el partido sea solamente el centro de una experiencia mucho más amplia.

Y en medio de todo eso estuvo Puerto Rico. Estuvo en el uniforme número 12 de Ramos patrullando los jardines del Yankee Stadium. Estuvo cuando Cruz recibió la pelota desde el bullpen para enfrentarse a Toronto. Y estuvo, de manera particularmente especial, en Citi Field cuando Lindor conectó la pelota sobre la verja, se lanzó para completar una gran jugada defensiva y finalmente cruzó el plato para dejar sobre el terreno a Milwaukee.

Cuatro partidos. Dos estadios. Dos franquicias de Nueva York. Y tres peloteros puertorriqueños observados desde una perspectiva que trasciende una simple hoja de estadísticas.

El viaje confirmó algo que quienes seguimos el béisbol desde Puerto Rico conocemos bien: nuestra isla podrá ser pequeña geográficamente, pero continúa encontrando la manera de hacerse sentir en los escenarios más grandes.

Esta vez tuve la oportunidad de comprobarlo desde las gradas y vivirlo personalmente en Nueva York. Fueron varias jornadas en las que el deporte volvió a ser el hilo conductor de una experiencia que fue mucho más allá del béisbol.

Porque la agenda deportiva no terminó en Yankee Stadium ni en Citi Field. Durante el viaje también tuve la oportunidad de visitar el USTA Billie Jean King National Tennis Center, hogar del US Open, y vivir de cerca el ambiente de uno de los cuatro torneos de Grand Slam del tenis mundial.

Y todavía queda otro capítulo muy especial por contar.

La ruta también me llevará hasta Cooperstown, un lugar prácticamente sagrado para quienes amamos el béisbol y hogar del National Baseball Hall of Fame and Museum. Esa experiencia merece su propia historia.

La próxima semana les contaré sobre mi visita a Cooperstown, un recorrido por la historia, las leyendas y la memoria del béisbol en un lugar que todo amante de este deporte debería visitar al menos una vez en su vida.

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 Jeanc Rodríguez X: @SBSPORTSMEDIA NUEVA YORK – Hay viajes que se recuerdan por los lugares visitados y otros por las experiencias vividas. En mi caso, regresar a Nueva York el pasado fin de semana tuvo como protagonista el béisbol de Grandes Ligas y me permitió vivir cuatro partidos en dos de los escenarios deportivos más reconocidos de
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Jeanc Rodríguez
X: @SBSPORTSMEDIA

NUEVA YORK – Hay viajes que se recuerdan por los lugares visitados y otros por las experiencias vividas. En mi caso, regresar a Nueva York el pasado fin de semana tuvo como protagonista el béisbol de Grandes Ligas y me permitió vivir cuatro partidos en dos de los escenarios deportivos más reconocidos de la ciudad: Yankee Stadium y Citi Field.

Fueron cuatro juegos en cinco días. Primero, la serie de tres encuentros entre los Toronto Blue Jays y los New York Yankees, del 21 al 23 de agosto en el Bronx. Luego, el martes 25, el viaje continuó hacia Queens para presenciar el primero de la serie entre los Milwaukee Brewers y los New York Mets.

(Foto/Suministrada)

Más allá de resultados, estadísticas y posiciones, la experiencia tuvo un componente especial: observar de cerca la presencia puertorriqueña en las Grandes Ligas. Heliot Ramos y Fernando Cruz con los Yankees, y Francisco Lindor con los Mets, fueron parte de una travesía que volvió a demostrar que, aun estando a más de 1,600 millas de Puerto Rico, nuestra isla continúa teniendo representación en los principales escenarios del béisbol.

Tres días de béisbol en el Bronx 

La primera parada fue el Yankee Stadium. Entrar a ese parque continúa teniendo un significado particular para cualquier persona que conozca la historia del béisbol. Las imágenes de las leyendas, los campeonatos y el peso de una franquicia que ha convertido su uniforme de rayas en uno de los símbolos deportivos más reconocidos del mundo forman parte de la experiencia mucho antes del primer lanzamiento.

El viernes, 21 de agosto, los Yankees abrieron la serie derrotando 3-1 a Toronto. Cam Schlittler limitó a los Blue Jays a una carrera durante seis entradas y Spencer Jones produjo el batazo grande de la noche con un cuadrangular de dos carreras en el segundo episodio. David Bednar completó el trabajo en el noveno para apuntarse su salvamento número 30 de la temporada.

Para Puerto Rico, uno de los atractivos estaba en el jardín de los Yankees. Heliot Ramos, quien llegó a Nueva York procedente de los San Francisco Giants a principios de agosto, conectó uno de los cuatro imparables de los Yankees en el encuentro. El puertorriqueño terminó de 3-1, continuando su proceso de adaptación a una organización donde cada turno al bate recibe una atención diferente.

Precisamente, observar a Ramos, natural de Maunabo, en uniforme de los Yankees fue uno de los elementos particulares de este viaje. Apenas un día antes del comienzo de la serie había conectado su primer doble productor con Nueva York en Baltimore. Su llegada al Bronx representa un nuevo capítulo para un jugador que todavía busca establecerse de manera consistente en las Grandes Ligas.

El sábado 22 cambió completamente el libreto. Toronto salió agresivo y terminó conectando 15 imparables para imponerse 4-3. Dylan Cease llevó un juego sin hits hasta la séptima entrada, cuando Jazz Chisholm Jr. finalmente rompió el intento. Los Yankees reaccionaron tarde y un cuadrangular de dos carreras de Luis García Jr. en el octavo redujo la diferencia a una carrera, pero Toronto consiguió preservar la victoria.

Fue una noche complicada ofensivamente para Ramos, quien terminó de 4-0 con tres ponches, pero incluso uno de sus turnos produjo una de esas situaciones particulares del béisbol moderno: un tercer strike cantado fue revertido mediante el sistema de reto de bolas y strikes.

Puerto Rico también estuvo representado desde el montículo. El derecho bayamonés Fernando Cruz trabajó 1.1 entradas de relevo por los Yankees, permitió apenas un imparable, no concedió carreras ni bases por bolas y ponchó a dos bateadores. Fue una actuación efectiva en medio de un partido en el que Nueva York necesitaba mantener el marcador al alcance de su ofensiva.

Ver a Cruz lanzar en Yankee Stadium tiene también un significado particular cuando se conoce su historia. Su camino hasta establecerse como relevista de Grandes Ligas estuvo lejos de ser convencional. Por eso, cada aparición suya en un escenario de esa magnitud representa mucho más que los números que finalmente aparecen en una hoja estadística.

El domingo 23 llegó el desenlace de la serie. Los Yankees rompieron un empate 2-2 con tres carreras en la sexta entrada y terminaron imponiéndose 8-3 ante 41,802 aficionados. Ben Rice remolcó dos carreras en ese episodio, Jazz Chisholm Jr. conectó un cuadrangular de dos anotaciones en el séptimo y Trent Grisham añadió otro vuelacercas en el octavo.

Nueva York ganó así dos de los tres partidos que pude presenciar en el Bronx. Pero mi experiencia con el béisbol neoyorquino todavía no había terminado.

Del Bronx a Queens

Después de tres días consecutivos en Yankee Stadium, el martes 25 de agosto tocó cambiar de tren, de uniforme, de liga y de escenario. El destino fue Citi Field.

(Foto/Suministrada)

Milwaukee llegaba a Nueva York con uno de los mejores récords de las Grandes Ligas y como líder de la División Central de la Liga Nacional. Los Mets, en cambio, atravesaban una temporada mucho más complicada. Sobre el terreno, sin embargo, las posiciones quedaron en segundo plano.

Y para un puertorriqueño presente en las gradas, la noche terminó teniendo un protagonista muy conocido: Francisco Lindor. El campocorto cagüeño ofreció una de esas actuaciones que permiten comprender por qué se ha convertido durante años en una de las principales figuras puertorriqueñas de las Grandes Ligas.

Milwaukee tomó ventaja 1-0, pero Lindor empató el partido en la quinta entrada con un cuadrangular. Luis Robert Jr. puso posteriormente a los Mets al frente, 2-1, antes de que Christian Yelich empatara el desafío en la novena entrada y obligara a jugar entradas extras.

Sin embargo, el aporte de Lindor no estuvo limitado al bate. En la novena entrada realizó una espectacular atrapada lanzándose de cabeza para evitar lo que podía convertirse en el batazo que colocara a Milwaukee al frente. Fue una de las jugadas más importantes del partido y otra muestra de la dimensión defensiva de su juego.

Entonces llegó la décima. Lindor comenzó el episodio como corredor fantasma en segunda base y terminó cruzando el plato con la carrera que decidió el partido. Un error defensivo de Milwaukee permitió que el boricua anotara y Citi Field explotó mientras los Mets celebraban una victoria 3-2.

Su línea final resumió la noche: dos hits, un cuadrangular, una carrera impulsada, dos anotadas y una base por bolas. Pero los números cuentan solamente una parte de lo sucedido. Lindor impactó el juego ofensivo, defensivo y, finalmente, anotando la carrera de la victoria.

Para cerrar cuatro juegos de Grandes Ligas durante el viaje, difícilmente podía existir un desenlace con mayor sabor puertorriqueño.

Una experiencia más allá del terreno 

Cubrir y presenciar el béisbol desde esta perspectiva permite apreciar elementos que muchas veces no transmite una pantalla.

Yankee Stadium y Citi Field ofrecen experiencias distintas. El primero carga inevitablemente con el peso de la historia. El segundo tiene una personalidad más moderna y una conexión muy particular con su fanaticada. Pero en ambos existe ese elemento que convierte al béisbol en mucho más que nueve entradas.

Para alguien vinculado profesionalmente al deporte y a las comunicaciones, observar también cómo se produce un espectáculo de Grandes Ligas resulta tan interesante como lo que sucede entre las líneas. Cada detalle, desde la presentación de los jugadores hasta el contenido en las pantallas, la música, las activaciones comerciales y la interacción con los aficionados, forma parte de una maquinaria diseñada para que el partido sea solamente el centro de una experiencia mucho más amplia.

Y en medio de todo eso estuvo Puerto Rico. Estuvo en el uniforme número 12 de Ramos patrullando los jardines del Yankee Stadium. Estuvo cuando Cruz recibió la pelota desde el bullpen para enfrentarse a Toronto. Y estuvo, de manera particularmente especial, en Citi Field cuando Lindor conectó la pelota sobre la verja, se lanzó para completar una gran jugada defensiva y finalmente cruzó el plato para dejar sobre el terreno a Milwaukee.

Cuatro partidos. Dos estadios. Dos franquicias de Nueva York. Y tres peloteros puertorriqueños observados desde una perspectiva que trasciende una simple hoja de estadísticas.

El viaje confirmó algo que quienes seguimos el béisbol desde Puerto Rico conocemos bien: nuestra isla podrá ser pequeña geográficamente, pero continúa encontrando la manera de hacerse sentir en los escenarios más grandes.

Esta vez tuve la oportunidad de comprobarlo desde las gradas y vivirlo personalmente en Nueva York. Fueron varias jornadas en las que el deporte volvió a ser el hilo conductor de una experiencia que fue mucho más allá del béisbol.

Porque la agenda deportiva no terminó en Yankee Stadium ni en Citi Field. Durante el viaje también tuve la oportunidad de visitar el USTA Billie Jean King National Tennis Center, hogar del US Open, y vivir de cerca el ambiente de uno de los cuatro torneos de Grand Slam del tenis mundial.

Y todavía queda otro capítulo muy especial por contar.

La ruta también me llevará hasta Cooperstown, un lugar prácticamente sagrado para quienes amamos el béisbol y hogar del National Baseball Hall of Fame and Museum. Esa experiencia merece su propia historia.

La próxima semana les contaré sobre mi visita a Cooperstown, un recorrido por la historia, las leyendas y la memoria del béisbol en un lugar que todo amante de este deporte debería visitar al menos una vez en su vida.

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