Zelenski sacrifica al arquitecto de la revolución de los drones y abre una crisis dentro del poder

La remodelación con la que Volodímir Zelenskipretendía relanzar el Gobierno ucraniano ha terminado abriendo una crisis que puede ayudar a Rusia en su invasión. La dimisión de la primera ministra Yulia Svyrydenko hizo caer a todo el Ejecutivo y permitió al presidente formar un gabinete encabezado por Sergii Koretskyi, hasta ahora al frente de Naftogaz. Pero el cambio más traumático ha sido la salida de Mykhailo Fedorov, ministro de Defensa durante apenas seis meses, enfrentado con la cúpula militar por la movilización, las compras de armamento y el mando del ejército.

 El destituido Mykhailo Fedorov acusa al jefe del Ejército de bloquear sus reformas como ministro de Defensa y desafía públicamente al presidente  

La remodelación con la que Volodímir Zelenski pretendía relanzar el Gobierno ucraniano ha terminado abriendo una crisis que puede ayudar a Rusia en su invasión. La dimisión de la primera ministra Yulia Svyrydenko hizo caer a todo el Ejecutivo y permitió al presidente formar un gabinete encabezado por Sergii Koretskyi, hasta ahora al frente de Naftogaz. Pero el cambio más traumático fue la salida de Mykhailo Fedorov, ministro de Defensa durante apenas seis meses, enfrentado con la cúpula militar por la movilización, las compras de armamento y el mando del Ejército. El nuevo Gobierno ya ha sido aprobado por el Parlamento, pero sigue sin ministro de Defensa, precisamente la cartera que ha desencadenado la mayor crisis política interna desde el inicio de la invasión.

Fedorov rechazó la oferta de continuar como asesor presidencial y respondió con una comparecencia inédita en plena guerra. Reveló que había pedido a Zelenski sustituir tanto al comandante en jefe, Oleksandr Syrskyi, como al jefe del Estado Mayor, Andrii Hnatov. «No tenemos otra opción si queremos derrotar al enemigo de forma asimétrica y con pérdidas mínimas», afirmó. Acusó a Syrskyi de bloquear sistemáticamente sus reformas, de responder con ultimátums y de haber encontrado «la forma de dividir el país» en lugar de concentrarse en derrotar a Rusia. También lanzó un reproche directo al presidente: «Un presidente no debería ponerse del lado del ministro o del comandante en jefe». Aunque reconoció el papel decisivo de Syrskyi en la defensa de Kiev y la contraofensiva de Jarkov de 2022, insistió en que la guerra ha cambiado por completo y que Ucrania necesita un liderazgo militar adaptado a la era de los drones.

El enfrentamiento entre ambos iba mucho más allá de una rivalidad personal. Y llega en un momento especialmente delicado. Ucrania había recuperado cierta iniciativa gracias a la campaña de ataques de largo alcance contra objetivos militares rusos y al creciente peso de los drones en el campo de batalla. Con su creciente presidencialismo, Zelenski ha transformado una de sus mayores fortalezas políticas en un problema creado por él mismo.

Durante meses ambos chocaron por la movilización, las compras militares y el reparto del poder dentro de las Fuerzas Armadas. Fedorov intentó convencer a Zelenski de que el Ejército necesitaba un nuevo liderazgo; el presidente optó por mantener al comandante en jefe y sacrificar al ministro.

La tensión había ido creciendo desde la llegada de Fedorov al Ministerio de Defensa en enero. Con apenas 35 años, era el responsable de Diia, la aplicación que convirtió a Ucrania en uno de los Estados más digitalizados del mundo. Tras la invasión había impulsado el desarrollo del llamado «Ejército de Drones» y llegó convencido de que podía transformar el funcionamiento de las Fuerzas Armadas del mismo modo que había transformado la administración pública: introduciendo competencia entre proveedores, eliminando burocracia y acelerando la innovación de la mano del mercado.

Aunque ha durado poco en el cargo, el ministro saliente del huella porque en apenas seis meses lanzó una actividad frenética. Ordenó auditorías sobre contratos y brigadas, abrió parte de las compras a licitaciones públicas, impulsó nuevas herramientas digitales para soldados y reservistas y aseguró haber reducido un 16% el coste de los proyectiles de 155 milímetros gracias a un sistema más competitivo. Potenció Brave1 como gran plataforma de innovación militar y aceleró la producción de drones de ataque, interceptores y sistemas no tripulados que se han convertido en una de las principales ventajas de Ucrania frente a Rusia.

También presentó una profunda reforma de la movilización con mejores salarios para la infantería, contratos temporales, incentivos al reclutamiento, incorporación de extranjeros y una vía para reincorporar a miles de militares ausentes sin recurrir automáticamente al castigo penal. Pero su estilo también generó enemigos: críticos dentro del Ejército reconocían sus avances en drones y digitalización, aunque cuestionaban que un civil sin experiencia militar pretendiera reorganizar una institución inmersa en una guerra existencial. Fedorov, por su parte, terminó convencido de que la resistencia no respondía sólo a diferencias técnicas, sino al rechazo de una parte del alto mando a perder influencia sobre las compras, los recursos y la organización del Ejército. Él mismo admitió que quizá no siempre supo explicar sus reformas, pero ha sido testarudo hasta el final nunca renunció a ellas.

Su salida ha provocado una reacción poco habitual en un país en guerra. Miles de personas se manifestaron en Kiev, Leópolis, Jarkiv, Dnipro, Odesa y otras ciudades para exigir su restitución. Entre los manifestantes había veteranos, voluntarios y militares vinculados a las unidades tecnológicas que consideran a Fedorov el símbolo de la modernización del Ejército. También dimitieron varios altos responsables relacionados con la guerra con drones, mientras parte de la sociedad civil convirtió el relevo en un debate sobre el futuro de las Fuerzas Armadas.

A diferencia que en Rusia, en Ucrania los medios tienen capacidad de criticar al gobierno y medios como el ‘Kyiv Independent’ sostienen que el presidente corre el riesgo de convertir una etapa favorable de la guerra en una crisis interna que desvíe la atención de los problemas de Rusia hacia las divisiones dentro del propio poder ucraniano. Al fin y al cabo, la principal ventaja estratégica de Ucrania ya no reside en tener más hombres o más artillería, sino en innovar más deprisa que Rusia, precisamente el terreno que mejor representaba Fedorov.

El nuevo primer ministro, Sergii Koretskyi, llega con un perfil muy distinto. Procedente del sector energético y de la gestión de Naftogaz, ha prometido concentrarse en sostener la economía, garantizar el funcionamiento del sistema energético y mantener el esfuerzo bélico. Su Gobierno transmite una imagen de estabilidad y gestión en una guerra larga. Pero la principal decisión sigue pendiente. Ucrania tiene ya un nuevo Ejecutivo, aunque continúa sin ministro de Defensa. Zelenski ha reorganizado todo el Gobierno sin resolver todavía el conflicto que provocó la mayor crisis política de su mandato desde el inicio de la invasión rusa.

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