Cinco meses después de que Estados Unidos e Israel lanzaran una guerra contra Irán que acabó con el líder supremo del país, el ayatolá Ali Jamenei, su sucesor sigue siendo un gran desconocido para el gran público. Mojtaba Jamenei, hijo del antiguo jefe de Estado, asumió las riendas del país a principios de marzo, pero no ha participado en ningún acto, ni ha emitido ningún mensaje de vídeo o audio que pruebe su estado de salud. Por el momento se comunica por carta sobre los grandes asuntos de Estado, pese a que el conflicto con Washington se encuentra enquistado desde que ambos países firmaron un Memorando de Entendimiento en junio.
Los expertos apuntan que los cambios también buscan crear un contrapeso en el aparato del régimen, ante la creciente influencia de Mohammad Bagher Qalibaf, que lidera las negociaciones con Washington
Cinco meses después de que Estados Unidos e Israel lanzaran una guerra contra Irán que acabó con el líder supremo del país, el ayatolá Ali Jamenei, su sucesor sigue siendo un gran desconocido para el gran público. Mojtaba Jamenei, hijo del antiguo jefe de Estado, asumió las riendas del país a principios de marzo, pero no ha participado en ningún acto, ni ha emitido ningún mensaje de vídeo o audio que pruebe su estado de salud. Por el momento se comunica por carta sobre los grandes asuntos de Estado, pese a que el conflicto con Washington se encuentra enquistado desde que ambos países firmaron un Memorando de Entendimiento en junio.
La situación regional oscila entre los ataques cruzados y los intentos de regresar a la mesa de negociaciones, con ambos bandos acumulando exigencias y pidiendo reparaciones por la guerra. En el último episodio de las tensiones, el presidente estadounidense, Donald Trump, exigió a Irán una «compensación por todas las personas que han matado y herido gravemente», mientras las tensiones continúan acumulándose en el mar Rojo, donde una milicia aliada de Teherán, los hutíes de Yemen, han impuesto un bloqueo naval contra Arabia Saudí. Este martes lanzaron un ataque contra un buque con bandera de Tanzania, que en principio no tiene ninguna vinculación con Riad, causando la muerte de cuatro tripulantes. Se trata del mayor ataque hutí desde que se desató la guerra contra Irán en febrero.
En medio de este clima, Mojtaba Jamenei ha sorprendido con una reestructuración del aparato de seguridad del país, dando un giro intransigente con el nombramiento de figuras veteranas de la Guardia Revolucionaria en puestos clave que pueden tener un impacto en las decisiones sobre el Estrecho de Ormuz. La vía marítima clave para el comercio mundial por la que transita el 20% de petróleo y otros materiales se ha convertido en una herramienta de disuasión para Teherán, que busca ahora establecer un control permanente de sus aguas con un nuevo pacto con Omán.
Los expertos apuntan que los cambios en altos cargos de seguridad también buscan crear un contrapeso en el aparato del régimen, especialmente para contrarrestar a Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento que ha liderado las negociaciones con Washington, una figura que ha cobrado gran protagonismo en medio de la guerra y ante la ausencia pública del líder supremo.
El cambio más destacado es el nombramiento de Mohsen Rezaei, ex comandante de la Guardia Revolucionaria y estrecho aliado de Jamenei, como nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Esta institución es el máximo órgano decisorio en materia de seguridad nacional y exterior. Compuesto por altos cargos políticos y judiciales designados por el líder supremo- tiene un papel fundamental en las decisiones del conflicto con Estados Unidos y también sobre el programa nuclear del país. En junio, aprobó el Memorando de Entendimiento, que abrió una ventana de 60 días para negociar los principales escollos de la guerra, un acuerdo que parece haber hecho aguas debido a los constantes choques militares con Washington.
Rezaei ha sido contundente con su postura sobre el conflicto, mostrando su oposición a la firma del Memorando de junio. Hace poco se pronunció sobre la importancia de mantener el control del Estrecho de Ormuz, cuyo valor es más importante «que decenas de bombas atómicas». En abril, también fue una de las figuras que rechazó un alto el fuego con Washington, al considerarlo una concesión «con el enemigo». «Esta es mi opinión personal. Corresponde a las autoridades decidir sobre esto, pero me opongo absolutamente a que continúe el alto el fuego», declaró. «Una tregua sólo debe tener lugar después de que se hayan alcanzado los acuerdos».
Rezaei lideró la Guardia Revolucionaria durante 16 años, en los que destacan la guerra contra Irak, donde se formaron los comandantes que ahora ocupan cargos de poder en Irán. También se le atribuye un gran papel en la creación de la milicia chií Hizbulá cuando en los años 80 formó los primeros campos de combatientes en el valle de Bekaa, bastión actual del grupo en el este del Líbano.
Otro de los grandes cambios en el aparato de seguridad es el regreso de Hossein Taeb, ex jefe de los servicios de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria, como líder de los Basij, la milicia paramilitar encargada de la represión de la sociedad civil. Dirigió la mano dura contra las protestas postelectorales de 2009, por lo que su nombramiento ha sido interpretado como un intento de Jamenei de evitar que se repita otro escenario como las movilizaciones antigubernamentales de enero. En las Fuerzas Armadas también ha habido otro cambio significativo, con el nombramiento de Ali Abdullahi como jefe del Estado Mayor. También cercano a la figura del líder supremo, su llegada al cargo ha sido interpretada como un intento de centralizar aún más el mando y la coordinación militar.
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