Vladimir Putin amenazó este miércoles con capturar buques mercantes vinculados a países europeos allí donde Rusia lo considere conveniente si la UE continúa incautando barcos relacionados con Moscú y vendiendo sus cargamentos: «Esto no es más que piratería y bandidaje. Si realmente se lleva a la práctica, nos veremos obligados a responder de la misma manera», declaró Putin durante unas maniobras de la Flota del Pacífico frente a la isla rusa de Sajalin.
Moscú responderá «de la misma manera» a la incautación de buques rusos por parte de países de la UE
Vladimir Putin amenazó este miércoles con capturar buques mercantes vinculados a países europeos allí donde Rusia lo considere conveniente si la UE continúa incautando barcos relacionados con Moscú y vendiendo sus cargamentos: «Esto no es más que piratería y bandidaje. Si realmente se lleva a la práctica, nos veremos obligados a responder de la misma manera», declaró Putin durante unas maniobras de la Flota del Pacífico frente a la isla rusa de Sajalin.
Rusia no puede actuar como un corsario global, pero sí puede tomar un rehén marítimo cuidadosamente elegido. Mientras sus tropas siguen luchando por apropiarse de más territorio ucraniano, el presidente ruso añadió que las represalias no tendrían que producirse en las mismas aguas donde sean detenidos los barcos relacionados con Rusia. «Ocurrirá allí donde lo consideremos necesario y apropiado», afirmó, según la agencia estatal TASS.
Esta nueva amenaza coincide con un nuevo ataque ucraniano contra Novorossiysk, el puerto al que Rusia tuvo que replegar buena parte de su flota desde Sebastopol. Putin hablaba a bordo del crucero lanzamisiles Varyag, rodeado por la cúpula de la Flota del Pacífico. El detonante de su última invectiva es el endurecimiento de la campaña europea contra la llamada flota fantasma rusa, una red de petroleros antiguos, con propietarios opacos, seguros dudosos y frecuentes cambios de bandera. Estos barcos permiten a Moscú exportar petróleo y eludir las sanciones impuestas por la invasión de Ucrania. El último paquete de sanciones de la UE añadió otros 41 buques a una lista que supera ya los 670. La presión comienza además a pasar de las listas negras a las intervenciones físicas. Reino Unido capturó en junio el petrolero Smyrtos en el Canal de la Mancha. Francia, Bélgica y Suecia han realizado operaciones similares. Este mes, una fuerza naval europea abordó en el Mediterráneo el Toa Payoh para comprobar su bandera y su documentación, aunque no pudo confiscarlo porque carecía de mandato para hacerlo.
El comandante de la Flota del Pacífico, el almirante Viktor Liina, explicó ante Putin que sus fuerzas habían realizado un «análisis detallado» del tráfico marítimo junto a las islas Kuriles. Entre el 24 de abril y el 6 de agosto pasaron por la zona 1.001 barcos. De ellos, 379 navegaban bajo banderas de países considerados «hostiles» por Moscú, incluidos 26 británicos y nueve franceses. «Sabemos sus rutas, qué transportan y a quién pertenecen», aseguró Liina. El almirante afirmó que Rusia dispone de medios para inspeccionar y detener barcos de países hostiles, incluidos aquellos que navegan bajo banderas de terceros Estados. Es la respuesta rusa al concepto europeo de flota fantasma: Moscú insinúa que también puede considerar sospechoso cualquier buque controlado por una empresa occidental aunque formalmente pertenezca a otro país.
¿Son estas amenazas trata de un nuevo farol de Putin? Sólo parcialmente. Rusia carece de la flota de superficie, las bases y la capacidad logística necesarias para lanzar una campaña de confiscaciones por todo el planeta. En el Atlántico o el Mediterráneo tendría dificultades para actuar sin encontrarse frente a fuerzas occidentales muy superiores. Además, la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que un barco correctamente registrado permanece bajo la jurisdicción de su Estado de bandera cuando navega en alta mar o por una zona económica exclusiva. Las operaciones europeas se han apoyado principalmente en la existencia de banderas falsas, documentos manipulados, ausencia de nacionalidad efectiva o infracciones de seguridad. Rusia no puede registrar legalmente un carguero británico o francés sólo por considerarlo hostil. Pero esto no significa que la amenaza sea inocua: en un momento dado Moscú puede escoger un barco aislado cerca de las Kuriles, en el Ártico, dentro de sus aguas territoriales o cuando entre en un puerto ruso. Con motivos fabricados, puede alegar irregularidades ambientales, aduaneras o documentales, obligarlo a desviarse, abrir una investigación y retenerlo durante meses. Una sola captura elevaría el coste de los seguros, alteraría rutas comerciales y obligaría a Europa a decidir hasta dónde está dispuesta a responder.
Rusia conserva submarinos, misiles Kalibr, aviación naval, minas y fuerzas importantes en el Ártico y el Pacífico, por lo que la amenaza de Putin no es puramente retórica. El régimen ruso ya ha demostrado que la intimidación naval puede funcionar. Después de que Estonia intentara detener un petrolero sin bandera válida en 2025, Moscú envió un caza Su-35 y escoltó el barco hasta aguas rusas. Desde entonces mantiene patrullas militares junto a las rutas petroleras del golfo de Finlandia. La armada estonia ha reconocido que el riesgo de una escalada militar dificulta nuevas intervenciones.
Resulta revelador que Putin haya dirigido su amenaza contra Europa y no contra Estados Unidos, pese a que Washington ya capturó el petrolero Marinera, que navegaba con bandera rusa. El Kremlin parece elegir como destinatario a un adversario más dividido y más sensible al peligro de una confrontación directa.
Hay otra paradoja difícil de ocultar: Putin amenaza con capturar mercantes europeos «allí donde Rusia lo considere necesario» justo cuando su Armada ha sufrido en el mar Negro la derrota estratégica más clara de la guerra. Ucrania, sin una flota convencional comparable, ha destruido o dañado al menos 25 unidades rusas, incluido el ya famoso crucero Moskva; ha reducido drásticamente la capacidad anfibia de Moscú y ha obligado a trasladar el grueso de la Flota del Mar Negro desde Sebastopol hasta Novorossiysk. Este último puerto, convertido en refugio de los buques rusos, fue atacado de nuevo este miércoles con drones, misiles y embarcaciones no tripuladas ucranianas.
Moscú presenta la aplicación de sanciones comerciales como una ofensiva militar y utiliza la posibilidad de capturar barcos como instrumento de disuasión. Putin aprovechó las maniobras de Sajalín para acusar además a la OTAN de extenderse por Asia-Pacífico y aumentar la tensión en el Ártico. «Se están formando nuevos bloques político-militares y se despliegan nuevos sistemas de armas que representan una amenaza para Rusia», afirmó
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