Buscando un equilibrio que calme las calles y no le cueste más capital político, Volodimir Zelenski destituyó el martes por la noche al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, el veterano Oleksandr Syrskyi, y nombró en su lugar al general Mykhailo Drapatyi, un reformista hasta ahora al frente de las Fuerzas Conjuntas. El relevo culmina una semana de crisis política y militar desencadenada por la destitución del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, que provocó las mayores protestas registradas en Ucrania desde el comienzo de la invasión rusa.
El presidente ucraniano entrega el mando a Mykhailo Drapatyi, un general reformista de 43 años, pero deja pendiente la reforma de las brigadas, las rotaciones y el sistema de reclutamiento
Buscando un equilibrio que calme las calles y no le cueste más capital político, Volodimir Zelenski destituyó el martes por la noche al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, el veterano Oleksandr Syrskyi, y nombró en su lugar al general Mykhailo Drapatyi, un reformista hasta ahora al frente de las Fuerzas Conjuntas. El relevo culmina una semana de crisis política y militar desencadenada por la destitución del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, que provocó las mayores protestas registradas en Ucrania desde el comienzo de la invasión rusa.
Con este movimiento, que implica un cambio generacional, el presidente responde a una de las principales exigencias de los manifestantes, pero mantiene fuera del Gobierno al ministro cuya destitución desencadenó la crisis y deja abiertas las incógnitas sobre el futuro de la reforma profunda del Ejército. De momento cambian más caras: ha sustituido también al jefe del Estado Mayor de Ucrania, en el marco de una nueva reorganización militar que podría quedarse sólo en los nombres.
En su mensaje anunciando el relevo, Zelenski aseguró que, junto a Drapatyi, el ministro de Defensa en funciones, Yevhen Khmara, y el jefe adjunto de la Oficina Presidencial, Pavlo Palisa, ya ha definido «cómo debe renovarse la estructura del Estado Mayor», al tiempo que agradeció a Syrskyi su histórico papel en «la defensa de Kiev, la contraofensiva de Járkiv y la operación de Kursk». Drapatyi, de 42 años, pertenece a una generación de oficiales cuya carrera se ha desarrollado durante la guerra contra Rusia y había aparecido en los últimos días entre los principales candidatos para sustituir al comandante saliente. La nueva mano derecha de Drapatyi, Ihor Skybiuk, combatió «hombro con hombro» con Drapatyi, recordó el presidente Ucraniano.
La sustitución al frente del ejército es el mayor cambio de la estructura militar en vigor desde el invierno de 2024, cuando Syrskyi sustituyó al —demasiado— popular Valerii Zaluzhny. La decisión modifica el tono de la crisis, pero no garantiza su final: el viernes volverán las manifestaciones en Kiev y otras ciudades demandando que vuelva el reformista Fedorov al frente del ministerio. Pero Zelenski, que trata de neutralizar las acusaciones de inflexible, tampoco quiere quedar como un blando que da marcha atrás. La popularidad de Fedorov se ha disparado en las últimas horas y ya supera Zelenski.
Si el ex ministro Fedorov cree en los algoritmos y la eficacia, el destituido Syrskyi veneró siempre el valor y el sacrificio. Sin valentía no hubiese sido posible defender Kiev y Jarkiv en los primeros días de la guerra, cuando Ucrania parecía condenada. Pero después llegaron misiones casi suicidas como la incursión en Kursk, de donde no salieron a tiempo pagando un alto precio en soldados con unos resultados discutibles. La herramienta digital y su chorro de datos fríos choca con la escuela soviética, que combina obediencia ciega con picaresca a la hora de maquillar informes o pervertir contratos de suministro para lucrarse. Las dos corrientes tienen apoyos en el ejército y en el sector privado, están entreveradas y tienen matices: en 2022 Ucrania resistió con una mezcla del valor de los abuelos que lucharon contra Hitler y el esquema descentralizado que aprendieron de la OTAN los nietos que ahora empuñan las armas contra Rusia.
El viejo Syrskyi y el enérgico Fedorov llevaban meses tratando de eliminarse mutuamente y han acabado ambos en la cuneta de la política ucraniana. Durante estos días el equipo del presidente ha tratado de lograr la cuadratura del círculo. Fedorov rechazó el fin de semana varias propuestas de Zelenski para regresar al Gobierno con otras responsabilidades y mantuvo que sólo aceptaría volver al Ministerio de Defensa, convencido de que la transformación del Ejército no puede llevarse a cabo sin el control del presupuesto, la contratación y la relación con el Estado Mayor. Syrskyi abandonó el cargo reivindicando que entrega a su sucesor «un Ejército que no sólo mantiene la defensa, sino que también está a la ofensiva», y aseguró que las Fuerzas Armadas han recuperado este año unos 700 kilómetros cuadrados de territorio. Fedorov es popular, pero Syrskyi tenía las conexiones y una cierta ascendencia sobre Zelenski, que aunque anhela un ejército eficaz aprecia a los militares capaces de acatar algunas veces órdenes políticas con menor valor militar.
«El régimen de Kiev se tambalea», se ufanó el portavoz del Kremlin sobre la marcha de Syrskyi. En Moscú, donde todavía no han logrado armar un plan para la creciente oleada de drones enemigos, se ha contemplado cada capítulo de las turbulencias ucranianas de estos días con algo de satisfacción. Sobre todo la marcha del defenestrado ministro de Defensa, un hombre de números había cambiado el signo de la guerra en contra de Rusia. Los ucranianos ya no retroceden heroicamente, sino que avanzan. Siguen buscando cada semana a sus muertos entre los escombros, pero desarmando la logística rusa en la retaguardia, que ahora es también una zona de muerte, mientras derriten las refinerías rusas causando crisis de gasolina. Ahora además están cortocircuitando la normalidad comercial rusa arrasando los almacenes de los gigantes rusos de las compras por internet. La guerra de Ucrania se siente más en Rusia que nunca, y el mérito ya no es sólo de las sanciones occidentales sino del ejército ucraniano. A los ucranianos les gusta calificar ahora sus misiles y drones como «sanciones de largo alcance». Con esta crisis abierta en el ejército, Zelenski se arriesga a perder la iniciativa.
Los ucranianos se han echado a la calle porque saben que queda en el aire una reforma para lograr un ejército que con menos consiga más sin exigir tanto sacrificio de vidas y sufrimiento. Una de las prioridades del dinámico Fedorov era reducir el agotamiento de las tropas. El analista Jack Watling, del Royal United Services Institute (RUSI), explica que los propios inspectores militares ucranianos consideraban que un soldado no debía permanecer más de 40 días seguidos en primera línea. Sin embargo, muchos combatían hasta 200 porque el Ejército ucraniano no disponía de suficientes unidades para relevarlos ni de la potencia de fuego necesaria para hacerlo con seguridad. Para corregir ese problema, Fedorov quería reorganizar los cuerpos del ejército y facilitar la rotación de las brigadas. El sistema vigente, escribe Watling en un informe para RUSI, «complicaba enormemente el mando».
La segunda reforma consistía en reorganizar el frente. Cuando Fedorov llegó al Ministerio, muchas brigadas de un mismo cuerpo estaban desplegadas en sectores separados por cientos de kilómetros. Eso dificultaba compartir recursos, coordinar operaciones y sustituir a las unidades agotadas. Su idea era agrupar bajo un mismo mando brigadas que combatieran en un mismo sector para ganar flexibilidad y mejorar la gestión del frente. También quería cambiar la forma de combatir: Fedorov estaba convencido de que la tecnología debía servir para reducir las bajas. Su intención era identificar a los comandantes que obtenían mejores resultados gracias al empleo de drones y otros sistemas no tripulados y darles más personal y más medios. Como resume Watling, buscaba reforzar a quienes «aprovechaban mejor la tecnología para cumplir las misiones con un coste menor».
Fedorov quería transformar el funcionamiento del Ejército para hacerlo más sostenible en una guerra larga: menos desgaste de la infantería, relevos más frecuentes y un modelo en el que la innovación sustituyera parte del sacrificio humano.
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