Elecciones midterms en EEUU: Texas hace historia con la demócrata Gina Hinojosa, primera gobernadora latina

Cuando Gina Hinojosa le comunicó al mundo que se presentaba como candidata a gobernadora en Texas, muchos lo consideraron como un brindis al sol. Derrotar al republicano Greg Abbott en uno de los bastiones conservadores por antonomasia se antojaba una misión imposible y una pérdida de tiempo y de dinero. Hoy, el triunfo de su candidatura va mucho más allá del carácter histórico que representa que una mujer latina vaya a gobernar Texas, la primera en conseguirlo y la primera demócrata en llegar al puesto desde 1990, hace 36 años. Es la señal de un cambio de paradigma que muchos llevaban décadas esperando en el segundo estado más grande EEUU, tanto en superficie como en población.

 Georgia convierta a Keisha Lance Bottoms en la primera gobernadora negra de EEUU  

Cuando Gina Hinojosa le comunicó al mundo que se presentaba como candidata a gobernadora en Texas, muchos lo consideraron como un brindis al sol. Derrotar al republicano Greg Abbott en uno de los bastiones conservadores por antonomasia se antojaba una misión imposible y una pérdida de tiempo y de dinero. Hoy, el triunfo de su candidatura va mucho más allá del carácter histórico que representa que una mujer latina vaya a gobernar Texas, la primera en conseguirlo y la primera demócrata en llegar al puesto desde 1990, hace 36 años. Es la señal de un cambio de paradigma que muchos llevaban décadas esperando en el segundo estado más grande EEUU, tanto en superficie como en población.

«La opinión generalizada es que nadie puede vencer a Greg Abbott», decía Hinojosa en una entrevista con The New York Times en septiembre. Aún así, decidió intentarlo porque no vio a ningún otro demócrata dispuesto a hacerlo, y aunque partía con buenas sensaciones semanas antes de llegar a las urnas, el millón de votos de ventaja que le ha sacado a Abbott parecen un espejismo, un milagro azul con el que casi nadie contaba.

Hinojosa, de 52 años, lo ha logrado con una octava parte de lo que destinó su poderoso rival a la campaña: 36,8 millones de dólares frente a los 281 millones de un hombre que hasta ahora no había perdido nunca una batalla electoral como gobernador y que llevaba 12 años en el cargo. Gran parte ha sido un voto de castigo a Abbott y el trumpismo por la actual situación económica y los elevados precios de la gasolina. Pero el otro factor es atribuible a Hinojosa y su estrategia de instalarse en un perfil más populista que progresista para no espantar a los votantes indecisos.

Nacida en McAllen, Texas, en 1973, Hinojosa creció en Brownsville, a un paso de la frontera, y aprendió la política en casa. Es hija de Gilberto Hinojosa, también político. Licenciada por la Universidad de Texas en Austin y doctora en Derecho por la Universidad George Washington, empezó como abogada de derechos civiles, defendiendo a afiliados sindicales, y en 2005 formó parte del equipo legal que demandó a Tom DeLay.

Su salto a la vida pública llegó por la educación, la causa que aún la define. Tras cuatro años en la junta escolar de Austin, ganó en 2016 un escaño en la Cámara de Representantes de Texas, que ocupa desde 2017. Allí se ha convertido en azote de los vales escolares y de los exámenes estatales STAAR, y en una de las caras de los plantes demócratas de 2021, contra las restricciones al voto, y de 2025, contra el nuevo mapa electoral. Este último le valió una demanda para destituirla, desestimada en mayo.

Anunció su candidatura a gobernadora en octubre de 2025 y ganó las primarias en marzo con una campaña contra lo que llama la corrupción de Austin. Promete enviar cheques de 1.500 dólares a los hogares texanos, suspender el impuesto estatal a la gasolina y frenar la construcción de centros de datos. Casada y madre de dos hijos, Hinojosa ha hecho historia con letras mayúsculas en un estado que por fin ha obrado el milagro para los demócratas, aunque sea en unas elecciones de medio mandato.

Keisha Lance Bottoms, nueva gobernadora en Georgia.
Keisha Lance Bottoms, nueva gobernadora en Georgia.Brynn AndersonAP

Para entender lo que ha pasado esta noche en Georgia hay que remontarse a 1868, cuando los primeros 33 legisladores negros del estado ocuparon sus escaños en Atlanta. Tres meses después de jurar, sus colegas blancos (de ambos partidos) expulsaron a 31 de ellos con el argumento de que un hombre negro podía votar, sí, pero no tener un cargo público.

Ciento cincuenta y ocho años después, Georgia ha elegido a una mujer negra para ser gobernadora. Keisha Lance Bottoms, de 56 años, ex alcaldesa de Atlanta y ex asesora de Joe Biden, ha derrotado al republicano Rick Jackson. Es la primera mujer y la primera persona negra que lo consigue, y devuelve a los demócratas un cargo que no ganaban desde 1998.

Lo ha hecho con mucha más holgura de la prevista. Ya con algo más del 80% del voto escrutado aventajaba a Jackson en casi nueve puntos cuando las encuestas previas a las elecciones de medio mandato apuntaban a un empate. Jackson, que ha gastado más de 100 millones de dólares en la carrera, reconoció la derrota antes incluso de concluir el recuento. Solo tres hombres negros han sido gobernadores en EEUU.

Bottoms nació en Atlanta en 1970. Su padre, Major Lance, era un conocido cantante de rhythm and blues que encadenó varios éxitos en la década de los sesenta, como The Monkey Time o Um, Um, Um, Um, Um, Um. Con ocho años, Bottoms volvió un día del colegio y se encontró su casa llena de policías y a su padre detenido por vender droga. Lo condenaron a 10 años de prisión, de los que cumplió cuatro. Con esa escena abre sus memorias, publicadas, cómo no, en plena campaña, y en ella es donde Bottoms asegura que encontró su pasión por la reforma de la justicia penal.

Licenciada en Derecho por la Universidad Estatal de Georgia, fue fiscal y jueza antes de saltar al Ayuntamiento como concejala en 2010. En 2017 ganó la alcaldía en segunda vuelta por menos de mil votos.

Su mandato fue un catálogo de calamidades, con un ciberataque a las 11 semanas de jurar el cargo, una pandemia y protestas raciales que dieron la vuelta al mundo. El ataque llegó en marzo de 2018 con un programa que bloqueó los sistemas del Ayuntamiento. Los responsables pedían seis bitcoins para desbloquearlos. Los vecinos no pudieron pagar el agua por internet y los juzgados municipales volvieron a usar papel durante varias semanas.

La noche del 29 de mayo de 2020, con disturbios en el centro de la ciudad tras el asesinato de George Floyd, compareció junto a Bernice King, hija de Martin Luther King, y el rapero Killer Mike. «Si queréis un cambio en Estados Unidos, id a registraros para votar», pidió entonces a los manifestantes. Semanas después, la CNN la situaba entre las cuatro finalistas de Biden para la vicepresidencia.

Después, con la pandemia, llegó un choque frontal con el gobernador. Cuando Bottoms impuso la mascarilla obligatoria en Atlanta, en julio de 2020, Kemp (al que sustituirá en enero) la demandó para anular la orden.

Biden fichó a Bottoms en 2022 como asesora principal en la Casa Blanca y en 2023 la nombró para un consejo consultivo que Trump fulminó el día de su investidura.

En mayo de este año arrasó en las primarias estatales, con más del 56% de los votos, y se convirtió en la tercera mujer negra consecutiva candidata del partido tras las dos derrotas de Stacey Abrams ante Kemp.

Enfrente tenía a Rick Jackson, fundador de la empresa de personal sanitario Jackson Healthcare y recién llegado a la política. En junio derrotó en la segunda vuelta republicana al candidato de Trump. En julio, el presidente cambió de opinión y le dio su apoyo tras prometer Jackson, públicamente, que sería «su gobernador favorito».

Bottoms le devolvió la frase en el único debate que tuvieron, el pasado 6 de octubre. Lo acusó de querer enriquecerse y ser el favorito del presidente. «Yo lo que quiero es ser vuestra gobernadora favorita, Georgia», remató. El mensaje cayó en terreno abonado. En enero, el FBI se había llevado cientos de cajas con papeletas de 2020 del condado de Fulton, al calor de las acusaciones sin pruebas de fraude de Trump. Bottoms hizo entonces campaña junto al senador Jon Ossoff, reelegido también ayer noche, y con el respaldo de Barack Obama.

Ni el dinero, ni Trump, ni los anuncios sobre la ola de crimen durante los años de la alcaldía de Bottoms fueron suficientes para Jackson. Hasta el 23 de octubre, su campaña había gastado 114 millones de dólares, en su mayoría de su propia fortuna. La de Bottoms, solo 5,3 millones, según la comisión estatal de financiación electoral.

Su programa combina las banderas clásicas del partido (como expansión del programa de asistencia sanitaria Medicaid, derecho al aborto y salario mínimo) con una moratoria temporal a la construcción de nuevos centros de datos. Georgia es una de las regiones en las que las grandes tecnológicas han puesto el puto de mira para sus instalaciones, pero el aumento del precio de la electricidad ha generado un gran rechazo por parte del electorado.

Para Bottoms, no será fácil gobernar. Los republicanos llegaron a la jornada con mayoría en las dos cámaras estatales, que han rechazado una y otra vez ampliar Medicaid, el seguro médico público para rentas bajas.

Su papel será clave, no obstante, para las aspiraciones presidenciales de Jon Ossoff. Ossoff era el único senador demócrata que defendía su escaño en un estado que Trump ganó en 2024. Se ha impuesto a Mike Collins con casi un 59% de los votos, más de cuatro puntos por encima de Bottoms y con un vuelco de casi 20 respecto a las presidenciales.

Ossoff ha repetido varias veces que tiene «cero interés» en presentarse como candidato a las elecciones presidenciales de 2028 pero la negativa que no ha frenado la oleada de especulación. Su nombre figura siempre muy alto en la lista de demócratas con posibilidades de lograr el cargo. La llegada de Bottoms a la gobernación despeja el camino porque será ella la encargada de elegir quién lo sustituye en el senado si acaba convertido presidente del país.

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