Semana tras semana durante los últimos tres meses, los estadounidenses han escuchado al presidente Donald Trump decir y repetir que tenían que votar como si él «estuviera en la papeleta». En mítines, entrevistas, en la convención republicana de Texas, en tuits y anuncios. Ha sido el mensaje principal y casi único. Mientras congresistas, senadores y aspirantes imploraban a la Casa Blanca que les dejara hacer la campaña centrándola en temas estatales, locales, para contrarrestar el alza de los precios, Trump quiso un plebiscito sobre su persona. Es evidente que lo ha perdido. Evidente para todos, salvo para él mismo.
El presidente, que nombró a dedo a la mayoría de los perdedores, asegura que está «absolutamente dispuesto a aceptar esos resultados» y a «trabajar con los demócratas»
Semana tras semana durante los últimos tres meses, los estadounidenses han escuchado al presidente Donald Trump decir y repetir que tenían que votar como si él «estuviera en la papeleta». En mítines, entrevistas, en la convención republicana de Texas, en tuits y anuncios. Ha sido el mensaje principal y casi único. Mientras congresistas, senadores y aspirantes imploraban a la Casa Blanca que les dejara hacer la campaña centrándola en temas estatales, locales, para contrarrestar el alza de los precios, Trump quiso un plebiscito sobre su persona. Es evidente que lo ha perdido. Evidente para todos, salvo para él mismo.
Al borde de las 22.00, hora de Washington, la Casa Blanca empezó la contención de daños enviando un mensaje a los periodistas distanciándose de los resultados, diciendo que la culpa de lo ocurrido no es en absoluto del líder yafirmando incluso que el líder no se jugaba nada, un mensaje sonrojante tras haber bombardeado con esa misma idea precisamente. «El presidente Trump hizo un mejor trabajo promoviendo a muchos de los candidatos que los propios candidatos (…) El presidente no estaba en la papeleta, y se ha demostrado que los votantes de Trump se presentan cuando él está en ella», decía el comunicado.
El líder MAGA, de hecho, es quien escogió a dedo a la mayoría de los derrotados esta noche. Darline Graham en Carolina del Sur, Al Paxton en Texas o el aspirante a senador «del culo musculoso» Jon Husted en Ohio. Pero insiste en que la responsabilidad es de los demás. «No me presenté a las elecciones y, de haberlo hecho, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría!», tuiteó cuando ya era consciente del alcance de la durísima derrota.
A lo largo de la jornada, numerosos aliados y amigos de Trump, fanáticos de las conspiraciones e influencers MAGA habían ido preparando el terreno para posibles impugnaciones, hablando de robos masivos, de manipulaciones, de maniobras para dejar sin poder votar a los republicanos. Acusándolos de estar detrás de fallos en máquinas de Nueva York, de errores de abastecimiento de papeletas en Kansas, de problemas eléctricos en Arizona o Colorado. El presidente, sin embargo, parece dispuesto a admitir los resultados, abrumadores. «Estoy absolutamente dispuesto a aceptar esos resultados», dijo en una entrevista con The New York Times. «Trabajaremos con los demócratas y, bueno, esperamos trabajar con ellos. Probablemente llegaremos a un acuerdo» afirmó a eso de las 22.30 de la noche (4.30 de la madrugada en España). Poco después, sin embargo, colgó la imagen de su tradicional gorra roja con el mensaje VETO en mayúsculas, adelantando que los dos próximos años tratará de paralizar cualquier propuesta legislativa de sus rivales.
Trump estaba enfadado, furioso, anoche. Dio buena muestra de ello en sus redes sociales, arremetiendo contra sus filas con enorme crueldad. Para desviar rápidamente la atención, anunció que iba a convertirse en «un analista político, tanto para bien como para mal, sobre las razones por las que estos candidatos ganaron y perdieron», empezando una lista de agravios contra los suyos.
«Si Greg Abbott, el gobernador de Texas, no se hubiera convertido en un republicano sólo de nombre (RINO) en los últimos seis meses de su carrera política, no habría perdido. Volvió a su fórmula original, ¡y no fue nada agradable», ha dicho sobre el tres veces gobernador de Texas y aliado suyo durante 10 años. El primero en ser señalado.
Pero su ira se centró sobre todo en Fox News, su cadena de televisión favorita y en la que estaba siguiendo la noche electoral en una pequeña fiesta en la Casa Blanca. «Estoy viendo los resultados preelectorales en Fox News, pero no soporto la voz de Jessica Tarlov; es tonta como una piedra, pero es su voz la que me saca de quicio. Tengo que irme a otro lado hasta que esa perdedora salga del aire. ¡Volveré más tarde!», escribió antes del cierre de los colegios en referencia a una de las presentadoras de la cadena, la única que es progresista y muy crítica con su Gobierno.
Su enfado no dejó de crecer según llegaban los sondeos y primeros resultados. «La encuesta de Fox News, siempre la peor, es tan insultante con las preguntas que hacen. Cada pregunta es un ataque, y cada respuesta es «¡MENTIRA!». Esto lleva pasando años», lamentó poco después. «Los índices de audiencia de Fox News han caído drásticamente (¡un 27%!) porque dedican demasiado tiempo a cubrir a los enajenados obsesionados con Trump. Todos los que solían ver Fox y ya no lo hacen lo entienden. Son ellos, no yo; mis cifras son mejores que nunca. La nueva encuesta de CNN afirma que «TRUMP» tiene un 99% de apoyo entre los republicanos y, entre los presidentes republicanos, un 53%, en comparación con Ronald Reagan (18%) y Abraham Lincoln (8%). Fox lo sabe, ¡y todos los demás también!», añadió poco después, completamente desatado.
Los datos de la cadena son ciertos. El lunes, el presidente, hijo de Rupert Murdoch, admitió que la audiencia había caído y culpó al agotamiento de los espectadores con la política. Pero los analistas creen que puede ser reflejo de una creciente desafección con Trump y los republicanos. El presidente no acepta medias lealtades y aseguró que «no es de extrañar que los índices de audiencia de Fox News se estén desplomando, y van a caer mucho más. Han caído muchísimo, no por mi culpa, ¡sino porque están EN MI CONTRA! Esto ya pasó una vez, y Fox casi colapsa. ¡Está pasando de nuevo!», concluyó lamentando una por una las donaciones a figuras o causas progresistas de la familia Murdoch.
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