Las guerrillas reciben con atentados al nuevo presidente De la Espriella

El cilindro de gas cargado de explosivos, con las siglas FARC, continuaba en mitad de la carretera. También los carteles junto a la vía. «61 años de digna lucha. Bloque comandante Jorge Suárez Briceño. FARC-EP», reza uno de ellos.

 Bogotá confía en la Inteligencia estadounidense para combatir al narcoterrorismo  

El cilindro de gas cargado de explosivos, con las siglas FARC, continuaba en mitad de la carretera. También los carteles junto a la vía. «61 años de digna lucha. Bloque comandante Jorge Suárez Briceño. FARC-EP», reza uno de ellos.

«Y sigue ahí, una semana después, testimonio palpable de la realidad que vivimos en estos territorios», le dice a EL MUNDO un agricultor de la zona, hastiado de soportar el yugo criminal de las guerrillas.

Fue el pasado miércoles 12, sólo dos días después del terrible terremoto que afectó a 448 municipios de Colombia, cuando unidades de la Novena Brigada del Ejército respondieron al llamamiento urgente de vecinos de Argelia, en el departamento del Huila, que pedían retirar la bomba artesanal.

Nadie advirtió que se trataba de un señuelo de las FARC de alias Calarcá, aliado del Gobierno de Gustavo Petro, para emboscar y asesinar soldados en el trayecto. Mataron a dos uniformados e hirieron a otros 10.

Cuatro días después, en Ábrego (Norte de Santander), el ELN asesinaba a un militar y dejaba a otros cinco heridos en un ataque con drones. No satisfechos con la sangre derramada, mientras atendían a las víctimas en el hospital de dicho pueblo, los narcoterroristas enviaron sus aparatos no tripulados para sobrevolar el centro sanitario y amedrentar al personal médico.

«Tú eres grande, Señor. Padre amado, Señor, Padre nuestro. Señor, tú eres grande. Señor, padre amado, mete tu mano. Aléjalo, Señor, aleja toda esa maldad», se oye decir a una enfermera en uno de los vídeos que grabaron testigos y difundieron en redes sociales

La rápida intervención de los aviones militares alejó el peligro. 48 horas más tarde y a pocos kilómetros de Ábrego, en la carretera entre Cúcuta y Ocaña, la misma banda guerrillera secuestró a tres agentes de la DIJIN (Dirección de Investigación Criminal e Interpol).

Esta cadena de atentados vuelve a demostrar que las guerrillas no dan tregua, que continuarán asesinando, secuestrando y extorsionando pese a la grave crisis de todo orden que sufre Colombia.

Tienen en su punto de mira al nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, que hizo del combate a la criminalidad con mano dura una de sus principales banderas electorales, además de eliminar cualquier posibilidad de prolongar la política de Paz Total de Petro, que fortaleció a las organizaciones delincuenciales de todo pelaje.

Cuentan con la ventaja de confrontar a unas fuerzas militares que el petrismo ha dejado muy debilitadas, con los bolsillos vacíos -déficit de 14 billones de pesos- y el cuerpo de Inteligencia bajo mínimos.

Para empezar a recuperar el terreno perdido, el presidente derechista incorporó a Colombia al trumpista Escudo de las Américas, creado para luchar contra el narcoterrorismo, en el que ya figuraba Ecuador, un aliado clave por la frontera común. Y dio un paso más, repudiado por la oposición petrista, al autorizar la intervención directa de Estados Unidos, conforme a recientes declaraciones del máximo jefe del Pentágono, Pete Hegseth.

«Bogotá ya ha solicitado que el Departamento de Guerra se una a Colombia en su lucha contra el narcoterrorismo, autorizando operaciones militares conjuntas para destruir a los terroristas y las redes del terror«, afirmó Hegseth. La Casa Blanca había anunciado previamente una ayuda de mil millones de dólares para seguridad, coincidiendo con la toma de posesión de De la Espriella.

«Es improbable que haya operaciones militares con participación de marines en Colombia porque la Constitución no lo permite y la oposición estaría ávida de tener toda la información al detalle. Sería un problema para el presidente y su ministro de Defensa, y las fuerzas militares colombianas están bien capacitadas, tienen la experiencia y el entrenamiento. Lo que les falta es contar con los equipos técnicos y la Inteligencia que le provee Estados Unidos», explica a este diario el analista militar y coronel retirado Luis Alberto Villamarín. «Los que sí deben hacer operaciones conjuntas son Colombia y Ecuador, tanto en la frontera como en el mar, contra los cárteles de las drogas y el narcoterrorismo, en especial contra las FARC, la guerrilla que se mueve en el área», añade.

Lo mismo necesitarían hacer en el otro extremo del país para confrontar al ELN, que se mueve con total impunidad por buena parte de la vasta línea fronteriza con Venezuela por su alianza con el chavismo.

«El Departamento de Guerra y nuestro Ministerio de Defensa saben que no se puede contar con Caracas porque la mafia sigue en el poder», agrega Villamarín. «Lo que pueden es incrementar la acción militar colombiana y las operaciones especiales de Inteligencia al otro lado de la frontera. Estados Unidos tiene unidades de la CIA y otros organismos de seguridad infiltrados en Venezuela y habrá incursiones, tal vez con la participación de agencias estadounidenses, pero todas serán secretas», concluye.

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