A primera hora de la mañana, los jubilados practican taichí bajo los sauces que bordean un inmenso lago con un puente arqueado decorado con 544 leones de piedra. El camino conduce hacia el Palacio de Verano, la antigua residencia de recreo de los emperadores de la dinastía Qing y uno de los monumentos más emblemáticos de Pekín. Muy cerca de allí, los estudiantes abarrotan los pasillos de la Universidad de Pekín y de Tsinghua, las dos instituciones académicas más prestigiosas del país.
Las dos universidades más prestigiosas del país, un Silicon Valley y la academia del PCCh conviven en un ecosistema diseñado para formar a quienes dirigirán la segunda potencia mundial
A primera hora de la mañana, los jubilados practican taichí bajo los sauces que bordean un inmenso lago con un puente arqueado decorado con 544 leones de piedra. El camino conduce hacia el Palacio de Verano, la antigua residencia de recreo de los emperadores de la dinastía Qing y uno de los monumentos más emblemáticos de Pekín. Muy cerca de allí, los estudiantes abarrotan los pasillos de la Universidad de Pekín y de Tsinghua, las dos instituciones académicas más prestigiosas del país.
Sin salir del mismo barrio asoman miles de ingenieros con sudaderas y portátiles que entran en las sedes de los gigantes tecnológicos ByteDance y Lenovo. También muy cerca, oculto tras altos muros, discretos controles de acceso y un hermetismo casi absoluto, se levanta el campus donde se forman quienes algún día dirigirán la segunda potencia mundial: la Escuela Central del Partido Comunista.
Hay pocos lugares en China donde se concentre tanto poder potencial en apenas unos kilómetros cuadrados. Estamos en Haidian, un distrito al noreste de Pekín donde conviven el principal centro de adoctrinamiento y formación política, las universidades que alimentan a la tecnocracia china, decenas de institutos de investigación estatales y uno de los mayores ecosistemas de innovación tecnológica del país. Es un laboratorio donde se cruzan ideología, ciencia e IA. Un barrio donde se moldea la élite que gobernará China durante las próximas décadas.
Desde finales de 1980, el PCCh ha convertido Haidian en una gigantesca cadena de producción de talento. Primero selecciona a los mejores estudiantes mediante el feroz gaokao, el examen nacional de acceso a la universidad. Muchos terminan en la Universidad de Pekín y en la de Tsinghua, que funcionan como viveros de ingenieros, economistas, científicos y futuros altos funcionarios. Los más prometedores acaban cruzando las puertas de la Escuela Central del Partido.
Fundada en 1933, durante los años de la base revolucionaria comunista, esta institución nació como un centro marxista y se instaló en la capital después de que Mao Zedong proclamara la República Popular en 1949. Hoy constituye el vértice de una red de más de 2.700 centros repartidos por todo el país.
No se trata de una academia dedicada únicamente a repetir en bucle consignas marxistas. La ideología sigue ocupando un lugar central, pero el programa también incluye lecciones de economía, finanzas públicas, relaciones internacionales, innovación tecnológica, IA y gestión de crisis. El objetivo, señalan los académicos, es formar a administradores capaces de gestionar un país con más de 1.400 millones de habitantes.
La doctrina que hoy se enseña en la Escuela Central del Partido, apuntan algunos analistas, responde a una preocupación muy concreta del liderazgo chino: cómo garantizar que el PCCh siga gobernando sin fisuras internas ni externas. Bajo el actual Gobierno, el campus se ha convertido en el principal vehículo para difundir la ideología del presidente Xi Jinping, especialmente el llamado «Pensamiento de Xi Jinping sobre la construcción del Partido», presentado oficialmente como la hoja de ruta para reforzar la disciplina interna y blindar al régimen frente a la corrupción.
«La capacidad de gobernar es la principal competitividad del Partido», ha resumido en varias ocasiones Zhu Lijia, profesor de la escuela, reflejando una visión compartida por la élite política china: el PCCh debe formar dirigentes capaces de administrar una superpotencia, pero también de garantizar su propia supervivencia.
En la misma línea, Jiang Shigong, uno de los intelectuales más influyentes del entorno de Xi y profesor de la Universidad de Pekín, sostiene que la prioridad de esta nueva etapa consiste en construir un Estado fuerte bajo un liderazgo unificado del Partido. «La estabilidad política es la condición indispensable para mantener el desarrollo económico y la proyección internacional de China», asegura.
La importancia política de la institución volvió a quedar patente justo antes del verano con el nombramiento de Cai Qi como presidente de la escuela. El quinto dirigente con mayor rango dentro de la jerarquía comunista, miembro del poderoso Comité Permanente del Politburó y considerado el jefe de gabinete de Xi Jinping, pasa ahora a supervisar también la formación de las futuras generaciones de dirigentes.
La decisión refuerza todavía más su posición como uno de los colaboradores más estrechos del presidente chino y concentra bajo su influencia funciones organizativas, administrativas e ideológicas poco habituales en una sola figura. No es un detalle menor: antes que él, tanto el ex presidente Hu Jintao como el propio Xi ocuparon este mismo cargo antes de alcanzar la cúspide del poder.
Pero Haidian no fabrica únicamente políticos. A escasos minutos de la escuela se encuentra Zhongguancun, el barrio donde nacieron varios gigantes tecnológicos. Aquí los laboratorios universitarios colaboran con compañías privadas, fondos estatales y organismos gubernamentales en áreas que van desde los semiconductores hasta la computación cuántica. Para Pekín, innovación y seguridad nacional forman parte de una misma ecuación.
La proximidad física resume bien la visión estratégica del liderazgo chino. Los ingenieros que diseñan algoritmos de inteligencia artificial, los investigadores que desarrollan nuevas tecnologías, los profesores que forman a la élite científica y los cuadros políticos encargados de gobernar el país comparten cafeterías, estaciones de metro y avenidas arboladas. Todos forman parte de un mismo ecosistema diseñado para alimentar el proyecto nacional impulsado por Xi Jinping.
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