La del martes fue una jornada que los demócratas recordarán durante décadas. Tal fue el baile de sorpresas, hitos históricos y victorias inexplicables, que hasta el reparto de la noche parece escrito por un guionista liberal con exceso de imaginación. Un pastor metodista conquistó Kansas, que no elegía a un senador demócrata desde 1932. Un ex profesor y seminarista, James Talarico, tumbó a Ken Paxton en Texas, mientras Gina Hinojosa desalojaba a Greg Abbott para convertirse en la primera latina al frente del estado.
Ocho caras para un mismo mensaje a Donald Trump: los demócratas recuperan el Congreso, y lo hacen desde lugares donde hace un año nadie los habría imaginado ganando
La del martes fue una jornada que los demócratas recordarán durante décadas. Tal fue el baile de sorpresas, hitos históricos y victorias inexplicables, que hasta el reparto de la noche parece escrito por un guionista liberal con exceso de imaginación. Un pastor metodista conquistó Kansas, que no elegía a un senador demócrata desde 1932. Un ex profesor y seminarista, James Talarico, tumbó a Ken Paxton en Texas, mientras Gina Hinojosa desalojaba a Greg Abbott para convertirse en la primera latina al frente del estado.
En Michigan, Abdul El-Sayed será el primer musulmán elegido para el Senado. En New Hampshire, Chris Pappas, el primer hombre abiertamente gay ha dicho «presente». Keisha Lance Bottoms hizo lo propio como la primera mujer negra elegida gobernadora del país, Deb Haaland como la primera nativa americana y Jon Ossoff arrasó a su rival en Georgia para salir de la contienda con ínfulas presidenciales.
Ocho caras para un mismo mensaje a Donald Trump: los demócratas recuperan el Congreso, y lo hacen desde lugares donde hace un año nadie los habría imaginado ganando.
Jon Ossoff dice que no tiene «ningún interés» en presentarse a la Presidencia. Medio Partido Demócrata, sin embargo, ya ha decidido no creerle. A sus 39 años, el senador por Georgia salió de la noche electoral convertido en la gran promesa de su partido, tras arrollar al republicano Mike Collins en el único estado ganado por Trump en 2024 donde un senador demócrata defendía su escaño. «Va a ser presidente», aseguraba una de sus seguidoras a la agencia Afp.
Su ascenso ha sido meteórico. Antiguo ayudante del icono de los derechos civiles John Lewis y productor de documentales sobre corrupción, se dio a conocer en una reñida elección especial a la Cámara de Representantes en 2017, que perdió, y en 2021 arrebató un escaño a los republicanos con solo 33 años. En el Senado ganó fama por sus duros interrogatorios a los altos cargos de Trump, y sus mítines contra la corrupción del entorno presidencial se han hecho virales.
Lo que ha elevado su cotización es también cómo ganó. Según The Atlanta Journal-Constitution, llevaba dos años preparando la campaña: renovó el partido estatal, hizo campaña junto a Keisha Lance Bottoms y llegó al tramo final con 26 millones de dólares en el banco, frente a apenas un millón de su rival. Trump le insultó durante la campaña. Él celebró el martes el castigo a «la depravación, la corrupción y la incompetencia» de un presidente al que ya llama pato cojo. Suena, cada vez más, a un discurso con 2028 en el horizonte.
James Talarico representa la esperanza de futuro que los demócratas parecían haber perdido tras su severa derrota en los comicios presidenciales de 2024. El nuevo senador texano —el primer demócrata en lograr una victoria semejante desde 1988— tiene un discurso firme y conmovedor, clarividente. El martes por la noche, tras abrazarse al calor de la euforia de los suyos en Austin, habló de la división profunda que ha causado el trumpismo y señaló que el problema no es entre izquierdas y derechas, sino entre los que están arriba y abajo. A sus 37 años, es la cara más visible del tsunami azul que arrasó anoche las urnas, en un vuelco en Texas que no contemplaban ni los más optimistas del lugar.
«David no era tan grande ni tan fuerte como Goliat. No tenía tantas armas, pero tenía esperanza. Tenía fe y tenía una honda. Vosotros habéis sido mi honda. Gracias, gracias. El pueblo de Texas ha sido mi honda Y esta noche hemos derrotado a Goliat», dijo en su discurso, recordando que sus oponentes republicanos convirtieron la contienda en una lluvia de odio y millones de dólares hacia su figura que les ha salido rematadamente mal.
Nacido en Round Rock, se presenta como texano de octava generación y su biografía se sale del molde de un candidato en el gran bastión conservador. Estudió en la Universidad de Texas en Austin y en Harvard, dio clase en un instituto del oeste de San Antonio y es seminarista presbiteriano, una fe que ha convertido en su principal arma política. Llegó a la Cámara de Representantes estatal en 2018 como su miembro más joven, arrebatando un distrito de tendencia republicana. Allí impulsó leyes sobre el precio de los medicamentos y el sueldo de los profesores, plantando cara a la ley que obliga a exhibir los Diez Mandamientos en las aulas.
La victoria de Adam Hamilton es poco menos que un milagro electoral. Cierto es que muchos sondeos le daban como ganador, pero parecía difícil creer que un estado tan conservador como Kansas fuera capaz de decantarse por un demócrata para el Senado. Pastor fundador de la Iglesia Metodista Unida de la Resurrección, en Leawood, la mayor congregación metodista del país, Hamilton ha derrotado al senador republicano Roger Marshall en un estado que Trump ganó por más de 16 puntos en 2024. Kansas no elegía a un senador demócrata desde 1932.
Con un pin en la solapa con el lema «Ama al prójimo», Hamilton cimentó su campaña alrededor de un mensaje de unidad y de búsqueda de soluciones a la crisis de precios derivados de la guerra en Irán y de la política arancelaria de Trump. Decidió alejarse de un perfil excesivamente progresista y tildarse de «demócrata independiente», a una distancia prudente de ciertos postulados del partido para conectar con los votantes de un estado mayoritariamente rural.
Hijo del propio estado y autor de una treintena de libros de temática religiosa, Hamilton se presenta como nativo de quinta generación, un hombre que comenzó su iglesia con cuatro feligreses y que reúne a unas 25.000 personas por semana entre sus nueve sedes y sus servicios en línea y televisados.
Ex republicano y demócrata centrista, llegó a sopesar una candidatura independiente antes de presentarse en abril bajo las siglas demócratas, un giro tardío que acabó poniendo patas arriba el mapa del Senado.
Abdul El-Sayed ha alcanzado estatus de estrella del Partido Demócrata en Michigan. Su victoria era presumible al contemplar el baño de masas que se dio en la universidad de Eastern Michigan entre estudiantes un día antes del cierre de las urnas, haciendo cola para una foto con el que ya es, oficialmente, el primer senador musulmán en la historia de Estados Unidos. Nada, ni siquiera la traición inesperada de la demócrata Haley Stevens a su rival en las urnas, el republicano Mike Rogers, han podido con el ímpetu de este hijo de inmigrantes egipcios de 42 años.
El-Sayed se crio en las afueras de Detroit y acumuló un currículum de manual: Universidad de Michigan, beca Rhodes en Oxford y Medicina en Columbia, aunque nunca ha ejercido como médico. Prefirió la salud pública, primero al frente de la de Detroit y después en el condado de Wayne, donde su programa contra la deuda médica ha borrado más de 95 millones de dólares a más de 100.000 vecinos.
Su estilo directo y combativo le han costado unos cuantos enemigos durante la campaña, incluyendo a Stevens, su rival en las primarias demócratas. No dudó en calificar de genocidio las matanzas israelíes en la Franja de Gaza y eso fracturó el partido, pero se mantuvo firme en sus principios. Su victoria desmonta el argumento de que un progresista no puede ganar en un estado bisagra.
Cuando Gina Hinojosa le comunicó al mundo que se presentaba como candidata a gobernadora en Texas, muchos lo consideraron como un brindis al sol. Derrotar al republicano Greg Abbott en uno de los bastiones conservadores por antonomasia se antojaba una misión imposible y una pérdida de tiempo y de dinero. Hoy, el triunfo de su candidatura va mucho más allá del carácter histórico que representa que una mujer latina vaya a gobernar Texas, la primera en conseguirlo y la primera demócrata en llegar al puesto desde 1990, hace 36 años. Es la señal de un cambio de paradigma que muchos llevaban décadas esperando en el segundo estado más grande EEUU, tanto en superficie como en población.
«La opinión generalizada es que nadie puede vencer a Greg Abbott», decía Hinojosa en una entrevista con The New York Times en septiembre. Aún así, decidió intentarlo porque no vio a ningún otro demócrata dispuesto a hacerlo, y aunque partía con buenas sensaciones semanas antes de llegar a las urnas, el millón de votos de ventaja que le ha sacado a Abbott parecen un espejismo, un milagro azul con el que casi nadie contaba.
Hinojosa, de 52 años, lo ha logrado con una octava parte de lo que destinó su poderoso rival a la campaña: 36,8 millones de dólares frente a los 281 millones de un hombre que hasta ahora no había perdido nunca una batalla electoral como gobernador y que llevaba 12 años en el cargo. Gran parte ha sido un voto de castigo a Abbott y el trumpismo por la actual situación económica y los elevados precios de la gasolina. Pero el otro factor es atribuible a Hinojosa y su estrategia de instalarse en un perfil más populista que progresista para no espantar a los votantes indecisos.
Tenía ocho años cuando Keisha Lance Bottoms volvió del colegio y encontró su casa llena de policías. Su padre, Major Lance, una de las figuras del rhythm and blues de los años 60, acababa de ser detenido por vender droga. Le cayeron 10 años de cárcel y cumplió cuatro. Keisha Lance Bottoms abre con esa escena sus memorias, que, cómo no, vieron la luz en plena campaña. Ahí sitúa el origen de la causa que la ha acompañado desde entonces: la reforma de la justicia penal.
Casi medio siglo después, aquella niña será gobernadora de Georgia. A sus 56 años, la ex alcaldesa de Atlanta y ex asesora de Joe Biden derrotó este martes al republicano Rick Jackson. Ninguna mujer ni ninguna persona negra había llegado tan lejos en el estado, y los demócratas no ganaban el cargo desde 1998. Han hecho falta 158 años.
Nacida en Atlanta en 1970, se licenció en Derecho por la Universidad Estatal de Georgia y pasó por la fiscalía y la judicatura antes de entrar en el Ayuntamiento como concejala, en 2010. Siete años más tarde conquistó la alcaldía en una segunda vuelta que se decidió por menos de mil votos. No tuvo tregua: a las once semanas de jurar el cargo sufrió un ciberataque, y luego llegaron una pandemia y unas protestas raciales que dieron la vuelta al mundo. Un catálogo de calamidades que, visto hoy, parece el mejor de los entrenamientos.
En Nuevo México también fue una noche para recordar para una demócrata, Deb Haaland, la primera nativa americana en convertirse en gobernadora en Estados Unidos. La ex secretaria de Interior bajo Joe Biden derrotó con comodidad al republicano Gregg Hull, de 60 años, un empresario y alcalde de Río Rancho.
Haaland gobernará en un estado con un 12% de población india nativa, con cada vez más representación política en varias partes del país. Su victoria rompe además una inercia de más de 40 años, en los que los dos partidos se habían alternado en el cargo. Sustituirá a otra demócrata, Michelle Lujan Grisham, que no podía optar a la reelección.
«Esta noche no se trata solo de historia», dijo Haaland en sus primeras palabras tras obtener la victoria. «Se trata de nuestro futuro. En este momento, los habitantes de Nuevo México se esfuerzan al máximo, hacen todo lo que se supone que deben hacer y, aun así, nos cuesta salir adelante. Ahora mismo, hay un presidente en la Casa Blanca que se ha enriquecido a niveles inimaginables, mientras hace todo lo posible por dejar a los habitantes de Nuevo México más enfermos, más pobres y con más hambre. Pero, una y otra vez, hemos dicho que no. Ha llegado nuestro momento«.
Antes de su noche histórica, la demócrata acumuló otros hitos. Empezó como organizadora de base, y en 2018 fue, junto a Sharice Davids, una de las dos primeras mujeres nativas elegidas al Congreso. Después se convirtió en la primera nativa en dirigir un ministerio de EEUU, como secretaria del Interior de Joe Biden, desde donde impulsó la investigación federal sobre los internados para niños indígenas.
Chris Pappas rompió en la noche del martes una lanza en favor del colectivo gay en Estados Unidos. El demócrata de 46 años hizo historia al convertirse en el primer senador abiertamente homosexual en obtener un puesto en la cámara alta. Lo ha logrado en New Hampshire con un discurso centrista y en ocasiones alejado del ideario de su propio partido, centrando su campaña en atacar a Donald Trump y ofrecerse como solución al caos reinante.
«Los resultados de esta noche son una llamada de atención para los intereses corporativos especiales y los multimillonarios que han estado manipulando la economía; para los cobardes en el Congreso que han facilitado recortes en la atención sanitaria, aranceles y guerras; y para el presidente incompetente al que ni siquiera le importa el daño que está sufriendo la gente«, dijo Pappas ante la multitud tras su victoria.
Pappas tiene algo de político de otra época. Se forjó en el negocio familiar antes que en Washington. Nacido en Manchester (New Hampshire) en 1980, es copropietario del Puritan Backroom, el restaurante fundado en 1917 por su bisabuelo y un primo como heladería, y donde, según la familia, su abuelo inventó en 1974 el chicken tender.
A sus 46 años, lleva media vida en cargos públicos. Salió de Harvard en 2002 y ese mismo año entró en la Cámara de Representantes estatal. Fue tesorero del condado de Hillsborough y miembro del Consejo Ejecutivo de New Hampshire, y en 2019 llegó al Congreso, donde se ha labrado su perfil de moderado.
Internacional. Noticias internacionales. Última hora
