Victorino Martín celebra su cumpleaños con dos joyas de lujo en Las Ventas

Victorino Martín celebró su 65 cumpleaños lidiando dos joyas de lujo en el epicentro de una corrida que se embruteció en todos los aspectos para terminar montaraz, durísima, infumable finalmente. Borja Jiménez tocó con su versión más auténtica y conquistó una oreja con su izquierda y una estocada fulminante, esa que le faltó a Paco Ureña para asegurar su premio. Uceda Leal pechó con el peor lote, pero puso la categoría. La corrida no llegó a las dos horas -una hora y 55 minutos- y esto es noticia digna de celebración y, a la vez, de agradecimiento a Victorino. Pues, si salieran toros tan malos como los tres últimos, las tardes durarían menos.

 Borja Jiménez corta una oreja con su izquierda y una gran estocada; Ureña pierde el premio por la espada; la corrida se embruteció en su segunda parte con infumable dureza; Uceda pecha con el peor lote  

Victorino Martín celebró su 65 cumpleaños lidiando dos joyas de lujo en el epicentro de una corrida que se embruteció en todos los aspectos para terminar montaraz, durísima, infumable finalmente. Borja Jiménez tocó con su versión más auténtica y conquistó una oreja con su izquierda y una estocada fulminante, esa que le faltó a Paco Ureña para asegurar su premio. Uceda Leal pechó con el peor lote, pero puso la categoría. La corrida no llegó a las dos horas -una hora y 55 minutos- y esto es noticia digna de celebración y, a la vez, de agradecimiento a Victorino. Pues, si salieran toros tan malos como los tres últimos, las tardes durarían menos.

No se escuchó ni una palma para José Ignacio Uceda Leal cuando se deshizo el paseíllo. Uceda cumplía -o, dicho más exactamente, cumplió el pasado sábado- 30 años de alternativa. Y por ello vestía el traje blanco y plata de aquel día: 3 de octubre de 1996 [Curro Romero de padrino y Julio Aparicio por testigo]. José Ignacio es, en esencia, un torero de Madrid. La clase y la elegancia siempre fueron sus emblemas. Una torería muy de aquí con espejo en el llorado maestro José María Manzanares, quien ya le advirtió: «Qué mérito tenéis los toreros de Madrid». Pues eso, ni una palma. Uceda, salido de la Escuela de Tauromaquia de Madrid, ha sido un estoqueador a carta cabal, el mejor que yo he visto no sólo por su destreza, sino por la lentitud en la ejecución de la suerte. Y así tumbó este domingo al primer victorino pero, sobre todo, al otro. Había abierto la corrida una alimaña engalladita que no pasaba, siempre por dentro, sin opciones, rebañando con sus afiladas puntas y su estrecha culata.

Borja Jiménez brindó a Uceda Leal la muerte de Mitotero, un detallazo. La gente, sospecho, no sabía ni por qué. De la plaza de Madrid apenas queda nada, lo malo fundamentalmente. Pero el mejor brindis fue la gran estocada con la que pasaportó al notable victorino, superior por el pitón izquierdo. El espadazo ató definitivamente la oreja que se sospechaba en el alero. Jiménez había colocado la faena en ese punto exacto con dos series extraordinarias de naturales, trazados con suavidad, pulso y largura. La mejor versión del sevillano es cuando prescinde de los toques: el toro de Victorino no los requiere. Y este, menos.

La zurda, por cierto, debió Borja haberla abordado antes. Lo había marcado el toro en el estupendo prólogo de doblones y en la soberbia lidia de Juan Carlos Rey. El prólogo contó con una deslumbrante coda: un cambio de mano por delante a muleta girada desembocó en un monumental pase de pecho. El victorino de fino hocico, sin perder su buen estilo, se agarraba más por la derecha, y las siguientes tandas tuvieron buen tono y la necesidad mayor de tocar con la muleta. Entonces BJ halló la veta al natural y alcanzó el despacioso gozo de su yo más auténtico.

Derechazo de Ureña al segundo, un toro de extraordinaria clase
Derechazo de Ureña al segundo, un toro de extraordinaria clasePlaza 1

La otra joya de la corrida de Victorino fue un tal Gardacho, muy bien hecho también. Cornipaso y bajo, un punto acarnerado, la expresión y la humillación de la casa: descolgó desde su salida con esa templanza que precede al poder contado, pero con una clase sensacional. Paco Ureña le cambió los terrenos y, en posición de brega, se lo sacó a los medios. La gente aplaudió locamente. En fin. No cabe un julay más. Los seis toros hubieron de pararse de tal modo: ninguno se prestó con el capote.

Ureña, ya con la muleta, vertió terciopelo a la apertura de faena hasta más allá de las rayas. Fue esta vez la mano derecha la del toro. Y por ahí le pegó unos cuantos muletazos sensacionales, que no fueron pocos, inmejorables cuando se desprendió de la ayuda y convirtió los derechazos en naturales proverbiales, roto, abandonado. Como es él. A izquierdas tuvo que tirar más de la embestida en la única tanda por esa mano. De los guiños mirando al tendido podía haber prescindido. No fue corta la faena. La clase de Gardacho me entusiasmó. El lorquino pinchó el más que posible trofeo y lo terminó de arruinar con un bajonazo. La ovación sonó a premio de consolación.

Paradójicamente, desde el sector donde se asienta el torismo en Las Ventas silbaron las dos joyas de Victorino -los mejor hechos de la corrida- y aplaudieron algo más al cabrón cuarto -el único cinqueño- y al infumable quinto. El sexto, como este, traía también hechuras de toro callejero. Fue el penúltimo el causante de una zaragata curiosa, por cuanto se estrelló con violencia en el caballo empujando con poder, pero con un solo pitón y arriba, no abajo. Paco Ureña no lo puso en largo en el caballo en el siguiente puyazo y le armaron la mundial al cambiar el tercio. El victorino se arrancaba con todo, en bruto, sabiendo latín, orientado como un tiburón blanco olfateando la presa. A Azuquita lo arrolló en banderillas como un camión y a Ureña se le sintió cogido todas las veces. Era imposible aquella dureza y abrevió. La bronca se escuchó en Murcia. Para castigar más al pobre Paco, ovacionaron a la bestia del averno. Tampoco se dio coba Borja Jiménez con el último, que se venía por la cadera con toda su fealdad a cuestas, sin pasar. No tan fúnebre, pero igual de funesto.

Natural de Uceda Leal al cuarto
Natural de Uceda Leal al cuarto

Uceda Leal quiso sacar partido al segundo de su lote, bajo y de abierta cara, revoltoso y apenas humillando. Lo había amainado en el caballo. Y le robó tres o cuatro naturales de máxima categoría. No había más entre tanta tralla. Quiso matarlo como su fama merece y se quedó colgado del pinchazo y del pitón. El volapié siguiente fue de libro, tan despacio. Y entonces le tributaron la ovación que Madrid le debía.

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Domingo, 4 de junio de 2026. Cuarta de feria. Toros de Victorino Martín, un cinqueño (4º); serios y muy desiguales; de superior clase el 2º y gran pitón izquierdo el 3º; muy duros y malos los demás, infumable el 5º.

UCEDA LEAL, DE BLANCO Y PLATA . Estocada casi entera rinconera (silencio); pinchazo y estocada (silencio).

PACO UREÑA, DE AZUL MARINO Y ORO. Pinchazo hondo y bajonazo. Aviso (saludos); estocada atravesada (silencio).

BORJA JIMÉNEZ, DE VERDE Y ORO. Gran estocada (oreja); pinchazo y estocada algo contraria (silencio).

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