Hallan pruebas de sirvientes asesinados tras la muerte de faraones en el antiguo Egipto

Un equipo de científicos ha confirmado que numerosos enterramientos agrupados alrededor de la Primerar Dinastía durante el antiguo Egipto revelan el sacrificio de sirvientes de los faraones tras la muerte de estos.

 En muchas culturas, se practica debido a la creencia de que los sacrificados seguirán sirviendo al gobernante en algún tipo de vida después de la muerte, pero también puede ser una demostración visceral del poder del gobernante  

Un equipo de científicos ha confirmado que numerosos enterramientos agrupados alrededor de la Primerar Dinastía durante el antiguo Egipto revelan el sacrificio de sirvientes de los faraones tras la muerte de estos.

Así lo explican en un estudio publicado este lunes en la revista ‘Frontiers in Environmental Archaeology’ bajo el liderazgo de Roselyn Campbell, de la Universidad Purdue (Estados Unidos).

Estas tumbas, localizadas en Abidos, fueron excavadas en la década de 1920 por Flinders Petrie, quien sospechaba que tantas personas no podían haber muerto de causas naturales simultáneamente, pero no encontró pruebas que corroboraran la existencia de heridas mortales.

Ahora, una reevaluación de una muestra de cráneos del yacimiento gracias a métodos forenses modernos indica que al menos un 39% de estos individuos podrían haber sido asesinados deliberadamente con golpes en la cabeza.

«Me sentí atraída por estos sirvientes en parte porque, aunque fueron enterrados junto a la realeza, suelen quedar relegados a notas a pie de página en la narrativa general», indica Campbell.

Los complejos funerarios de Abidos fueron construidos alrededor del año 3000 a. C. por los primeros faraones de un Egipto unificado. Además de las tumbas reales, los complejos constaban de tumbas de cámara y recintos probablemente empleados para rituales funerarios, así como enterramientos secundarios que rodeaban las tumbas y los recintos.

«Cada entierro subsidiario era una cámara sencilla en una hilera de docenas de otras», indica Campbell, antes de añadir: «Algunas personas tenían un ataúd sencillo. La mayoría tenía algunos objetos funerarios, como vasijas de cerámica, y muchas tumbas también incluían objetos pequeños como herramientas de cobre, puntas de proyectil o pequeñas figurillas de marfil».

Campbell subraya que Petrie encontró algunas lápidas con nombres y, a veces, títulos oficiales que parecen referirse principalmente a funcionarios de nivel bajo o medio, así como a artesanos.

La enorme cantidad de estas tumbas secundarias -algunos entierros están rodeados por cientos- hizo que Petrie sospechara que los entierros reflejaban sacrificios de sirvientes.

Campbell apunta que «el sacrificio de sirvientes es un tipo de sacrificio humano en el que se mata a personas cercanas al gobernante cuando este muere».

«En muchas culturas, se practica debido a la creencia de que los sacrificados seguirán sirviendo al gobernante en algún tipo de vida después de la muerte, pero también puede ser una demostración visceral del poder del gobernante. Algunos sirvientes podrían haberse ofrecido voluntariamente a morir para alcanzar la vida eterna o el honor, otros podrían haber sido elegidos o incluso obligados», explica.

Pero Petrie no encontró indicios de traumatismo letal, lo que puso en duda su hipótesis. Para intentar resolver este misterio, Campbell se propuso encontrar las pruebas restantes de las excavaciones de Petrie y analizarlas utilizando conocimientos forenses modernos.

Petrie llevaba registros meticulosos, pero volvió a enterrar la mayoría de los restos que excavó, de manera que se conservaron los cráneos, algunos de los cuales envió al Reino Unido.

Campbell encontró 46 de estos cráneos en la Colección Duckworth de la Universidad de Cambridge y los reexaminó, identificando nuevas pruebas cruciales de violencia.

Dieciocho de los 46 cráneos presentaban indicios de traumatismo craneal significativo: fracturas lineales que Petrie parece haber confundido con daños de origen natural. Los avances en la ciencia forense permiten reconocerlas como lesiones ‘perimortem’, es decir, ocurridas alrededor del momento de la muerte.

«Las lesiones en los cráneos conservados son generalmente fracturas lineales, que probablemente causarían pérdida rápida del conocimiento, hemorragia interna y muerte», recalca Campbell, quien también halló evidencia de traumatismos por objetos punzantes en algunos de los 18 cráneos, incluyendo una herida por corte en el ojo de un individuo.

Se desconoce cómo ocurrieron estas muertes. A menudo se representa a los reyes egipcios golpeando a sus enemigos con una maza, pero estos sirvientes no eran sus enemigos y una maza habría provocado fracturas por hundimiento.

Las fracturas lineales suelen ser causadas por un arma plana y ancha o por una caída, pero una caída lo suficientemente fuerte como para provocar una fractura craneal probablemente habría fracturado otros huesos, lo cual debería haber sido visible en las fotografías de Petrie o registrado en sus notas.

Tampoco se conoce qué les sucedió a los demás sirvientes. Algunos podrían haber muerto de forma natural o bien podrían haber sido asesinados de una manera que no sea visible a nivel esquelético, como por asfixia, o de una manera que se podría detectar si se examinara el resto de su esqueleto.

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