Nicaragua sigue acumulando capítulos negros. El último es una reforma constitucional que merma aún más cualquier resquicio de cambio en el país. El periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro (Managua, 1956) es parte de la historia viva de la nación centroamericana. No sólo por ser hijo del fundador de ‘La Prensa’, que fue asesinado en la dictadura de Anastasio Somoza, y de la icónica presidenta Violeta Barrios, sino porque él mismo ha sufrido los estragos del Gobierno Ortega-Murillo. Exiliado en Costa Rica desde 2021, cuando tuvo que salir permanentemente al igual que toda la redacción de su medio (‘El Confidencial’), sigue ejerciendo un periodismo independiente. Despojado también de nacionalidad en 2023, le fue concedida la española en un gesto de nuestro país hacia los desterrados por la dictadura. A su paso por Madrid para asistir al Festival Centroamérica Cuenta, celebrado en Casa de América, charla con EL MUNDO sobre la actual coyuntura.
Desde su exilio en Costa Rica sigue ejerciendo un periodismo independiente, el cual reclama y necesita la población de su país natal
Nicaragua sigue acumulando capítulos negros. El último es una reforma constitucional que merma aún más cualquier resquicio de cambio en el país. El periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro (Managua, 1956) es parte de la historia viva de la nación centroamericana. No sólo por ser hijo del fundador de ‘La Prensa’, que fue asesinado en la dictadura de Anastasio Somoza, y de la icónica presidenta Violeta Barrios, sino porque él mismo ha sufrido los estragos del Gobierno Ortega-Murillo. Exiliado en Costa Rica desde 2021, cuando tuvo que salir permanentemente al igual que toda la redacción de su medio (‘El Confidencial’), sigue ejerciendo un periodismo independiente. Despojado también de nacionalidad en 2023, le fue concedida la española en un gesto de nuestro país hacia los desterrados por la dictadura. A su paso por Madrid para asistir al Festival Centroamérica Cuenta, celebrado en Casa de América, charla con EL MUNDO sobre la actual coyuntura.
- ¿Qué cree que podría aprender el país del mandato de su madre?
- Mi madre heredó un legado de integridad, pero al mismo tiempo de tolerancia para contribuir a la reconciliación en Nicaragua y al inicio de un proceso de construcción de instituciones democráticas [fue presidenta tras la guerra civil]. Desafortunadamente, mucha de esa siembra ha sido destruida por la regresión autoritaria y por la dictadura. Ahora, hemos regresado a una dictadura, no solo dinástica, sino también totalitaria. Pero lo que ella heredó es que sí hay un camino y que se puede construir. Para eso se necesitan condiciones para que en Nicaragua vuelva a haber elecciones libres y no, como dice Ortega, solamente farsas electorales o prohibición de comicios libres. Y para que los haya, tiene que suspenderse el estado policial que hay, que elimina todas las libertades. O sea, yo creo que ese legado es una inspiración para los nicaragüenses.
- ¿Cómo recibió la noticia de que al final se ha aprobado la reforma constitucional, con todo lo que eso supone: oficialmente no habrá elecciones este año, se alarga el mandato de Ortega y, sobre todo, se prohíbe a los opositores presentarse a las urnas?
- En realidad, cuando Ortega anunció la prohibición de elecciones democráticas, no estaba anunciando nada nuevo. Simplemente, estaba ordenándole a su partido que controla el Parlamento que tradujera eso en una norma constitucional más explícita de lo que ya existía. De manera que Ortega hace este anuncio [en julio dijo que no habría más comicios en el país], que ya se tradujo en reforma constitucional en primera legislatura [fue aprobada el 1 de septiembre y tiene que volver a tener luz verde en segunda legislatura (9 de enero- 15 de diciembre de 2027) para entrar en vigor]. Yo lo vi como una gran provocación a los nicaragüenses y a la comunidad internacional. Me parece que está provocando una reacción, todavía no sabemos cuál será el alcance de la respuesta de la comunidad internacional. Hay muchas expectativas e interrogantes sobre lo que se puede decidir en la próxima reunión de cancilleres del hemisferio americano, que se llevará a cabo en la OEA [la cita tendrá lugar este viernes 2 de octubre]. Pero al final todo depende de si cualquier acción que se tome de presión externa va acompañada o no del debilitamiento del estado policial en Nicaragua. La solución a la crisis del país está en Nicaragua, no en Washington ni en Bruselas, y para eso se necesita que cualquier reacción a esta provocación de Ortega tenga un efecto de debilitar, sino desmontar o suspender ese estado policial.
- ¿Y cree que llegará a cumplir ese anuncio de julio de que no va a haber más elecciones en Nicaragua?
- La reforma que se aprobó dice eso, pero también dice que el Consejo Supremo Electoral va a organizar elecciones sin competencia política, es decir, deja abierta la posibilidad de que se puedan repetir farsas electorales o votaciones que no son elecciones democráticas. Según esa Constitución, que todavía no está aprobada definitivamente porque tiene que hacerse en enero del próximo año, podría haber una nueva farsa electoral en noviembre de 2028. Claramente, en el 2027 ya ilegalmente se prorrogaron. Primero un año y ahora dos años de mandato. Eso es una ilegalidad violando su propia Constitución. Porque esta Constitución que inventaron, la que aprobaron en 2025, dice que los copresidentes tienen que ser electos por el voto popular, pero Rosario Murillo no ha sido electa por el voto popular y ya le están regalando dos años de copresidenta. Ella fue electa vicepresidenta en el 2021 en esa farsa electoral y también el mismo Ortega. Es decir, en Nicaragua hay un colapso del Estado de Derecho.
- Precisamente, ya que menciona a Rosario Murillo, ella también ha ido a por la justicia con la renuncia de la presidenta de la Corte Suprema.
- La captura de la Corte Suprema de Justicia por Rosario Murillo empezó en 2023, cuando impuso la defenestración ‘de facto’ de la presidenta de la Corte y ordenó una barrida. Ahora éste es el último acto. Ya fueron electos los nuevos magistrados de la Corte, que ya no es un poder del Estado, es sólo un órgano del Estado. Estos magistrados son ahora murillistas, es decir, responden en cuerpo y alma a las órdenes y orientaciones de Rosario Murillo.
- ¿Podemos esperar en Nicaragua algo similar a lo ocurrido en Venezuela?
- Lo que ocurrió en Venezuela fue una acción unilateral de la política de Estados Unidos, que hizo esta intervención militar. En el caso de Nicaragua, no ocupa un orden prioritario, digamos, en la agenda de la política de Estados Unidos, como lo tiene Venezuela y Cuba. Y, en segundo lugar, Estados Unidos está promoviendo esta reunión de cancilleres de la OEA, es decir, está al menos declarando que desea o quiere promover acciones coordinadas con todos los países del hemisferio occidental y no actuando de manera unilateral. Vamos a ver qué ocurre.
- Recientemente, la Unidad de Exiliados Nicaragüenses pidió a Estados Unidos esa intervención militar frente al Gobierno de Nicaragua. ¿Usted realmente piensa que es la única solución posible?
- Personalmente, no soy partidario de intervenciones militares ni en Nicaragua ni en ningún otro país de América Latina. Las intervenciones militares más bien producen el entronizamiento del interventor y derivan en dictaduras como la que tuvimos en Nicaragua con los Somoza, que fue la consecuencia de una intervención militar. Veamos la otra cara de la moneda. El ex presidente Óscar Arias, de Costa Rica, fue el promotor del plan de paz que en Centroamérica produjo las negociaciones entre el ejército sandinista y la Contra y, eventualmente, esas elecciones de 1990 que ganó mi madre y que inició otra etapa de transición democrática. Ése es otro camino, que desafortunadamente ha sido descarrilado por la dictadura de Ortega.
- ¿Cómo ha afectado a Nicaragua la intervención de EEUU en Venezuela, con la captura de Maduro y el Gobierno de Delcy Rodríguez?
- En primer lugar, afecta a los venezolanos. Desde la óptica de nosotros, Nicaragua se ve en el espejo de Venezuela. En ese espejo lo que se demuestra es que Estados Unidos tiene intereses y que no siempre están alineados, digamos, con las demandas soberanas de transición democrática y de cambio. Estados Unidos está demostrando que tiene intereses muy enfocados en el control de los recursos naturales del petróleo. Yo creo que la oposición nicaragüense está muy atenta y se ve en ese espejo, tratando de evitar que ese tipo de situaciones pudiesen repetirse en Nicaragua.
- ¿Qué queda en Nicaragua del espíritu de las protestas de 2018?
- Queda una profunda resistencia masiva, pero silenciosa. No hay posibilidad hoy en Nicaragua de ejercer el derecho de reunión, de movilización, de protesta cívica… hay un estado de criminalización total. Sin embargo, hay un rechazo masivo a la dictadura. No ha podido confiscar la libertad de conciencia de los nicaragüenses, ni siquiera la libertad religiosa después de haber perseguido de manera implacable a la Iglesia católica. Igualmente, confiscaron medios de comunicación, pero no han podido confiscar el periodismo y nosotros desde el exilio, los periodistas independientes de Nicaragua, estamos derrotando la censura, estamos brindando información confiable en ese mundo de oscuridad. Hay una reserva política, hay una reserva moral, que debería de intervenir en la solución nacional cuando se creen condiciones. Y hay un nuevo fenómeno, hay un nuevo actor, es la disidencia dentro de la propia dictadura, provocada primordialmente por la purga que encabeza Rosario Murillo.
- ¿Es posible que esos opositores que ya no creen en el régimen que se está formando puedan ser el actor de cambio, como se decía de los militares contrarios al chavismo?
- Sin lugar a duda, en el ejército de Nicaragua puede haber sectores que eventualmente podrían ser parte de esa solución. Ahora, hoy por hoy, el ejército de Nicaragua está controlado y copado por una cúpula corrupta que la encabeza el general Julio César Avilés, que tiene ya más de 15 años en el cargo y él representa un tapón de más de 20 altos generales que están bloqueando la carrera militar de los coroneles, de los tenientes coroneles, de los mayores…. Esa cúpula militar hoy es aliada de la dictadura Ortega Murillo. De ellos, nadie puede esperar que sean un factor de cambio, son parte del problema. Ellos tienen que salir junto con Ortega y Murillo.
- ¿Qué balance hace de sus años en el exilio, ejerciendo el periodismo desde la distancia?
- Nosotros seguimos haciendo investigaciones periodísticas. Es extremadamente difícil hacerlo cuando ya no tenemos reporteros, sin embargo, seguimos brindando y publicando información confiable. Yo le doy mucho valor a eso porque es el único espacio de libertad que queda en Nicaragua. Más del 50% de nuestra audiencia, no solo de ‘El Confidencial’ también de los otros medios nicaragüenses en el exilio, está en Nicaragua. Es una señal de que se está rompiendo la censura y la imposición del régimen. El balance que me deja este largo exilio es que la dictadura no es sostenible a mediano y largo plazo, pero yo no me atrevo tampoco a hacer predicciones. Solamente puedo advertir los elementos de deterioro que tiene el régimen, pero también hay que reconocer que el régimen tiene el control total del poder. Y hay otra particularidad que distingue a Nicaragua de Cuba y de Venezuela y es que la economía nicaragüense no está colapsando. No facilita grandes inversiones y desarrollo, pero se sostiene y lo hace en primer lugar por las remesas familiares que envían los nicaragüenses, que representan el 30% del Producto Interior Bruto y, además, por las exportaciones que Nicaragua hace principalmente a Estados Unidos. Es la gran ironía.
- Hablemos de la violencia transnacional… porque ya no solo se reprime a los opositores en Nicaragua, sino que ya hemos visto que se ha extendido más allá de las fronteras del país, llegando en muchos casos a Costa Rica.
- En efecto, Costa Rica, donde está asentada una amplísima comunidad nicaragüense histórica y también una nueva oleada de exilio y de migración que llegó después de 2018, es un blanco de represión transnacional y se han ejecutado por lo menos 678 atentados criminales contra opositores. El caso más dramático y reciente es el del ex mayor del Ejército de Nicaragua, Roberto Samcam, que fue asesinado en junio de 2025. Y lo más preocupante de estas acciones de represión transnacional es que coincide con un deterioro de la seguridad ciudadana que hay en Costa Rica y una industria de sicariato por la intervención del crimen organizado y el narcotráfico. Es un factor también de enorme vulnerabilidad para los exiliados nicaragüenses y los refugiados nicaragüenses en Costa Rica. Hay otros problemas que enfrenta el exilio, como por ejemplo lo que está ocurriendo ahora con el periodista Luis Galeano en Estados Unidos [que fue amenazado de deportación y ha sido puesto en libertad bajo fianza]. No es el único caso. En Estados Unidos han sido deportados 13.000 nicaragüenses desde que llegó el presidente Trump y son recibidos en Nicaragua en secreto por la dictadura, lo cual indica que tienen una relación de cooperación con el Gobierno de Estados Unidos para su política migratoria.
- ¿Cree que en algún momento podrá volver en libertad a Nicaragua?
- Yo tengo la convicción de que en Nicaragua habrá un cambio. Espero que no sea un cambio violento ni tan doloroso como lo quiere imponer el régimen y quiero estar ahí para contar ese cambio como periodista, cómo cae una dictadura. Yo no me atrevo a pronosticar cuándo ni cómo. Lo único que puedo advertir es que esa dictadura que representa una anomalía en América Latina, una dictadura dinástica, familiar, totalitaria, no es sostenible y, afortunadamente, se están sumando hoy muchas voces, muchos países del continente americano, también de la Unión Europea, que señalan que debe haber una estrategia coordinada para apoyar a los nicaragüenses para salir de esa dictadura.
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