El Departamento de Justicia de Trump baraja investigar si Nixon fue injustamente investigado

Donald Trump está obsesionado con lo que considera maniobras políticas y judiciales para acabar con él y todos sus aliados desde hace una década. «Rusia, Rusia, Rusia» es la fórmula con la que el presidente descalifica como conspiración y fake por ejemplo todo lo relacionado con las sospechas de injerencia rusa en las elecciones de 2016 y con las investigaciones posteriores, que revelaron comportamientos irregulares de varios de sus principales asesores, alguno de ellos condenado. Para él, es todo un «engaño» (hoax) inventado por sus adversarios para deslegitimar su victoria y minar su presidencia. Igual que nunca ha admitido su derrota en 2020, nunca ha admitido nada problemático en su entorno, y por eso si algo ha caracterizado este segundo mandato han sido sus intentos para ‘compensar’. A través de continuas quejas, de perdones presidenciales para condenados e incluso con el intento de establecer un fondo dotado con miles de millones de dólares para retribuir a quienes se sintieran perseguidos y acosados por los demócratas, incluyendo potencialmente los asaltantes del Capitolio.

 Según The Wall Street Journal, un ex asesor del presidente que dimitió en 1974 está convenciendo a la administración actual de que el Watergate fue «lawfare»  

Donald Trump está obsesionado con lo que considera maniobras políticas y judiciales para acabar con él y todos sus aliados desde hace una década. «Rusia, Rusia, Rusia» es la fórmula con la que el presidente descalifica como conspiración y fake por ejemplo todo lo relacionado con las sospechas de injerencia rusa en las elecciones de 2016 y con las investigaciones posteriores, que revelaron comportamientos irregulares de varios de sus principales asesores, alguno de ellos condenado. Para él, es todo un «engaño» (hoax) inventado por sus adversarios para deslegitimar su victoria y minar su presidencia. Igual que nunca ha admitido su derrota en 2020, nunca ha admitido nada problemático en su entorno, y por eso si algo ha caracterizado este segundo mandato han sido sus intentos para ‘compensar’. A través de continuas quejas, de perdones presidenciales para condenados e incluso con el intento de establecer un fondo dotado con miles de millones de dólares para retribuir a quienes se sintieran perseguidos y acosados por los demócartas, incluyendo potencialmente los asaltantes del Capitolio.

Pero ahora, la administración baraja algo todavía más surrealista. Según The Wall Street Journal, el Departamento de Justicia está meditando abrir una investigación en profundidad para estudiar si el fiscal especial que investigó el allanamiento del Watergate, que acabó llevando a la dimisión de Richard Nixon, «cometió irregularidades». El diario explica por ejemplo que Geoff Shepard, un ex asesor de Nixon convertido en «historiador y revisionista del Watergate», dio recientemente una charla de dos horas en la sede del Departamento de Justicia, donde expuso su teoría de que el «Estado profundo» derrocó al republicano Nixon. «El título de su presentación de 78 diapositivas fue ‘Watergate como lawfare'», explica el Journal.

El momento no es casual. El periódico destaca cómo una parte del Partido Republicano ve «en el combativo expresidente, detestado por la prensa y asediado por investigaciones» un paralelismo más que evidente con Trump. Durante un discurso en la Biblioteca Presidencial Nixon en California, este verano, el vicepresidente JD Vance hizo precisamente esa comparación. La frase más célebre de esa intervención es aquella en la que Vance decía, muy probablemente con razón, que algo como lo del Watergate hoy sería visto como algo menor y de ninguna manera tumbaría a un presidente. Pero fue más allá.

«Creo que su legado histórico está experimentando un resurgimiento, y me parece merecido», dijo Vance sobre Nixon. «Como bromeé entre bastidores, si el escándalo Watergate ocurriera mañana, sería noticia de primera página. Es una locura pensar que pudiera haber derrocado a una presidencia (…) Y, por cierto, si analizamos cómo el poder oculto acabó con Richard Nixon, no es tan diferente de lo que los mismos grupos —las mismas instituciones— intentaron hacerle a Donald Trump durante su primer mandato. Existe un paralelismo», declaró.

No es sólo eso. La semana pasada, los aliados de Trump y Vance (entre ellos algún senador que suena en las quinielas como posible vicepresidente de Vance si éste opta a la presidencia) atacaron duramente en el Congreso a Jack Smith, el fiscal especial que investigó a Trump pero que tuvo que parar su trabajo y perdió el trabajo en el Departamento de Justicia cuando éste ganó de nuevo las elecciones.

El paralelismo es de nuevo claro. El Grupo de Investigación Especial del Watergate, estuvo dirigido al principio por el fiscal especial Archibald Cox, pero Leon Jaworski se hizo cargo de la investigación después de que Nixon ordenara el despido de Cox en lo que se conoce como Masacre del Sábado por la Noche. Cox, al conocer su existencia, exigió a Nixon las cintas de las conversaciones grabadas en el Despacho Oval. Nixon se negó invocando el privilegio ejecutivo y ofreció, en cambio, un resumen elaborado por sus propios asesores. Además, Nixon ordenó al fiscal general, Elliot Richardson, que despidiera a Cox. Richardson se negó y dimitió. Nixon dio la misma orden al número dos, William Ruckelshaus, que también se negó y fue cesado. Al final, el abogado general Robert Bork le hizo caso y cerró la oficina del fiscal especial. No sirvió de nada. La verdad se acabó conociendo y el presidente dimitió y fue perdonado por su sucesor para evitar juicios y condenas.

Las fuentes del periódico neoyorkino explican que el mes pasado, un alto funcionario del Departamento de Justicia invitó a Shepard a presentarse en la Oficina de Responsabilidad Profesional (OPR, por sus siglas en inglés), un organismo de control interno que investiga denuncias de mala conducta. Una oficina que nació precisamente a raíz del escándalo Watergate. Hace cuatro años, Justicia, con Joe Biden como presidente, rechazó la solicitud de investigación de Shepard, argumentando que habían transcurrido muchos años desde los hechos en cuestión para que ellos pudieran hacer nada. Pero «según fuentes cercanas al asunto, los funcionarios actuales querían escuchar su versión. La revisión es preliminar y no está claro si dará lugar a una investigación exhaustiva», dice el WSJ.

«Dada su experiencia y conocimiento sobre el caso Watergate, recientemente fue invitado a dar una presentación», ha reconocido una portavoz del Departamento de Justicia, «pero dicha presentación no constituye una investigación. La Oficina de Responsabilidad Profesional sigue centrada en garantizar que los abogados del Departamento cumplan con los más altos estándares profesionales».

 Internacional. Noticias internacionales. Última hora

De interes